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Martes, 18 de noviembre de 2014

PLASTICA › ABSTRACCIóN GEOMéTRICA ARGENTINA CONTEMPORáNEA EN EL MAMBA

Ensoñaciones pictóricas

Con el lúdico pretexto de dialogar con dos pequeñas y bellísimas obras de la vanguardista francesa Sonia Delaunay (1885-1979), el Museo de Arte Moderno porteño muestra un panorama del abstraccionismo geométrico de hoy.

 Por Jimena Ferreiro *

Esta exposición tiene como invitada estelar a Sonia Delaunay (Gradzihsk, Ucrania, 1885 - París, 1979), quien usualmente ha sido exhibida junto a sus compañeros modernos.

Esta vez nos propusimos desmarcarla del relato habitual –aquel que la confina a ser la única mujer en un mundo europeo, moderno y profundamente masculino– para ensayar una nueva historia contada en tiempo presente a partir de las piezas pertenecientes a la Colección del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: la obra de Sonia Delaunay funciona como un imán y como fuerza centrípeta a la vez, capaz de reunir una constelación de obras modernas y contemporáneas que ponen en escena una vastísima y rica tradición local.

Sonia Delaunay imaginó otros destinos para la pintura que hacían de ella una experiencia total. Sus obras abstractas saltaron del caballete, excediendo las medidas estándares de la época y se alojaron en tramas textiles, en vidrieras, en escenografías para teatro y cine, en diseños de moda y en una extensa familia de objetos ornamentales como tapices, mayólicas, cerámicas y otras técnicas aplicadas que buscaban hacer del mundo un lugar más agradable.

La pintura se convierte en soporte de narraciones que la fuerzan a estar en el mundo y permiten que el mundo se haga presente en ella. “Una abstracción desobediente”, tomando prestado el concepto de Magdalena Jitrik, que apela al artificio y a la teatralidad porque ya no necesita ocultar los hilos invisibles que la movilizan.

El teatro de la pintura pone en el centro de la escena a la pintura, sus modos de ser y sus usos: la pintura como forma pura, la pintura en busca del movimiento y de una nueva espacialidad, la pintura como entorno para la vida burguesa, la pintura como puesta en escena, la pintura como performance, y la pintura y el género. También la pintura como utopía y manifiesto social, y la pintura como aparato crítico que desnaturaliza los dispositivos de exhibición formateados por la historia del arte.

El teatro resulta entonces una imagen productiva a la que recurrimos para dar cuenta del desplazamiento de la pintura contemporánea de su centro hacia otras prácticas del hacer como la performance, las artes aplicadas, el diseño y las artes escénicas.

Porque la pintura está en todos lados y así también lo veía Sonia, aplicando sus formas a soportes y superficies múltiples, aun bajo el riesgo de que aquellos objetos perdiesen el valor de lo artístico y se convirtiesen en ornamento. El debate entre artes mayores y menores, entre arte puro y aplicado, sobrevoló la vida artística de Sonia y tuvo un correlato similar en el campo del arte local durante los ’90. Al respecto, Cristina Schiavi menciona con frecuencia que el ornamento acompaña al hombre desde siempre: ¿por qué razón, entonces, ha sido interpretado como algo superficial y accesorio cuando, más que un componente aditivo, el ornamento es el entorno mismo del hombre? En 1989, Sergio Avello lanzaba una gran provocación, poniendo como título para su exposición en la galería Adriana Rosenberg Pintura argentina decorativa. En un contexto aún dominado por la pintura de base expresiva y matérica, Avello apostaba nuevamente por la geometría, las superficies lisas, brillantes y seductoras, imaginando un entorno más cercano para la pintura que imponía una relectura del arte abstracto en clave festiva y décontracté. Factura esmerada y pobre, afirmaba, pero esmerada al fin. La ornamentación como environment para la vida.

Jorge Gumier Maier y Cristina Schiavi produjeron obras desde los años ’90, tensando la relación con la historia canónica de la abstracción local; un vínculo que ha sido señalado reiteradamente en relación con el movimiento de arte concreto de la década del ’40, que podría ampliarse a otras herencias de la tradición no figurativa menos ortodoxa, como Juan Del Prete y Yente, quienes también son parte de la exhibición. La utopía modernista de un arte de formas simples integrado a la vida cotidiana atraviesa sus obras. Sin embargo, más allá de los linajes artísticos, estos artistas desafían la abstracción canónica, postulando la idea del ornamento en oposición a la forma pura. Si es ornamental, no es abstracto, y por su condición de ser aplicado participa de un programa decorativo que involucra estos elementos en un sistema de objetos más allá de las coordenadas del arte.

Graciela Hasper ha devorado la tradición de la pintura geométrica. En sus telas cita a pintores de tradición moderna, europeos, norteamericanos y latinoamericanos, se apropia de sus formas y las reactiva por medio del color cuyo uso se vuelve más libre, abierto y desprejuiciado como es el caso de la pintura tributaria de Sonia Delaunay incluida en la exposición. Pero en lugar de una paleta dogmática organizada a partir de colores primarios, en sus obras descubrimos un universo de tonalidades “pastel” como rosas, celestes, turquesas y lilas, que vibran en simultáneo al ritmo de su pulso.

Tulio de Sagastizábal participa de esta exposición en su doble condición de artista y maestro de artistas. Al igual que Hasper, en su obra el rigor se vuelve experiencia. Sus pinturas despliegan el gesto que registra el acontecimiento. Nada ocurre dos veces, dice De Sagastizábal a través de la serie de pinturas realizadas en 2003: una especie de madeja de rulos ensimismados, en apariencia abstracta, que deviene memoria del acto mismo de pintar. Las voces modernas se mezclan en sus telas, pero su discurso se vuelve más caprichoso e irreverente porque, aun en su condición tributaria, la pintura contemporánea no tiene otra opción que herir de muerte a la tradición, incorporando la anécdota y el dato autobiográfico. (En el Mamba, San Juan 350, hasta el 22 de febrero).

* Curadora de la muestra. Coordinadora del Departamento de Curaduría del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Fragmento editado del texto que se publicará en el catálogo de la exhibición.

22 artistas participantes

La lista incluye a Sergio Avello (Mar del Plata, 1961 - Buenos Aires, 2010); Chiachio & Giannone (Buenos Aires, 1969 y Córdoba, 1964, respectivamente); Flavia Da Rin (Buenos Aires, 1978); Juan Del Prete (Vasto, Italia, 1897 - Buenos Aires, 1987); Marcolina Dipierro (Chivilcoy, 1978); Jorge Gumier Maier (Buenos Aires, 1953); Silvia Gurfein (Buenos Aires, 1959); Graciela Hasper (Buenos Aires, 1966); Magdalena Jitrik (Buenos Aires, 1966); Fabio Kacero (Buenos Aires, 1961); Fernanda Laguna (Buenos Aires, 1972); Alfredo Londaibere (Buenos Aires, 1955); Adriana Minolitti (Buenos Aires, 1980); Guillermina Mongan (La Plata, 1979); Inés Raiteri (Mar del Plata, 1963); Tulio de Sagastizábal (Posadas, 1948); Mariela Scafati (Olivos, 1973); Cristina Schiavi (Buenos Aires, 1954); Leila Tschopp (Buenos Aires, 1978); Paola Vega (Bahía Blanca, 1978); Yente-Eugenia Crenovich (Buenos Aires, 1905-1990).

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