libros

Domingo, 23 de diciembre de 2012

> UN CUENTO POPULAR PARA EXPLICAR LA TAREA DEL ESCRITOR

Gansos-cisnes

 Por Viktor Shklovski

No escribo según un orden determinado. Esta manera es útil para la corrección. Estoy corrigiendo cómo se coordinan los fragmentos, escritos con el mismo deseo de decir la verdad y usando los diferentes detalles que cambian el punto de vista.

Trataré de todos modos de destacar aquello que leía la gente de mi generación.

Hay un cuento popular titulado “Los gansos-cisnes”. Un muchacho, Iváshechka, escapó de la bruja y del fogón de la bruja, donde ella quería asarlo. La bruja lo persiguió. Ivashka subió a un roble, pero la bruja royó el árbol con sus dientes de hierro.

Ivashka no sabe ahora qué hacer. De pronto ve que vuelan los gansos–cisnes, y él les pide: “Gansos míos, cisnes hermanos, llévenme en sus alas...”

“Que te lleven los del medio”, dicen los pájaros. Vuela otra bandada. Ivashka pide otra vez: “Gansos míos, cisnes hermanos, llévenme en sus alas...”

“Que te lleven los de atrás”

Viene volando la tercera bandada.

Les ruega otra vez Iváshechka.

Los gansos-cisnes lo levantan, lo llevan a la casa y lo meten en el desván.

Lo que sigue ya no es interesante: le dieron de gozo a Ivashka un buñuelo.

¿A qué viene esto?

No puede una persona elevarse sola y reclamarle a la gente, que antes que ella ha soñado, pensado, despotricado, reprochado; con ellos habla la persona, al leer un libro: “¡Llévenme con ustedes!”.

“¡No puedo! –contesta el libro–. ¡Pregunta al otro libro!”

No siempre lleva a la persona por el camino más recto a la bandada de blancas páginas, como blancas alas, hacia la lejanía.

Alejándola del miedo, de la persecución.

Así, hacia arriba y a un lado se llevaron las ilusiones a Don Quijote, quien antes era sólo bueno, pero después de leer mucho se transformó en un gran iluso.

Así se llevaban consigo los libros a la gente de los departamentos pobres, de las isbas, de las cárceles.

Puedo mostrar otro ejemplo, contemporáneo. De mí mismo, del dolor de mi corazón.

Duele, mientras duermo, el corazón agujereado por las ofensas, pero la mano humana lo cubre, le da vueltas como al disco del teléfono automático y reviven las voces pasadas y lejanas.

Deja de doler el corazón, conectado a la línea elevada de la conciencia humana.

¿De qué estoy hablando?

De ustedes.

El hombre no piensa solo, piensa con palabras que se crearon cuando se juntaban aún en manadas los mamuts y los alces, yéndose de los bosques a la estepas, acercándose al mar Negro.

Desaparecieron los animales, cambiaron las palabras, pero la gran máquina cibernética de la autoconciencia humana piensa, razona, mece el cielo con sus muchas alas y con ella se conecta la persona.

El escritor es el aprendiz; de la humanidad. No se puede escribir sin trabajar, sin leer, sin observar las bandadas de gansos y de cisnes, que pueblo tras pueblo, escuela tras escuela, vuelan por encima de tu cabeza y, finalmente, te recogen en sus alas.

En el arte no hay ofensa, no hay amor propio, porque él es todo eso junto.

Así, los hongos que crecen en la tierra son necesarios para los árboles. Tú no eres un árbol en el campo, eres el árbol en el bosque y eres tú mismo el bosque.

No con un árbol, sino con el bosque comparaba Koltzov a Pushkin.

Un escritor es una confraternidad, es la revelación del pensamiento universal.

Ahora trataré de contar qué y cómo leíamos.

¡Bueno, gansos-cisnes, ayúdenme!

Compartir: 

Twitter

SUBNOTAS
  • Continúo
    Por Viktor Shklovski
  • Gansos-cisnes
    Por Viktor Shklovski
 
RADAR LIBROS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.