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Lunes, 24 de septiembre de 2012

LITERATURA

Las paradojas del arte

¿Por qué en el cuento “El día de San Juan”, incluido en Mariana constrictor, hay una crítica feroz a ciertos tics del mundo del arte?

–Ese cuento parte de una experiencia real de cuando fui al Palacio de Iturbide a ver una exposición sobre arte mexicano. La exposición era gratuita, de manera que entraba cualquier persona. Los policías o guardias vigilaban que no te acercaras demasiado a las obras; eran verdaderos perros guardianes. Yo pensaba: estos hombres que cuidan con tanto celo las obras, ¿las apreciarán? A lo largo de ese relato está el sentimiento encontrado del cuidador de obras de arte que debe defenderlas porque es su trabajo, pero a ciencia cierta no sabe en qué consiste su valor. Son personas sencillas que trabajan muchas horas diarias y un día se ven empujados a cuidar unas manchas que para ellos no poseen ningún significado. Hay algo absurdo, arbitrario, en esta situación. Es un cuento que en lo personal me causa bastante ternura.

–Pero también le permite, a través de la mirada de una persona sencilla, decir cosas que si Guillermo Fadanelli las dijera como escritor, que un cuadro es una mancha y no una obra de arte, sería tratado probablemente como un troglodita, ¿no?

–Sí, claro (risas). La paradoja es el valor o la vigencia del arte, si el arte es sólo para el conocimiento de unos cuantos, si el arte puede transmitirse a toda clase de personas vía la sensibilidad, o si tienes que ser un hombre cultivado para apreciar las manifestaciones artísticas. Si un hombre honrado, común, es incapaz de apreciar o de sentirse emocionado o afectado por una pintura, ¿cuál es el sentido de esta pintura?

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