Considerada una de las manifestaciones más complejas de aquel universo intrincado que es la mente humana, la religión no deja de ser escudriñada por ciertos científicos, ya sea como fenómeno político, social, antropológico o emocional. No sorprende así la tibia formación de una especie de “ciencia de la religión”, representada por neurólogos y biólogos evolucionistas (de la talla de Richard Dawkins, por ejemplo) que, en vez de mirar hacia el cielo, orientan su arsenal de aparatos al cerebro e indagan tenazmente en los orígenes psicológicos, genéticos y bioquímicos de las experiencias religiosas, esperando dar en cada encefalograma, en cada análisis de la intimidad, con la molécula o gen del mismísimo Dios.
Por Sergio Di Nucci
LITERATURA Y CIENCIA: LAS METAFORAS CIENTIFICAS DE MARTIN AMIS