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Martes, 1 de julio de 2008

PLASTICA › EXPOSICIóN ANTOLóGICA DE JUAN JOSé CAMBRE EN LA SALA CRONOPIOS

Pintura, diseño y romanticismo

Pasado mañana se inaugura en el Centro Cultural Recoleta una antológica de pinturas de Cambre, en el marco de la publicación de un libro sobre su obra. De la expresión a la reflexión, en un recorrido que va de los años ochenta hasta el presente.

 Por Fabián Lebenglik

La exposición antológica de Juan José Cambre (Buenos Aires, 1948) se inaugurará el jueves 3, a las 19, en el Centro Recoleta; pero anteayer, domingo, cuando el pintor conversó con Páginai12, la exhibición ya estaba prácticamente montada. Si bien el artista hizo su primera exposición a mediados de los años setenta, aquí la selección se centra en las pinturas de los años ’90 y 2000, con una breve selección de obras de los ochenta: breve pero muy significativa, porque uno de esos cuadros da título a toda la exposición (Espectadores de la laguna) y otro (de pequeño formato) funciona como nexo entre las pinturas de los ochenta y las actuales.

En el itinerario que traza la obra anterior resulta notorio que su producción pictórica va de lo exterior a lo interior, de lo expresivo a lo reflexivo, de la acción a la elaboración. Es evidente el desarrollo hacia la interiorización y la introspección. Hay un camino de despojamiento –la excusa figurativa de las enramadas se disuelve de a poco en la abstracción–, hasta quedarse casi solamente con el color. Y aunque el monocromatismo puede pensarse como elemental, es lo más elaborado del artista. Cambre se concentra en el color y en una paleta reducida, aunque llena de matices. Su obra logra un equilibrio entre simpleza, profundidad y transparencia.

Cada cuadro (y especialmente los paneles enfrentados: las enramadas en la punta de la gran sala Cronopios y los 45 verdes en la pared opuesta) forma parte de una serie mayor que lo incluye y al mismo tiempo le da independencia en cuanto a su materialidad, variaciones, matices.

–¿Qué idea llegó primero: la de la exposición o la del libro?

–El libro llegó primero y en cierto modo la exposición es un complemento del libro, que se presentará a fines de julio. Hace cuatro o cinco años que quería hacer un libro. Y con la galería Vasari, que está haciendo una serie de libros sobre sus artistas, tuvimos esta coincidencia. Por otra parte, la idea inicial de la muestra era presentar el panel del fondo, algo que había pensado hace tiempo y que toma como punto de partida unas composiciones de mármoles que estuve fotografiando. Allí se veía el encuentro de las distintas vetas y en este panel quería lograr lo mismo, pero con motivos arbóreos. Me gusta que haya una relación con el modelo y también entre lo figurativo y abstracto. Después vi que podía hacer dos paneles, uno “romántico” y otro “radical”.

–La muestra se enfoca en el color y, al mismo tiempo, tiene un repertorio limitado, con pocos elementos.

–Es eso que se ve tan claramente en el cine de Fellini, donde hay siempre las mismas cosas, aunque todo es muy diferente y muy rico. Es como un panorama de ideas fijas o fijaciones. Esta actitud, de dejar fijo el motivo, me resultó útil para como orientación.

–Que la exposición sea complementaria de un libro, junto con muchos detalles de la estructura expositiva, la relaciona directamente con el diseño.

–Yo relaciono toda mi obra con el diseño. Soy arquitecto. Desde que empecé a exponer me interesó el tema de la disposición. Durante la época en que Adriana Rosenberg tenía la galería y yo exponía con ella, también colaboré en casi todas las colgadas. Las muestras siempre las hice en función de la distribución en el lugar. Elegí los formatos en función de la galería o el lugar donde exponía. Ahora, en la galería Vasari, intervenir en las colgadas presenta un punto de satisfacción que es exactamente el mismo que el de la decisión de un color. Y en esta muestra antológica, junto con Inés Katzenstein, también le pedí a Alejandro Ros (el diseñador del libro) que se ocupara de la curaduría de la exposición. Yo congenio con su manera de ver el diseño.

–Hay teóricos que afirman que el paradigma del diseño es una mala influencia para la pintura, porque busca hacer visibles y eficientes ciertos elementos, porque introduce el marketing no sólo como horizonte sino como algo intrínseco a la pintura, como si el mercado formara parte de la composición del cuadro, forzando a la pintura a ser lo que no es.

–Yo estoy trabajando para limar la situación entre diseño y pintura. Entiendo esa diferencia, pero no la vivo. Me parece que la respiración artística aparece de distintas maneras. Para mí eso no es un problema, o en todo caso me siento liberado de ese problema.

–¿Por qué hay tan poco obra de los años ochenta en la muestra?

–Me resultaba difícil... hicimos una poda de esa pintura: traje muchos cuadros de esa época, pero sabía que no los iba a colgar todos.

–El título Espectadores de la laguna es completamente romántico.

–Es por un cuadro que pinté en 1984 y está al final, despidiendo la muestra. El tema de la laguna es romántico, sí. Pero aquí surge paradójicamente. A mí en esa época me molestaba, cuando estaba pintando en el taller, no poder sacarme al espectador de la cabeza, al espectador posterior de ese cuadro, y entonces me preguntaba “¿gustará la obra?” “¿Puedo dejar esto así?” Esa laguna es una laguna mental... Y para volver a lo romántico, en esta muestra estoy buscando una luz “zonal”, más que una puntual: quiero trabajar con la idea de penumbra. No me gusta esa luz tan directa y enfocada con que se suele iluminar los cuadros, prefiero algo más sugerente... vamos a ver si sale.

–¿Cómo aparece en tu trabajo la fijación del motivo?

–Es un trabajo muy largo. Primero parto de fotos que yo tomo. Tengo generalmente a mano la cámara. Después proceso las imágenes de esa cámara y viene el trabajo en cadena, porque simultáneamente sigo sacando fotos y se forma un encadenamiento. La decisión del color llega más arbitrariamente que la del motivo: pero también está en funcionamiento permanente.

–¿Cómo pensás lo romántico en tu pintura?

–A mí me parece que el trabajo artístico es romántico siempre. Creo en la idealización del objeto artístico como alternativa de pensamiento, de vida... pero no se puede definir claramente. Lo romántico es aquello que propone una situación diversa a aquella con la que uno llega. Como si el encuentro con ese objeto transformara a la persona. Es una idealización total, es un “como si...”, es como el cálculo auxiliar de la matemática, que te ayuda a resolver algo pero que luego se quita y el problema queda resuelto. Creo que un relato romántico como El gato Murr, de Hoffmann, explica un poco esto. El gato de Hoffmann lee y escribe y cuenta algo sobre unos papeles que encuentra de su dueño. Esos papeles son sobre un músico, el Kapelmeister Johannes Kreisler. Y el gato garabatea sus cosas en las mismas páginas, de modo que se mezclan los fragmentos del maestro de capilla con los del gato. Estas “interrupciones” son notablemente modernas a esa altura del siglo XIX. Allí hay un gran aprovechamiento de la relación entre estructura y diseño. Porque cada vez que uno se entusiasma con la historia del músico, irrumpe el gato con sus historias. El arte siempre se infiltra, se cuela, emerge como una iluminación.

–¿Cuándo se presenta el libro?

–El libro se presenta el viernes 24 de julio, a las 19, en el microcine del Centro Recoleta. Estarán la directora teatral y performer Vivi Tellas (como moderadora), el historiador del arte Roberto Amigo, el poeta Arturo Carrera y el crítico Renato Rita.

* La exposición antológica de Juan José Cambre Espectadores de la laguna se inaugura el jueves 3 a las 19, en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta –Junín 1930– y sigue hasta el 3 de agosto.

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Uno de los cuencos de Cambre. La forma como pretexto para el color.
 
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