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Sábado, 7 de febrero de 2009

Realismo Mágico

Imaginário Pernambucano es un proyecto brasileño que nace en la universidad y apuesta al rescate de saberes y la generación de ingresos a través del binomio artesanía-diseño.

 Por Luján Cambariere

Conceiçao das Crioulas, Kambiwá, Cabo de Santo Agostinho, Goiania, Tracunhahém, Alto de Moura... Recorrer Brasil es siempre una fiesta de los sentidos y la posibilidad de revisar un nacionalismo presente en los más deliciosos sabores, tradiciones y colores. El estado de Pernambuco, en el nordeste, no es la excepción, con un bello proyecto –Imaginário Pernambucano– que nace en la Universidad Federal (UFPE), proponiendo un particular viaje a través de uno de los tesoros innegables de la región: su artesanía. Un “saber hacer” que, como tan bien les sale, vinculan con el diseño, logrando que estas nuevas piezas se conviertan en fuente de ingresos para poblaciones vulnerables (en este caso, muchas de ellas ex comunidades de esclavos e indígenas), rescate de viejas técnicas y materiales, resignificación de la noción del tiempo, trabajo colectivo, entre otros. Valores diferenciales frente a un mundo globalizado que no hace falta que nos detengamos a analizar cómo hace agua por todos lados.

Así las cosas, la diversidad –como componente de identidad– fue reconocida por la Unesco como algo digno de preservación y de fortalecimiento en 2003. “Patrimonio Cultural Inmaterial”, calificó, entre otros, a “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, así como los instrumentos, objetos y artefactos que sean reconocidos por las comunidades como su patrimonio cultural”. Según los mentores de Imaginário, uno de los valores más importantes de esta iniciativa es transformar estas ideas, palabras vacías de declaraciones varias, en realidad. A través de un trabajo concreto que lleva más de ocho años de vida, recorrió miles de kilómetros, generó cientos de vínculos entre la academia y la comunidad, y dio vida a un sinfín de bellísimas piezas con su aporte puntual a cada comunidad. La mejora de la técnica para racionalizar el uso de la materia prima que les permite un mayor margen de ganancia, como es el caso de la colección de bolsos y blanquería en fibra de bromélia o Caroá y las bellísimas muñecas negras que rinden homenaje a diferentes mujeres de la comunidad de Conceiçao das Crioulas. Los trabajos en paja de ouricuri con la que confeccionan distintos trenzados que devienen en objetos varios –cestos, paneras, fuentes–, los diseños en madera de umburana con la que esculpen piezas llenas de significado y collares de semillas de la comunidad indígena de Kambiwá. La cerámica del Cabo donde se hicieron desarrollos de nuevas piezas que abrieron nuevos mercados, lo mismo que ocurrió con la cestería de caña brava, especie de bambú, de Goiania, donde desarrollaron nuevas tipologías como luminarias. Emprendimientos todos que nacen de este proyecto que tenemos el lujo de desandar a través de una de sus mentoras, Ana María Queiroz de Andrade.

–¿Cómo surge la iniciativa?

–El proyecto nace en 1999, cuando asumí la Dirección de Cultura de la Universidad Federal de Pernambuco. Con el fin de optimizar el potencial de los proyectos culturales de la facultad y al mismo tiempo los recursos, creamos el Centro Cultural Benfica. Un espacio que reúne, entre otros, el acervo de pinturas y arte popular de la universidad. La aproximación entre diseño y arte popular nos pareció una oportunidad promisoria para fomentar la interacción entre el Centro Cultural y los demás departamentos de la universidad. Así creamos el proyecto con la participación inicial del departamento de design, con el objetivo de fortalecer la relación entre design y artesanato. Al día de hoy podemos decir que no nos equivocamos: Imaginário Pernambucano montó exposiciones, realizó capacitaciones y talleres administrados por diseñadores y estudiantes que movilizaron asociaciones y comunidades productoras de artesanía de todo el estado.

–¿Cuál era hasta entonces la mirada, el paradigma de diseño, sostenido por la universidad?

–Creo que la formación del diseñador brasileño está basada, principalmente, en los modelos de las escuelas europeas. Como concepto, hoy la sustentabilidad está de moda, pero muchas veces se habla mucho y se hace poco. El curso de diseño de la Universidad de Pernambuco ofrece la oportunidad, por medio de estas acciones de extensión y de investigación, de aproximar el diseño a la realidad local. En este sentido, el abordaje de estas cuestiones surge sobre la óptica social, económica, ambiental, provocando una interfase de profesores, estudiantes y profesionales con la producción artesanal e industrial del Estado, que es bien interesante. Una experiencia de laboratorio donde la investigación y la extensión son practicadas de manera integrada.

–¿Cómo empezaron a trabajar?

–Inicialmente la actuación estaba centrada en la mejora de la calidad de la artesanía, pues uno de nuestros socios de entonces era el Sebrae, que actúa promoviendo talleres y capacitaciones específicas. Fue a partir de esas experiencias que verificamos la insustentabilidad de esa acción y, por cuenta propia, iniciamos un trabajo en Conceiçao das Crioulas, donde comenzamos la aplicación de un modelo planificado a nuestra medida. Gracias a esa experiencia fue posible mostrar con números los resultados, comparando los dos formatos de actuación. A partir de esa constatación, el Sebrae pasó a adoptar nuestro modelo en otras comunidades. Hoy estamos trabajando en muchas otras comunidades como Cabo de Santo Agostinho, junto a ceramistas, o en Ponta de Pedras, con pescadores, cuyo trabajo envuelve la cestería en caña, el uso del residuo del coco y serigrafía, entre muchísimos otros.

–¿En qué se caracteriza el estado de Pernambuco? ¿Es fuerte en comunidades quilombolas?

–Pernambuco es un estado muy rico en artesanías en cuero, barro y madera. Y sí, existen varias comunidades de ex esclavos, algunas más organizadas que otras. Estamos iniciando un trabajo junto a la comunidad de Sao Lourenço, que es de origen quilombola, pero no producen artesanías sino que viven de la extracción de mariscos.

–¿Cuáles son sus mayores riquezas en técnicas y materiales?

–El trabajo en barro es bastante significativo tanto para la producción de cerámica utilitaria como en la de objetos figurativos (principalmente santos). Son artesanos muy habilidosos y la materia prima encontrada es de muy buena calidad. Mientras que las herramientas para trabajarla y el tratamiento que se le da a la materia prima son más rústicos.

–¿Cómo se insertan los estudiantes en estos proyectos? ¿Qué les suma a su formación?

–Los estudiantes son invitados a participar como becarios. Ellos vivencian todas las actividades (desde el planeamiento hasta la evaluación). Participan de discusiones sobre contenidos específicos y sobre la gestación del proyecto como un todo. Como el proyecto es multidisciplinar, conviven con profesores y estudiantes de otras áreas del conocimiento, lo que es muy interesante para la futura actuación profesional. Algunos empiezan como estudiantes y permanecen como profesionales. Creo que la convivencia con la realidad es una contribución interesante a la formación, ya que además todas se basan en el respeto y reconocimiento de las competencias de cada cual, comunidad, profesores y estudiantes. Otro aspecto interesante es que con estos temas pueden profundizar y documentar mejor sus trabajos.

–¿Qué cuidados considera que se debe tener para que los diálogos sean fructíferos?

–El respeto por el otro es fundamental, pues permite reconocer y valorizar conocimientos y saberes populares, tornando más autónoma la relación entre la academia y la comunidad. El respeto entre las partes también favorece el reconocimiento de cuestiones que son vitales para la valorización de la artesanía y del diseño.

–¿Y cuáles son las cuestiones a atender para que los proyectos funcionen y sean, por ejemplo, una fuente verdadera de ingresos?

–En cuanto a la universidad, nosotros no los podemos comercializar. Ese, es, en mi punto de vista, el talón de Aquiles del proyecto. Estamos dependientes de otros socios que se ocupan de la comercialización de los objetos. Tener un retorno financiero para los artesanos es fundamental, pues ése es su medio de vida. En cuanto a los canales de comercialización, los de los productos con mayor valor agregado aún no fueron consolidados. Los artesanos continúan produciendo para el mercado de las ferias populares, por lo que en muchos casos es preciso crear condiciones para la comercialización, observando todos los cuidados que exigen los productos (los puntos de venta, los precios, el embalaje, la calidad, la marca, la divulgación y la atención adecuada al cliente) para abrirse a nuevos mercados que puedan garantizar la sustentabilidad de los artesanos.

–¿Qué logros particulares le gustaría señalar?

–Como el proyecto tiene el foco en las comunidades de artesanos y no en su producto, creo que la movilización es una de las mejores repercusiones en las comunidades. Despertar el sentimiento de grupo o el surgimiento de liderazgos. Esa nueva situación ha contribuido para la articulación de los grupos con los poderes locales, buscando responsabilidades gubernamentales y dividiendo los esfuerzos para la realización de las diversas acciones que beneficien a las comunidades.

–¿Los diálogos entre diseñadores y artesanos son el futuro de nuestra región?

–Creo que la unión entre diseñadores y artesanos puede ser una buena estrategia. Conciliar habilidades y referencias culturales con los métodos y técnicas del diseño puede contribuir a potenciar el diseño brasileño, principalmente en el nordeste, donde el parque industrial es pequeño y nuestros empresarios, conservadores.

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