Una maldición pesó durante años sobre la obra de León Bloy. Y no es para menos. El escritor católico más ácido y extremo, el místico de la pobreza, fue un verdadero fiscal de sus contemporáneos. En Argentina se produjeron dos interesantes novedades relacionadas con su obra: la reedición de su segunda novela, La mujer pobre (Simurg), y la publicación de una voluminosa selección de sus Diarios (El Acantilado). Libros que van al rescate de una figura literaria que ha producido rechazo pero, al mismo tiempo, una apelación moral sin concesiones.