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Viernes, 29 de diciembre de 2006

TENDENCIAS

¿Quién no quiere hablar de aborto?

En sólo dos años, el consenso para quitar del Código Penal la práctica del aborto aumentó un veinte por ciento. Así, en 2006 la mitad de la población argentina asume que interrumpir un embarazo no es un delito, y este porcentaje aumenta cuando se enfrenta a las y los encuestados a situaciones concretas.

 Por Luciana Peker

El 48 por ciento de los y las argentinas está de acuerdo con la despenalización del aborto. El respaldo de la mitad de la población (que crece cuando las condiciones de las mujeres son más vulnerables) a la idea de quitar del Código Penal el aborto —en el mismo lugar donde figuran las estafas, los robos, los hurtos, los asesinatos y los abusos— muestra el nivel de consenso sobre un tema que hasta hace poco tiempo era considerado un tema tabú para los medios y maldito para la política. Pero el dato más sorprendente no es ese, sino el enorme cambio en la forma de pensar (y de hablar) sobre aborto en la Argentina. En el 2004, hace sólo dos años, el 28 por ciento de la población se expresaba a favor de que la interrupción voluntaria del embarazo dejara de ser considerada un delito. En el 2006, el consenso llegó al 48 por ciento, según las respuestas recogidas por el Estudio Nacional de Opinión Pública sobre Derechos Reproductivos, realizado en octubre de este año por la Consultora Knack, a través de 1500 entrevistas personales, en 31 centros urbanos de todo el país, de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, Cuyo, la Región Pampeana, el Noreste, el Noroeste y la Patagonia.

La dimensión de la encuesta y su carácter nacional muestran la agudeza de las diferencias regionales —el 35 por ciento de los y las porteñas apoyan el derecho a la libre elección de las mujeres, pero sólo el 5 por ciento de los salteños respalda la autonomía femenina para decidir un aborto— mientras que también enmarca el masivo respaldo a las medidas propuestas para terminar con la mortalidad materna provocada por los abortos inseguros.

Pero, se opine lo que se opine, hablar sobre el aborto ya no es secreto para nadie. “La gran mayoría de los argentinos —entre 8 o 9 de cada 10— está a favor de la despenalización del aborto si la mujer fue violada o corre riesgo su salud física o mental o si el feto no tiene posibilidades de sobrevida. La situación que todavía es más rechazada por la gente es la de autonomía plena —cuando la mujer quiere abortar por su propia decisión—, pero aun así, también ha crecido el respaldo a la despenalización del aborto. La conclusión de la expresión de la opinión pública es muy clara: la sociedad no está dividida. Hay un consenso rotundo a favor de la despenalización del aborto en ciertas circunstancias y, aunque en otras, un poco menos, en todos los casos empieza a notarse un cambio cada vez más favorable hacia la despenalización del aborto”, subraya Gerardo Adrogué, sociólogo y director de la consultora de opinión pública Knack a cargo del estudio.

El aborto es un hecho, no una palabra

Una de las variantes más interesantes del estudio fue la de ir más allá de las charlas de café o de la mesa familiar o de los chisporroteos de oficina. ¿Qué hace una madre cuando una hija de 16 años se queda embarazada de un chico que conoció y desconoció en una noche de baile? ¿Qué hace una mujer con tres hijos que se queda embarazada a los cinco meses de su último parto y hace malabares para comprar pañales, no dormirse antes de hacer la comida y bañar a sus tres hijos, ayudar con los deberes a los más grandes y acunar de noche al más chico? ¿Qué hace una joven violada asqueada de la violencia que violentó su cuerpo y su deseo y en el que ella no pudo intervenir para cuidarse? ¿Qué hace una mujer que no quería tener hijos y se olvidó de tomar una pastilla una o dos noches y simplemente no tiene ganas de que su plan de vida falle por un error en la toma de sus anticonceptivos? Hay algo interesante: cuando la pregunta es qué se hace —y no qué debería hacerse— la mayoría de la gente —más de la que admite su consenso con la despenalización del aborto en teoría— saben que lo que se hace es abortar.

Cuando las papas queman empiezan a escribirse esas direcciones que no figuran en páginas amarillas y que, sin embargo, se repiten de boca en boca. Y de cuerpo en cuerpo. Pero el riesgo está ahí: en la falta de controles, en la falta de cuidado y, por supuesto, en el peaje monetario de su cobro, en el negocio de la clandestinidad y en la inseguridad de la clandestinidad. Pero que los abortos se hacen, se hacen. No hay dudas. Más de la mitad de los encuestados —el 63 por ciento— contestó que frente a un embarazo no deseado las mujeres se practican un aborto, el 22 por ciento que tienen al hijo y apenas el 7 por ciento que la entrega de bebés en adopción es un camino frente a un embarazo no buscado.

No a la doble violación

El avance del respaldo de la gente a la despenalización del aborto seguramente se debe a distintos factores: la polémica iniciada por las declaraciones del ministro de Salud, Ginés González García, a favor de la despenalización del aborto, la Campaña Nacional por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito y la aparición pública de mujeres con rostro, cuerpo y lastimaduras que contaron sus historias para que la censura sobre ellas y otras ellas sea historia. La joven conocida como L.M.R. de La Plata, violada y discapacitada, que logró realizarse el aborto gracias al movimiento de mujeres ya que, aun con un fallo a favor de la Suprema Corte bonaerense, un hospital público platense se negó a practicarle la interrupción de su embarazo, abrió un camino que continuó con la lucha de Ana Rosa Gazzoli la madre de C.C.A. —las siglas de su nombre para que su historia sea justicia pero no escrache— con tal de que su hija pudiera efectuarse un aborto en un hospital estatal mendocino. Estos dos casos mostraron que mujeres comunes, incluso católicas, madres y luchadoras de la vida, podían llegar lejos con tal de defender a sus hijas de un destino no deseado. Esas historias seguramente también influyeron en el enorme cambio de las voces en la opinión pública que hoy tiene una postura contundente: el 84 por ciento de la gente está de acuerdo con el aborto si una mujer demente o discapacitada quedó embarazada debido a una violación, el 79 por ciento si una menor de 15 años fue abusada y el 78 por ciento también respalda la intervención quirúrgica gratuita, segura y libre para cualquier mujer violada.

La aparición en los medios de las historias de estas adolescentes vulnerables de la provincia de Buenos Aires y Mendoza cambió el eje del discurso, pero puso, más que nunca, el aborto en el discurso de los argentinos. El 80 por ciento de los encuestados charló o discutió sobre el aborto con sus amigos o familiares. “El tema del aborto está instalado en la sociedad argentina. La gran mayoría discute, debate y tiene opinión formada. Por supuesto, que los casos emblemáticos de las adolescentes violadas y el de Romina Tejerina (sentenciada por la muerte de su bebé después de ser violada) alimentaron la discusión pública y contribuyeron a que la gente vaya tomando posición”, señala Adrogué.

Pareciera que ya es historia antigua la utilización del aborto como boomerang de ataque a la carrera política de cualquier político/a que no pudiera contestar con espanto una pregunta sobre su postura con respecto al aborto. Incluso, la acusación a Graciela Fernández Meijide sobre su firma en un proyecto de ley de despenalización del aborto siempre fue interpretadA como el tiro de gracia que la sacó de la carrera por la gobernación bonaerense y colocó en ese sillón a Carlos Ruckauf en 1999. Siete años después, la posibilidad de legalizar el aborto ya dejó su traje de cuco.

El silencio no es salud

“¿Apoya la interrupción del embarazo si el feto tiene una malformación incompatible con la vida extrauterina?”, fue otra de las preguntas del Estudio Nacional de Opinión Pública sobre Derechos Reproductivos. ¿La respuesta? Contundente: siete de cada diez argentinos respaldan que las madres no tengan que continuar con un embarazo que sólo puede traer dolor. También el 70 por ciento de la población apoya el aborto si corre peligro la vida de la mujer a causa del embarazo o el parto. Y el 64 por ciento también se expresa a favor de que los hospitales públicos abran sus quirófanos a la realización de esta práctica si la salud física de las mujeres corre peligro. Si, en cambio, el riesgo de la mujer es psicológico el consenso baja, pero, de todos modos, llega al 58 por ciento. Un indicador de que 6 de cada 10 argentinos priorizan la salud integral de las mujeres —interpretando como salud también los embates emocionales u otros trastornos mentales— por sobre la actual disposición del Código Penal.

Un punto importante es que el aborto está más legitimado como un “mal menor” que como una posible decisión autónoma de las mujeres sobre su vida y su cuerpo. En los casos en donde no hay violaciones, discapacidades o riesgos para la salud, el consenso general sobre la posibilidad de legalidad del aborto baja alrededor de un 25 por ciento. Para el sociólogo Adrogué este dato es igualmente trascendente. El rescata: “La cantidad de gente que respalda el aborto en cualquier circunstancia prácticamente se duplicó en dos años, en el 2004 era del 11 por ciento y ahora supera el 20 por ciento. Va en claro progreso. Incluso, si se quiere ver el vaso vacío, la cantidad de gente que rechaza el aborto en cualquier circunstancia también bajó del 23 por ciento, en el 2004, al 13 por ciento actual. Evidentemente, hay cambios que van más allá de la despenalización del aborto e incluyen el respaldo a la educación sexual, la entrega de anticonceptivos en hospitales públicos y más protección a la salud reproductiva. Todo este enfoque global hace pensar en una sociedad que cambia de opinión y que está siendo cada vez más progresista. La diferencia en las respuestas de dos años a esta parte es tan grande que demuestra un cambio real y significativo socialmente”.

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