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Lunes, 4 de noviembre de 2002

OPINION

No renunciar a la historia

Por diego bonadeo

Varias decenas de miles de personas soportaban el sábado en River, uno de los peores –si no el peor– test-matches de rugby que se haya jugado en la Argentina. Estaban perdiendo la noche y frustrando las ilusiones de ver a Los Pumas en un año internacional aceptable –en el que, independientemente de los resultados, ganaron un test y perdieron dos– contra los Wallabies australianos, históricamente más “rugby-champagne” aunque quizá menos “duros” que neocelandeses y sudafricanos. Pero no jugaron de igual a igual. Jugaron de peor a peor.
Las estadísticas registrarán, entre otras cosas que el partido terminó 17-6 para los visitantes, que insólitamente el parcial del segundo tiempo fue de 3-0 a favor de los australianos y que fue una noche olvidable para Felipe Contepomi como pateador. Pero las estadísticas no registrarán –eso solamente queda para la memoria– que, como nunca antes, Los Pumas fueron recibidos tan calurosamente y despedidos con tanto desdén. Tampoco quedará en los números de nadie la bronca de la gente, cuando quedando por jugarse un par de minutos, sin contar los muchos que se agregaron como adicionales, con el partido 14-6 y con Los Pumas en su menos peor momento, se optó por patear a los palos dos opciones de ataque con penales, que eran para ser jugados buscando el try y no solamente para achicar las diferencias, ahora sí para las estadísticas, o eventualmente buscando alcanzar a los australianos en el marcador en alguna jugada siguiente.
Pero los silbidos a Los Pumas fueron anteriores a los intentos malogrados de Contepomi. La gente estaba cuestionando la actitud. De alguna manera, la mezquindad, inédita en los seleccionados argentinos de rugby, no importa que se hubiera jugado bien o mal o que se estuviera ganando, empatando o perdiendo.
Años atrás se decía y quizá no sin razón que el rugby era “de los jugadores”. Eran los tiempos en que la prioridad era el amateurismo, a lo sumo salpicado de cierto tufillo amarronado.
Con la opción que el rugby argentino ha tomado en la actualidad en cuanto a compromisos internacionales, con una gran mayoría de jugadores de la selección jugando profesionalmente fuera del país, nada se les puede cuestionar a quienes por vocación, por interés o por curiosidad pagaron la entrada de su bolsillo para ver cómo Los Pumas, por lo menos en actitud, no renunciaban a su historia.

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