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Martes, 25 de marzo de 2014

CINE › PETER STRICKLAND HABLA DE BERBERIAN SOUND STUDIO, QUE SE ESTRENA ESTE JUEVES

La construcción de un terror subterráneo

El director inglés define su film, protagonizado por Toby Jones, como “un drama de observación”, que enfoca sobre las consecuencias del maltrato laboral sobre un ser hipersensible.

 Por Donald Barclay

El premio a la Mejor Película, obtenido en el Bafici 2013, no fue ni con mucho el único que Berberian Sound Studio logró desde el momento de su estreno internacional, producido en junio de 2012 en el Festival de Edimburgo. Elegida Película del Año por los críticos de su país, este thriller distanciado y oscuro, de clima como pegajoso, apareció en varias de las listas de las mejores del año, de las que al final de cada temporada confecciona la comunidad crítica internacional. Protagonizado por un amedrentado Toby Jones, el opus 2 de Peter Strickland (cuya previa Katalin Varga ya había llamado la atención en 2009) narra el modo en que un ingeniero de sonido recién llegado de Londres (Jones, que supo ser un memorable Truman Capote en Infame, 2006) va perdiendo contacto con la realidad en un estudio de sonido romano. Corre el año 1970, es la época de oro del giallo (variante sensacionalista italiana del terror, cuyo maestro es el inefable Dario Argento) y Mr. Gilderoy ha sido convocado para trabajar en un exponente del género.

Estreno porteño del jueves próximo, los críticos coincidieron en que con Berberian Sound Studio el nombre de Strickland salta al primer plano internacional. Nacido en 1973, el tema del sonido no es en absoluto ajeno a este realizador radicado en Europa del Este. El hombre tiene un grupo de “operadores de sonido”, llamado The Sonic Catering Band, con el que además de grabar álbumes se presenta en vivo. Se especializan, como su nombre lo indica, en producir sonidos bastante inquietantes con instrumentos de cocina, alimentos y hervores. Una especie de canal Gourmet para oír o asustarse (ver por ejemplo https://www.youtube.com/watch?v=iI9cjA0W86k), que en Berberian Sound Studio se manifiesta en más de una escena en las que los técnicos de sonido aplastan sandías para ponerles sonido a aplastamientos de cabezas. El giallo nunca fue fino...

–Berberian... no es en lo más mínimo un film de vampiros. Pero sí se lo puede considerar un film sobre la vampirización, ¿verdad?

–Gilderoy es un solterón tímido y sensible, que desde Roma llama por teléfono a su mamá para ver cómo está. Llega al estudio creyendo que va a sonorizar una película de equitación y se encuentra con que se trata en verdad de un film de terror, llamado The Equestrian Vortex [trad. literal: El vórtice ecuestre]. Se siente más y más ajeno al mundo que lo recibe (un mundo de directores mujeriegos, actrices sexies y productores temibles), y a partir de determinado momento empieza a percibir que lo que hasta entonces parecía “simple” maltrato profesional (para con él y los demás) tal vez se parezca más de lo deseado a la película que tiene que sonorizar. Di todo este rodeo para contestarle afirmativamente: creo que a lo que asistimos es a un proceso de vampirización del protagonista por parte del micromundo en el que se interna... o por parte de sus propias fantasías.

–¿Considera a Berberian... una película de terror?

–Para nada. Trata sobre el proceso de producción de un film de terror, pero no es un film de terror. Es un drama de observación, donde a lo que asistimos es a una situación de maltrato laboral y sus consecuencias sobre una persona demasiado sensible.

–En la película parecería coexistir la deconstrucción del terror (los gritos desafinados de las dobladoras, los asistentes partiendo hortalizas) con la construcción de un terror más subterráneo.

–Esa era exactamente la idea: mostrar la vulgaridad de la máquina, su prosaico carácter de trabajo cotidiano y al mismo tiempo la hipersensibilidad con que el protagonista va viviendo todo eso, y lo que circula por debajo.

–Aunque no se trate de una película de terror, es casi un estudio sobre las entrañas del giallo italiano de los ’60/’70.

–Por supuesto que vi todas las películas de Dario Argento y un montón de subproductos del género, coproducciones europeas y demás. Yo me formé cinematográficamente en una sala de cine de Londres, Scala Cinema, donde pasaban indistintamente lo más exquisito del arte cinematográfico junto al cine de explotación más desvergonzado: Tarkovsky y Russ Meyer, Fassbinder y John Waters, Bresson y Mario Bava.

–Tengo entendido que usted es, particularmente, un conocedor de las bandas de sonido del giallo.

–Creo que las bandas de sonido del giallo influyeron más que las películas mismas sobre la concepción de Berberian... Las bandas de Ennio Morricone, Riz Ortolani, el grupo The Goblins, que trabajaba con Dario Argento, así como otro montón de músicos, cuyos discos escucho regularmente y que no tienen nada que ver con el giallo. Algunos italianos, como el primer Franco Battiato o Luigi Nono, y otros que no. The Bohman Brothers, que son amigos, Jim O’Rourke, Cathy Beberian...

–Ah, ahí se ve de dónde viene el título de la película.

(Risas.)– Sí, sí.

–También en términos visuales la película remite al terror europeo de la época.

–Más al gótico italiano que al giallo, diría yo. El gótico saturaba los colores, usando sobre todo muchos rojos. En verdad, por más que la película no hubiera transcurrido en el medio de la producción de films de terror, yo hubiera usado la misma clave, porque estoy harto del abuso actual del “lavado” de colores y quería reaccionar contra ello. En términos generales, la idea era una fotografía de carácter naturalista, que transmitiera sin embargo una sensación de malestar.

–Sin embargo, no filmó en 35 mm, como en aquella época, sino en digital.

–Se trata de reproducir un cierto espíritu, no de ser tan purista al punto de calcar exactamente sus condiciones de producción. Actualmente se trabaja en digital, ésa es la realidad de la época, creo que es en esas condiciones en las que hay que trabajar.

–La película tiene niveles de oscuridad infrecuentes.

–Sí, pero en ese punto también hubo que apelar al realismo y medirnos un poco, porque los dispositivos actuales (me refiero a celulares y esas cosas) no permiten regular brillo y oscuridad del mismo modo que los de un televisor, por ejemplo. Entonces, aunque yo quería que la película fuera más oscura, tuvimos que frenarnos un poco, para que pudiera verse en celulares y tablets.

–Toby Jones está impresionante.

–Es más Gilderoy que el Gilderoy que yo había escrito. Comprendió enseguida que la clave expresiva del personaje era la quietud, la inmovilidad expresiva.

Traducción, selección e introducción: Horacio Bernades.

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Strickland saltó con esta película al primer plano internacional.
 
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