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Martes, 18 de marzo de 2014

CINE › ALEJANDRA PERDOMO, DIRECTORA DE NACIDOS VIVOS

Otra búsqueda de la identidad

La cineasta se enteró de grande de que sus padres de crianza no eran los biológicos y descubrir que más personas estaban en una situación similar –que no tiene que ver con las apropiaciones durante la dictadura– la motivó a hacer este documental.

 Por Oscar Ranzani

Hace once años, Alejandra Perdomo leyó una nota en un diario nacional que mencionaba el tema de la búsqueda de identidad y brindaba el dato sobre la existencia de una oficina de Derechos Humanos que funciona en el Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires. Hacía mucho tiempo que Perdomo dudaba de que las personas que la habían criado fueran sus padres biológicos. Decidió ir a la oficina y habló con la directora, Mercedes Yáñez, y a partir de entonces, se abrió un expediente de búsqueda. “Me pidió una copia de la partida de nacimiento y, en ese momento, yo tenía 38 años y era la primera vez que tenía la partida de nacimiento en mis manos. Nunca antes la había necesitado o la había buscado”, cuenta Perdomo a Página/12. “Ahí tomé contacto con la primera mentira, porque toda la vida mis padres me dijeron que yo había nacido en el Hospital Fernández y en la partida de nacimiento está declarado un parto domiciliario en la casa de ellos”, explica. Al momento de la búsqueda, el hombre que la crió ya había fallecido, sólo quedaba la mujer, pero padecía demencia senil. Yáñez le dijo a Perdomo por qué no intentaba hablar directamente con ella para que le contara la verdad. “Y realmente no tuve corazón para enfrentarla ante una verdad que yo nunca había querido enfrentar. No lo hice”, admite la cineasta.

Ya con 49 años, Perdomo decidió realizar el documental Nacidos vivos, sobre el tema de las personas que desconocen su identidad en la Argentina porque fueron entregadas, vendidas o robadas cuando eran niños. Pero vale aclarar que este documental no se ocupa de los casos vinculados con la dictadura. “Puedo decir que mis padres de crianza fueron increíbles, realmente no tengo queja, pero tengo derecho a saber la verdad. Por eso nace la película: me di cuenta de que no estaba sola, que había muchos, que somos muchos. Entonces, como documentalista y como comunicadora, me parecía que ameritaba la temática para una película”, explica la directora de Rompiendo muros (2001), su anterior documental sobre la Radio La Colifata del Hospital Borda. No es su caso el eje de la película, sino el de un puñado de personas que han sufrido la sustitución de identidad y han sido criadas por personas que no eran sus padres biológicos. A algunas de ellas se las ve trabajando en su búsqueda de identidad y otras cuentan cómo han logrado conocer su origen. El film –que se estrena este jueves en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont–, también traza un panorama de la labor de Yáñez en la oficina de DD.HH. y funciona como un grito de advertencia sobre las falencias institucionales en torno de la necesidad de dar respuesta a miles de casos que, como el de Perdomo, existen en la Argentina. También cuenta con opiniones de una especialista prestigiosa, como Eva Giberti, que aclara un tema complejo como el de la sustitución de identidad.

–¿Qué elementos tuvo en cuenta para elegir a quienes testimonian en el documental contando sus casos?

–La columna vertebral de la película es el trabajo realizado en la oficina de Mercedes Yáñez. A partir de eso, se van abriendo las historias, porque todas las personas que salen en el documental pasaron por ese sitio. Y han realizado su búsqueda de distinta manera y de diferentes lugares. Por otro lado, cuando abrí una cuenta de Facebook para la película comencé a recibir pedidos de amistad de España. Entonces, se construyó como una red de personas que buscan, sitios de búsqueda, ONG y demás.

–¿Fue dificultoso para estas personas contar su experiencia frente a una cámara?

–Es difícil porque en ese momento transitan una gran emoción. A pesar de contar su historia muchas veces en el ámbito privado, una cámara es intimidatoria, pero se abrieron y se entregaron al documental con mayor fuerza y tranquilidad desde el momento en que conocieron que yo también soy sustituida. Todo el tiempo, ellos me decían: “Vos sabés de qué te hablo, vos sabés lo que se siente al no saber”. No era lo mismo que se pusiera enfrente un periodista u otro realizador o quien fuere. Me decían también: “Vos sabés lo que es no poder reconocerse en otro”.

–¿Qué grado de complejidad implica una búsqueda de identidad?

–Es complejo en tanto y en cuanto no haya datos ciertos. Por eso, Mercedes siempre hacía hincapié al decir: “Busquen a alguien que sepa, que dé la punta de un ovillo de dónde empezar a buscar”. Un dato cierto, una fecha cierta, una maternidad, un hospital, una partera... Se necesita algún dato para empezar el recorrido. Si no, es imposible.

–¿Dónde radican las mayores falencias para resolver un caso?

–La oficina de Derechos Humanos del Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires es la única en el país a la cual uno se puede dirigir para la búsqueda de identidad. Es la única oficina para ese tema en el país y solamente es inherente a la ciudad de Buenos Aires.

–¿O sea que si alguna persona del interior quiere iniciar una búsqueda no tiene a dónde ir?

–No tiene a dónde recurrir. Por eso, también el espíritu de la película es poder difundir esto. Tenemos un deseo enorme de que las oficinas como la que tiene Mercedes Yáñez y su actividad se puedan multiplicar. Sería realmente maravilloso que hubiera al menos una oficina en cada provincia. Ni siquiera estoy diciendo una por ciudad.

–¿Cómo observa la legislación argentina en torno de esta problemática?

–Hay muchas fallas en todo sentido. Esto no debería pasar. Es una problemática que va más allá de nuestra frontera. Hay muchas fallas en los controles. Si hubiera un banco de ADN, y en el momento del nacimiento se extrajera una gota de sangre de la madre y del niño, ni siquiera pasaría incluso algo que leemos en las notas sobre bebés que han sido cambiados. Hay muchas cosas que se podrían solucionar sacando muestras, creando bancos de ADN, y con controles. Por otro lado, está la complicidad social: en cada familia, en cada barrio, hay alguien que conoce a una persona que fue criada en el marco de la ilegalidad y, sin embargo, guarda silencio.

–El trabajo que realizaron los organismos de derechos humanos en torno de la recuperación de la identidad de los hijos de desaparecidos, ¿ayudó a instalar el tema en otro terreno, como el que usted muestra en la película?

–Lo que pasa es que va por otra vía. Afortunadamente, los hijos sustraídos durante la dictadura cuentan con un banco de ADN y con presupuesto gubernamental para poder resolver las búsquedas. Imagínese una oficina de Derechos Humanos como la que menciono, que tiene cuatro personas nada más para trabajar y tienen que meterse en los archivos de una ciudad. ¿Cómo se hace? No se puede avanzar nunca porque no hay presupuesto. Y a Mercedes Yáñez le faltan muy pocos años para jubilarse. Y está tratando de ver si puede formar a las chicas que están con ella y que tienen que trabajar con mucho compromiso para arribar a una búsqueda. Es un trabajo muy solitario, muy comprometido, muy apasionado, pero siempre hay que estar peleando por la falta de presupuesto. Y como no hay una visibilidad, un día la oficina podría cerrarse.

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El anterior documental de Perdomo fue Rompiendo muros, sobre la Radio La Colifata del Hospital Borda.
 
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