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Martes, 15 de enero de 2008

PLASTICA › EL LIBRO SOBRE TOMAS MALDONADO Y LA ESCUELA DE DISEÑO DE ULM

El diseño y la integración cultural

Junto con las muestras sobre Maldonado y la Escuela de Ulm en Bellas Artes se publicó un libro que también analiza la importancia de esa escuela que funcionó entre 1953 y 1968.

 Por Gui Bonsiepe *

Considerando el proyecto de la modernidad desde una perspectiva global y no solamente desde la óptica del reducido número de los países industriales, puede afirmarse que, en realidad, la modernidad, entendida como el compromiso con el proyecto de volver al planeta un poco más habitable, está comenzando o puede comenzar recién ahora.

Dicho tópico de volver más habitable el mundo fue el núcleo programático de la Escuela de Diseño de Ulm, en cuyo delineamiento y realización de objetivos Tomás Maldonado tuvo un rol decisivo. Ahora, aquí debe examinarse un fenómeno que aún no ha sido objeto de reflexión en el marco del debate sobre la Escuela de Ulm. Entre los logros de esta institución, el discurso público destaca ante todo tres resultados. Por un lado se la relaciona con una serie de productos (como las radios de la empresa Braun de los años ’50 y ’‘60) e identidades visuales (por ejemplo, los Juegos Olímpicos de 1972) que, con el correr del tiempo, cobraron un carácter paradigmático. Además, es su mérito haber precisado el perfil profesional del diseño industrial y de la comunicación visual, incluida la concepción de un programa de estudios para estas profesiones acorde con la época. Finalmente conquistó una importante posición en base a sus aportes teóricos al discurso proyectual. Más allá de estos aportes existe, sin embargo, otra dimensión que es la del laboratorio de intelectuales; la irradiación cultural de la Escuela de Ulm que –como ya se mencionó– hasta el momento no ha sido tomada en cuenta debidamente.

La lista de las personas que enseñaron o dieron conferencias en Ulm se lee como un Quién es quién de la ciencia y del arte de la segunda mitad de los años ’50 hasta el final de esta escuela, en el año 1968. Muchos de ellos, sobre todo los más jóvenes, se encontraban –en el momento de ser invitados a Ulm– en el comienzo de su carrera y adquirieron posteriormente reconocimiento y reputación, dado que tuvieron un papel importante no sólo en la vida cultural de la República Federal de Alemania sino también en sus países de origen. Esto se debe en gran medida a Tomás Maldonado, quien se esforzó incansablemente por traer a Ulm a representantes de la vanguardia científica y artística.

A modo de ejemplo puede tomarse la correspondencia con el escritor Arno Schmidt, a quien se le ofreció, con el visto bueno de Max Bense y Tomás Maldonado, enseñar como docente en el Departamento de Información. Dicho ofrecimiento no tuvo respuesta favorable. Arno Schmidt es conocido como un escritor sumamente difícil de traducir por los ejercicios de acrobacia lingüística a los que somete al idioma alemán. Exige al idioma alemán hasta el límite de la comprensión, lo tuerce en todas las direcciones y produce de esta manera innovaciones lingüísticas, constituyendo un verdadero desafío para la fantasía lingüística del traductor encontrar equivalentes en otros idiomas. (...)

Si –además de ser expresamente antifascista y antimilitarista– el programa de la escuela no hubiera ejercido atracción, cientos de invitados no hubieran aceptado emprender el viaje a esta pequeña ciudad provinciana de Suabia, a fin de dictar cursos como profesores invitados y de dar conferencias en el marco de los así llamados “Seminarios de los miércoles”. Originariamente, éstos habían figurado en el plan de estudios bajo el término “Integración Cultural”, un concepto poco comprensible inicialmente, concebido por los norteamericanos y utilizado en el marco del programa de reeducación de la población alemana durante los primeros años de posguerra. Maldonado amplió el término de modo que implicara un alegato a favor de un renovado concepto de cultura y anticipó lo que en los años ’60 se calificó como interdisciplinariedad. Los invitados percibían evidentemente algo del ímpetu y del clima, inusual en la Alemania de aquel momento, de apertura y experimentación intelectual, de un potencial que hubiera podido ser el punto de partida de una renovación de las estructuras universitarias. La fragmentación del concepto de cultura en la ciencia, la técnica y el arte debía ser contrarrestada mediante la inclusión de la especialidad de la práctica proyectual. Al menos ésta era la intención: disolver o, mejor aún, romper de manera osmótica los estrechos y opresores límites de la tradicional, especialmente alemana, concepción de cultura. Semejante pretensión puede sonar presuntuosa y, si se echa un vistazo a la historia de la institución y sus consecuencias, no se puede dejar de admitir que este experimento se quedó a mitad de camino, a pesar de su resonancia internacional. Los conservadores sabelotodo prefieren, con una actitud de fuerte autocomplacencia y egolatría, interpretarlo como un fracaso. Otra lectura podría calificar al experimento de la Escuela de Ulm como prematuro. Transgredía demasiadas modalidades de control establecidas. La escuela fue la encarnación del anti-statu quo. Esto no genera solamente amigos sino también opositores, tanto en el campo político como en el campo cultural.

A fin de apoyar la afirmación acerca del carácter excepcional de la Escuela de Ulm como institución cultural con contenidos y estructuras nuevas, se enumera a continuación una pequeña lista representativa pero incompleta de personalidades que aceptaron la invitación de la escuela y que se desempeñaron allí como docentes o conferencistas. Entre los escritores, científicos literarios, científicos sociales, historiadores, psicólogos, ingenieros, directores de cine, filósofos, matemáticos, publicistas, diseñadores y arquitectos, se encuentran: Hans Magnus Enzensberger, Martin Walser, Kate Hamburger, Walter Jens, Lucius Burckhardt, Ralf Dahrendorf, Helge Pross, Theo Pirker, Nicolaus Sombart, Reyner Banham, Gillo Dorfles, Josef Rykwert, Alexander Mitscherlich, Harry O. Bahrick, Percy H. Tannenbaum, Alexander Kluge, Edgar Reitz, Jerzy Bossak, Bruce Archer, Rodolfo Bonetto, Wladimiro Acosta, Richard Buckminster Fuller, Charles Eames, Anthony Froshaug, Karl Gerstner, Josef Müller-Brockmann, Victor Papanek, Norbert Wiener, Horst Rittel, Abraham Moles, Max Bense, Maurizio Kagel, Joachim Kaiser y Josef Albers. (...)

Las tecnologías de información y comunicación indujeron en los últimos años una desbordante cantidad de publicaciones sobre los llamados nuevos medios. Sobre todo las ciencias humanísticas que, constitutivamente atrasadas en relación con el desarrollo técnico, se inquietaron y se vieron obligadas a ocuparse de las innovaciones tecnológicas. Sin embargo, a menudo han sido y son tentadas de compensar el atraso empírico o la distancia con el empirismo por medio de una especulación ilimitada, lo que, como se sabe, no lleva a nada. Las reflexiones de Maldonado acerca del hablar, escribir y leer se diferencian de esta tendencia y examinan la solidez de las declaraciones programáticas que celebran la literatura de hipertexto como una supuesta nueva forma de escritura (y lectura).

En una autocaracterización, Maldonado se calificó una vez como estudioso de la cultura técnica. Por lo tanto no debe sorprender el hecho de que él observa con atención los desarrollos técnicos recurriendo a la reflexión crítica, sin incurrir en un optimismo técnico ingenuo. Las relaciones entre técnica y sociedad son más complejas de lo que admite la comprensión exclusivamente apegada a lo técnico.

Para cerrar, remitimos a un ensayo donde Maldonado aborda las relaciones entre “saber y poder, entre contemplación y acción, entre teoría y práctica, entre utopía y realidad”, y pregunta qué es lo que vincula al heterogéneo grupo de intelectuales que intervinieron en la historia de diferentes maneras. “¿Qué es lo que tienen en común los cínicos, herejes, místicos, gnósticos, cismáticos, milenaristas, protestantes, melancólicos, utópicos, iluminados, anarquistas, socialistas?” La respuesta concisa fue: “Lo que tienen en común es su heterodoxia”. Y continúa: “Por heterodoxos se debe entender todos aquellos que, en un modo o en otro, actúan en contraposición a los dogmas, a los cuerpos doctrinales, a los modelos de comportamiento, a los ordenamientos simbólicos, y también a los asertos de poder existentes...”. Esta inclinación a la disidencia no los hace más simpáticos a los ojos de los usufructuarios del statu quo, ya que, al fin y al cabo, el intelectual cuestiona la legitimidad del poder. Esta postura caracteriza una faceta de la conducta de Maldonado. Puede afirmarse que él no representa a ninguna ortodoxia. Se reserva el derecho al disenso, al pensamiento diferente que está, como es sabido, permanentemente amenazado. Maldonado abre nuevas perspectivas sobre las relaciones entrelazadas entre cultura, sociedad y técnica. Socava supuestas seguridades, se adelanta al cinismo, descubre contradicciones y da una clara negativa a todos los intentos de desdeñar la razón.

* Fue profesor de la Escuela de Ulm. Fragmento del texto incluido en el libro Tomás Maldonado: un itinerario, ediciones Skira, publicado por el MNBA en el marco las exposiciones, que siguen hasta el 10 de febrero.

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Tocadiscos y radio compacto, diseñado por la Escuela de Ulm en 1956.
 
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