Embajadoras de lo diminuto, del esfuerzo y del trabajo, las hormigas así como las termitas comparten con los seres humanos el curioso y antojadizo hecho de vivir en sociedad: desde hace más de 65 millones de años, cuando los dinosaurios se paseaban campantemente por la Tierra, estos insectos galantes y emprendedores se dividen las tareas, abrazan el matriarcado, practican la esclavitud, coordinan sus actividades y se comunican mediante mensajes químicos, formando colonias compactas a las que muchos científicos les adosan el título de “superorganismos”. Así es la vida privada de las hormigas, especie de máquinas instintivas biológicas que conforman otro mundo en este mundo.
Por Federico Kukso
CINE ANTROPOLOGICO: ROBERT FLAHERTY Y “NANOOK, EL ESQUIMAL”