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Martes, 20 de octubre de 2015

PLASTICA › CINCO COLECCIONES PúBLICAS EN LA CASA DEL BICENTENARIO

Imaginarios presentes y próximos

La muestra permite acercarse a obras poco frecuentadas de las colecciones nacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Fondo Nacional de las Artes, el Museo de la Untref, el Museo Franklin Rawson de San Juan y el Palais de Glace.

 Por Marina Aguerre y Talía Bermejo *

Imaginarios presentes : imaginarios futuros recorre cinco colecciones públicas surgidas en diferentes momentos históricos. Se propone como un ejercicio de la mirada, un desafío interpretativo que nos permite construir nuevos relatos sobre nuestro patrimonio artístico. Desde un barrido cronológico amplio y de la consideración de recursos y medios expresivos variados, esta muestra plantea la puesta en diálogo entre las colecciones. De allí, surgen temáticas que atraviesan períodos, espacios y condiciones de producción; un entramado de sentidos se desliza a través de la heterogeneidad de propuestas realizadas por artistas que intervienen en narrativas históricas o contemporáneas.

Este peculiar relato atraviesa seis núcleos temáticos descriptos más adelante.

A su vez, el planteo de la exhibición invita a descubrir intersticios y establecer puentes entre estos ejes, ya sea a partir de la asociación de aspectos formales o por la identificación de determinadas aristas que permiten entrelazar discursos comunes. De tal manera, la selección realizada sobre colecciones formadas con objetivos y perfiles diversos brinda una nueva oportunidad de establecer nexos y proponer nuevos horizontes de visibilidad para las obras de nuestro patrimonio. Asimismo, sugiere la posibilidad de continuar indagando sobre los imaginarios visuales que, desde un determinado presente, revisan el pasado y conjeturan posibles futuros. Los núcleos son los siguientes:

Ciclos vitales. Los ciclos discurren desde la informalidad de los materiales a la madurez de la forma; la explosión aparece como principio en las superficies de Prior, la forma estalla en color y textura, deviene energía vital. Desde otra mirada, la indefinición de las formas se asocian a lo orgánico y a lo onírico marcando el pulso vital. A su vez, lo que está en germen, las semillas, la flor germinada o ciertas reminiscencias al nido en Madanes nos llevan al comienzo de la vida. Todo lo que aparece en estado embrionario, en carácter de proyecto, se reconfigura a través del tiempo. Es el corazón de Chedufau y la degradación de los materiales; la repetición y la sugestión del tiempo en Zambón y Iommi. El recorrido parece finalizar para renovarse una y otra vez en la obra de Porter con aquello que se arrastra y termina como referente del tiempo que transcurre entre la vida y la muerte; tensiones que están ligadas a una idea de devenir.

Vínculos. Las vías del intercambio social hallan en los diferentes soportes contrapuntos formales que refuerzan concepciones tradicionales en torno a los vínculos o bien proponen otras modos de relación. La solidez y la contundencia en las composiciones de figuras que representan la familia nuclear, según Rawson y Badii, ceden el lugar a otro tipo de lazos habilitando historias de amor o fugaces encuentros eróticos.

Las redes se amplían en abigarradas escenas de personajes que parecen sugerir un inquietante anonimato. En un plano más actual, también se presentan los canales virtuales de comunicación e intercambio con sus códigos específicos. Así, desde las representaciones de una temprana tradición plástica a las esculturas, fotografías y dibujos contemporáneos, las obras de este núcleo dan cuenta de las tramas que organizan el tejido de lo social.

La palabra. Los grafismos irrumpen en el espacio plástico e invaden el plano. Las letras de molde, vehículos privilegiados para la transmisión de ideas y realidades, intervienen nuestro horizonte cotidiano de imágenes. No obstante, trascienden las circunstancias temporales y permiten pensar un diálogo anacrónico entre las narrativas de fines del siglo XIX y las vanguardias del XX. La palabra también es utilizada para componer espacios y volúmenes. La repetición y la yuxtaposición de letras pueden transformarse en trama densa e ininteligible, o convertirse en el bajo continuo necesario para subrayar la noción de autorretrato. Imagen y palabra interactúan para construir la propia biografía, manifestar, reunir y convocar presencias ausentes. De esta manera, la palabra fluye o se quiebra en el universo de la correspondencia, habilita canales íntimos o suspende la comunicación, interrumpe o reanuda el diálogo.

Infancias. Este núcleo reúne imágenes pensadas como recortes, temporalidades distintas de una misma época vital. Se trata de obras que reflexionan acerca de vivencias y quiebran estereotipos, se alargan las distancias con lo esperado; remiten a imaginarios atravesados por diferentes realidades. Ciertas representaciones, como las de Centurión o Altkorn, por ejemplo, ponen en juego la libertad cercenada por las convenciones, la pose, la puesta en escena que domina el adulto y determina la imagen del niño proyectada en el retrato pictórico o en la fotografía; imágenes que perduran en el tiempo y trascienden el espacio de lo privado o doméstico. El deseo de evocar y preservar las propias infancias y también las de otros, en calidad de patrimonio a la vez íntimo y público, aparece a través de la recolección de fotografías y los objetos intervenidos; objetos que atraviesan las infancias y devienen en referencias más o menos literales al universo de los juegos y los cuentos, las historias muchas veces contadas, leídas, actuadas.

Rituales. Este eje reúne obras evocativas de costumbres y ceremonias que de un modo u otro organizan la vida individual y colectiva. La alternancia del ámbito de lo público y lo privado, de las prácticas de devoción y las necesidades sociales se vuelca aquí en un abanico de materialidades y planteos estéticos. Por un lado, los metales se perforan para señalar las puertas de un templo; por otro, se impone la figuración para representar arraigadas creencias regionales como la Difunta Correa o sincretismos contemporáneos como los ekekos. Asimismo, aparecen los rituales sociales y la mística del líder en propuestas que piensan la circulación de las imágenes y su consumo. Ideas relativas a la muerte y a la temporalidad invaden la denuncia corporeizada en los huesos encadenados de Ferrari; los mismos elementos que confeccionan un sutil bordado en la obra de Diringer. De esta manera, creencias, hábitos, ritos y cultos de distinto signo conviven en el cruce del tiempo e imponen renovadas prácticas de reflexión.

Espacios. Los imaginarios se construyen desde los entornos ciudadanos o desde representaciones del campo como paisajes inventados, recordados, o bien como el lugar de lo utópico e incontaminado, irreductible al poder de la ciudad. El imaginario urbano se desliza a través de algunos de sus protagonistas: en el espacio doméstico y resguardado del barrio o en el distanciamiento de las calles céntricas donde el muro, a través del graffiti y los carteles, es el que comunica y transmite los mensajes de voces anónimas. Los pasajes, los tránsitos y el viaje son temas destacados en este núcleo y con ellos las transformaciones que trae la velocidad en la percepción del tiempo y del entorno. A su vez, aparecen las ruinas, la ruptura o los quiebres en el espacio cultural y en la naturaleza. Entre la ciudad, los suburbios y el campo se evocan escenarios que, lejos de cerrarse sobre sí mismos, tienden a conectar espacios; o bien, por contraste, marcan la distancia irrevocable entre unos y otros. Estas propuestas establecen ciertos modos de transición y apuntan una mirada reflexiva sobre las vivencias y los deseos proyectados en cada hábitat. La ciudad es nombrada en su capacidad de metamorfosis constante, el trabajo del hombre, sus proyecciones y apuestas a futuro.

Algunas de las más de noventa obras exhibas son de Roberto Aizemberg, Amadeo Azar, Elba Bairon, Fabiana Barreda, Antonio Berni, Viviana Blanco, Federico Brook, Alberto Bruzzone, Fray Guillermo Butler, Pablo Cabado, Aída Carballo, Silvia Carbone, Isabel Chedufau, Chiachio & Giannone, Dina Cusnir, Miguel Dávila, Tulio de Sagastizábal, Facundo de Zuviría, Juan del Prete, Julio Dolz, Hernán Dompé, Diana Dowek, Estanislao Florido, Ramón Gómez Cornet, Néstor Goyanes, Sarah Grilo, Claudio Grynberg, Patricia Hakim, Annemarie Heinrich, María Juana Heras Velasco, Raúl Herecia, Enio Iommi, Alejandro Kuropatwa, Fernando Lamarke, Pablo Lehmann, Edgardo Madanes, Roberto Matta, Marcelo Mayorga, Fernando Maza, Adriana Miranda, Eliana Molinelli, Beatriz Moreiro, Luis Felipe Noé, Ana Dolores Noya, Miguel Ocampo, Omar Panosetti, Narina Papadopoulos, Emilio Pettoruti, Lidy Prati, Agustín Rodrigo, Susana Rodríguez y Eduardo Stupía. (En la Casa del Bicentenario, Riobamba 985, hasta marzo de 2016.)

* Marina Aguerre (IIAC, Untref) y Talía Bermejo (Conicet-IIAC, Untref) son las curadoras de la muestra con el apoyo de un equipo integrado por estudiantes avanzados de la Maestría en Curaduría en Artes Visuales de la Untref. El proyecto fue dirigido por Diana B. Wechsler, directora de la Maestría de la Untref, y Liliana Piñeiro, directora ejecutiva de la Casa Nacional del Bicentenario.

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Barrer, arena coloreada y figura, una pieza de Liliana Porter.
 
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