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Martes, 19 de febrero de 2008

CINE › FESTIVAL PUNTADOC

Escenas de la vida en América latina

La muestra que se desarrolla en Punta del Este reúne una selección de documentales, marcados por la diversidad de registros.

 Por Mariano Blejman

La competencia de documentales del XI Festival Internacional de Cine de Punta del Este tiene una selección de estrenos rioplatenses, sumada a una muestra de las mejores producciones latinoamericanas que están dando vuelta por el mercado mundial de festivales. Esta vez, curiosamente, Argentina no presenta material de alto contenido político, como venía siendo tradición en los últimos años. De este país, por ejemplo, hoy se verá una proyección del docu-drama Bye Bye Life del ex piloto y cineasta Enrique Piñeyro, producido por Verónica Cura. Se trata de un relato duro de los últimos días en la vida de la fotógrafa y escritora Gabriela Lifschitz, en su lucha contra el cáncer de mama. También será el estreno internacional de Caja cerrada, del debutante Martín Solá. El trabajo muestra la vida cotidiana de pescadores de diferentes países embarcados en la soledad de la noche.

El registro de Cine negro, de Mariana Wenger, es un esperado homenaje: cuenta con la actuación especial de Roberto Fontanarrosa, Antonio Gasalla, Alfredo Casero, Norma Pons, Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, entre otros; se trata de un tributo al humorista creador de Boogie El aceitoso e Inodoro Pereyra. Un retrato íntimo del artista que cosechó innumerables reconocimientos en los últimos meses de su vida, anticipa imágenes de la adaptación a dibujo animado de la historia del Martín Fierro. Familia Lugones, de Paula Hernández, tiene idea original de María Seoane y Víctor Santa María, y cuenta un anecdotario del famoso escritor Leopoldo Lugones, su hijo represor y su nieta guerrillera, desde la perspectiva de dos jóvenes que van al Tigre de vacaciones.

De Estrellas, de Federico León y Marcos Martínez, ya se escribieron chorros de tinta en la prensa argentina. Pero siempre es una buena oportunidad para acercarse al mundo cínico e irónico pergeñado por el carismático Julio Arrieta, organizador y puntero de actores no profesionales en una villa miseria porteña. Tampoco será sorpresa la muestra de Pulqui, un instante en la patria de la felicidad, de Alejandro Fernández Mouján, sobre la construcción de una maqueta encargada por el artista plástico Daniel Santoro del prototipo de un avión militar, que nunca terminó de realizarse.

Uruguay presenta también una nutrida selección de documentales: Al pie del árbol blanco, de Juan Alvarez, recrea la búsqueda del archivo fotográfico del diario El Popular, oculto durante más de tres décadas en un edificio luego del golpe de Estado uruguayo en los ’70. Los cincuenta mil negativos se conservan milagrosamente en los huecos de un garaje.

Dos Hitleres, de Ana Tipa, producido a través del programa DocTV, sigue a dos singulares pobladores del norte uruguayo, cuyo único punto de contacto es que sus progenitores les pusieran Hitler de nombre. Mientras que El otro camino, del uruguayo Gabriel Szollosy, muestra el trabajo de Rodolfo Mederos, quien indaga en los orígenes del tango de este lado del río. Y siguiendo con las alusiones al “tránsito” se verá también Un puente demasiado largo, de Alejandro y Matías Ventura, centrado en el conflicto de las papeleras, y las movilizaciones de Gualeguaychú, desde una perspectiva uruguaya, reflexiva y en la búsqueda de una solución profunda.

Uno de los nombres fundamentales del documentalismo brasileño es Eduardo Coutinho, quien mostrará en Punta del Este Juego de escena, con la producción de Joao Moreira Salles (a su vez hermano de Walter, director de Diarios de motocicleta). Juego de escena registra la respuesta a un aviso de prensa, donde unas 80 mujeres cuentan sus historias de vida. Es un trabajo en el que confluyen realidad y ficción. Mientras que Santiago, de Joao Moreira Salles, testimonia la historia del mayordomo de la casa familiar, con materiales que quedaron ocultos por más de una década.

Podría entenderse como una coincidencia de introspección y responsabilidad política la seguidilla de documentales sobre la guerrilla en diversos países, contada por sus propios militantes o por descendientes directos. La “representación” de Chile apunta definitivamente al contenido político. El documental Calle Santa Fe, coproducido por Francia y Bélgica, dirigido por Carmen Castillo, alude a un hecho ocurrido el 5 de octubre de 1974, cuando en esa calle de un suburbio de Santiago de Chile fue herida la ahora directora, y su compañero Miguel Henríquez, jefe del MIR, cayó en combate. Lo mismo sucede con El telón de azúcar, de la cubana-francesa Camila Guzmán Urzúa (film que ya se vio en el Bafici pasado, con la presencia de la directora). La hija cubana del documentalista chileno Patricio Guzmán vuelve a Cuba a registrar la vida de sus compañeros de la escuela primaria, y analiza adónde fueron a parar aquellos sueños revolucionarios que parecieron haber tenido su esplendor en los años ’80. ¡Alfaro vive, carajo!, de la ecuatoriana Isabel Dávalos, reconstruye, por su parte, lo ocurrido con el movimiento guerrillero ecuatoriano Alfaro Vive Carajo, que actuó con especial intensidad entre 1983 y 1988. Recuerdos personales, imágenes de archivo, sirven para armar una semblanza de sensaciones.

México irá más atrás en el tiempo de la agitación social: Pancho Villa: La revolución no ha terminado es una excusa de Francisco Taboada Tabone para retratar la historia del famoso líder revolucionario mexicano contada por algunos testigos de esa época, casi centenarios, y de paso conectarlo con sus vestigios en el presente. Por último, dos historias que también vinculan el pasado con el presente de manera asombrosa: Profesión Cinero, del paraguayo Hugo Gamarra, sigue en la intimidad a Tito Juan Vera, un “cinero” o proyectorista ambulante, que recorría el país llevando la pantalla grande a pequeños lugares. Mientras que Sueños lejanos, del uruguayo-peruano Alejandro Legaspi, propone ir a buscar a los protagonistas de un corto anterior llamado Encuentro de hombrecitos, donde entrevistaba a niños del Mercado de Frutas de Lima. Veinte años después la historia y sus sueños han cambiado rotundamente. Como la historia de este continente.

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Bye Bye Life, de Enrique Piñeyro, sobre Gabriela Lifschitz.
 
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