La genealogía robótica no arranca ni con la aparición del primer transistor ni en los siempre fecundos laboratorios japoneses. Rústicos, asombrosos y a veces fraudulentos, entre los antepasados directos de los actuales y metálicos seres artificiales se encuentran los autómatas que eclipsaron el siglo XVIII y comienzos del XIX con sus habilidades inhumanas y sus expresiones pétreas. Máquinas autoescribientes, flautistas, tamborileros, patos, pianistas y ajedrecistas sorprendieron con la guardia baja a emperadores y escritores como Edgar Allan Poe, y a la vez emprendieron un camino curioso: de estrellas del ocio aristocrático saltaron casi sin transición a mercancía del negocio burgués
Por Pablo Capanna
LIVE EARTH: UN MEGACONCIERTO PARA GENERAR CONCIENCIA ACERCA DEL CAMBIO CLIMATICO