Así como el siglo XX tuvo en sus comienzos a los futuristas, los surrealistas y los dadaístas como los máximos exponentes de la vanguardia, el siglo XXI tiene al bioarte, un campo heterogéneo, sin barreras ni límites claros (más allá de su inclinación por el impacto), que abriga a vertientes enfrentadas y concomitantes como el arte transgénico, el arte genético, la biotelemática, la holopoesía y el arte fractal. Sin valerse de lienzos, cerámicas o el espacio potencial que abre la fotografía para comunicar su mensaje, ahora el bioarte usa a la vida misma como nuevo medio de comunicación y disrupción.
Por Federico Kukso
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