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Domingo, 20 de abril de 2014

ARGENTINOS POR SU NOMBRE

 Por Ernesto Laclau

Creo que en 2001 se da aquí una movilización de tipo nuevo como resultado de la crisis. Sectores que estaban excluidos del espacio público, obreros que ocupan fábricas, desocupados en las rutas, todo ese tipo de mundo de las movilizaciones locales empieza a expandir horizontalmente lo que llamamos nosotros la cadena de equivalencia. Esa protesta social, sin embargo, no se proyecta en una transformación del sistema político. Lo que se decía es que se vayan todos, y eso está bien en un sentido porque excluye la clase política como un todo, pero del otro lado cercena la posibilidad de participación de ese nuevo movimiento de protestas en el sistema político como tal. Cuando este tipo de fenómeno ocurre, la unidad parece dividida entre un sistema político que ha dejado de representar las demandas de la población y demandas sociales que no encuentran expresión política. Ahora se llega a las elecciones de 2003 con una escasísima participación ciudadana en las selecciones, nadie creía mucho que podía haber un proceso de cambio. Yo mismo en 2003 no tenía la menor idea de quién era Kirchner. Para mí era un fenómeno de aparato creado por el duhaldismo, y la sorpresa vino después. Las cosas salieron bien porque el elegido fue Kirchner, ¿te imaginás si hubiera sido De la Sota o Reutemann? Todo lo que ocurrió después hubiera sido completamente diferente. Entonces Kirchner tuvo la suficiente visión como para tratar no de limitar la expansión de la protesta popular sino de canalizarla a través del Estado, de modo que la dimensión horizontal de la protesta y la tensión vertical de la política encontraron puntos de articulación y confluencias. Toda la primera etapa del kirchnerismo fue una etapa de una serie de transformaciones. Un plan de transformación social, que nadie hubiera pensado que era posible en la Argentina, empieza a lanzarse. Y ese proceso llega más o menos hasta el año pasado. Todavía yo diría que las medidas que está tomando el Gobierno son muy radicales: la modificación del régimen jubilatorio, la nacionalización de las empresas aéreas, la reforma del sistema de medios, el intento de implantar las retenciones agrarias. Todo eso es un programa de cambios radicales. Pero eso dio lugar a que la derecha empezara a reorganizarse con un proyecto hegemónico alternativo. La situación actual es un poco más complicada, porque para mí el kirchnerismo se ha lanzado demasiado a la interna del PJ y todo ese momento de protesta radical de alguna manera ha sido un tanto descuidado. De la transversalidad se habla muy poco hoy en día, entonces no sabemos muy bien qué va a ocurrir. Pero tengo esperanzas de que finalmente se consiga el equilibrio entre estas dos dimensiones.

Este texto fue publicado en Radar el 26 de octubre de 2008.

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