La energía es el combustible de una nación, el motor del desarrollo, el viento que empuja las velas del barco, el aceite que permite que los engranajes del sistema permanezcan funcionando; la energía no sale de la nada y sus fuentes merecen ser discutidas como política de Estado: ¿hidroeléctricas, térmicas, atómicas, alternativas? Cada una de ellas con sus encantos y problemas, cada una con su idiosincrasia propia. Pero ninguna debe ser olvidada.