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Viernes, 2 de marzo de 2007

INUTILISIMO

Raras costumbres esquimales

Acaso en el afán de conocer mundo, muchas de ustedes estén planeando un viaje a zonas frías del Norte poco frecuentadas por el turismo, para lo cual les resultará indispensable tener muy en cuenta las advertencias del libro Savoir Vivre (Forma de comportarse en los diversos países), de Pierre Daninos y Doré Dgrizek (Ediciones Castilla, Madrid 1957). Como primer ítem, vale enterarse de que “a pesar de su falta de refinamiento, los esquimales tienen un código de buenas (para ellos) costumbres que conviene conocer y respetar si se quiere vivir en buena armonía. Como este código no está escrito –ya que ellos no conocen la escritura–, hay que saber lo más esencial para entrar en contacto: la intuición hará lo demás”.

Antes que nada, “adopte un nombre sencillo y fácil de pronunciar”, mandan los autores del citado volumen, pero olvídese del frotamiento de narices de ataño para saludarse, porque ha ido cayendo en desuso: los esquimales dan la mano, o más bien, “cogen con delicadeza la suya (de usted) y la levantan hasta la altura de la mejilla, sonriendo amablemente”. En cambio, ay, el eructo sigue vigente porque “es una prueba de lo mucho que agradan los paltos que se comen (foca cruda, ballena, osos)”. Al parecer, cuanto más fuerte y repetido el eructo, más admiración provoca en los lugareños.

Al llegar la hora del té, habrá que disimular el rechazo frente a una infusión que ha estado hirviendo unas dos horas, muy concentrada, que para colmo se sirve en tazones. Pero esto no es todo: “Una vez que lo haya bebido, recoja con los dedos las hojas de té del fondo y mastíquelas bien”. Otra sugerencia insoslayable: “No dejar que las emociones se trasluzcan en su cara porque para los esquimales es una falta equivalente a enfurecerse porque ruge el viento”. Por eso, cuanto más grande sea su mal humor, más deberá sonreír, y cuanto mayor sea su apuro por llegar, comente con indiferencia: “Pero... si no hay ninguna prisa”. Si una tempestad de nieve le azota el rostro, por favor, ponga cara de la más íntima satisfacción. Lo máximo que se tolera en caso de fuerte borrasca es comentar (sin dramatizar): “Hoy no hace muy buen día”.

Según Savoir Vivre, los esquimales practican “un comunismo perfecto y sería inútil, y aun peligroso si convive con un grupo local, que se reservara para usted sus provisiones: se consideraría una mezquindad”. Y lo más probable sería que la abandonen en medio de la nieve para enseñarle a vivir (o quizás a morir de frío). Lo ideal es que haga todo a la manera esquimal puesto que, por ejemplo, si usted se pusiera a preparar el trineo, después de mirarla accionar sin decir palabra, cuando termine su obra, ellos, los locales, la desbaratarían para arreglar el vehículo a su modo. Por otra parte, cuando se desplace en trineo “procure retener en la memoria el nombre de cada perro. De lo contrario, los esquimales pensarán que su inteligencia es muy limitada”. Y entre los avisos sine qua non, el manual apunta, debido a la costumbre del intercambio de mujeres entre maridos como gesto de cortesía, que lo mejor será viajar solas o con amigas, para dejar bien a salvo vuestro nombre y honor allende las fronteras.

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