En las últimas semanas, el país se vio inmerso en un debate que alternativamente fue enfrentando al campo con la ciudad, con el Estado, con los pobres, con la industria y con la política. Sin embargo, todas las dicotomías tuvieron un mismo denominador: un nítido imaginario del campo forjado en la tradición de la literatura argentina más arraigada, de Sarmiento a Roca, de Benito Lynch a Silvina Bullrich, de Güiraldes a Martínez Estrada. Radar recorre las huellas de esta idea de campo entendido como el lugar de la armonía, la paz y la esencia de los valores nacionales, la verdadera utopía de los argentinos. Y los secretos que esconde.
Por Claudio Zeiger
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