La hoguera que quemó a Juana de Arco, esa niña que encarnó la voluntad y se convirtió en símbolo de la identidad francesa, es una de las herencias de la épica cristiana que como nunca en Semana Santa lava la culpa en sangre. ¿Quién era esa doncella? ¿Qué secreto le susurraron las voces que la guiaban? Ni la ciencia que inspecciona sus restos ni los múltiples textos sobre su vida que ahora se reeditan alcanzan para develar el misterio de su vida ni el de la estupidez humana que causó su muerte.