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Jueves, 11 de julio de 2002

DOS MUESTRAS DE REGGAE ARGENTINO

CARIBE SUR

Por P. P

La hamaca paraguaya, la palmera, la chala que está todo bien... Uf. Buena parte del reggae argentino –inclúyase aquí a público y artistas– parece consumir el estereotipo. Los intentos por convertir a esta ciudad austral y contaminada en una ilusoria sucursal caribeña no dieron, por lo general, grandes resultados. La vertiente pop fue la que prevaleció más allá del gueto, y con ella la idea de que el reggae se reduce a la remera de Marley, el paquete de Ombú y un par de acordes rasgados de abajo para arriba. ¿Qué hay detrás de la cortina de humo, entonces?
Sin grandes pretensiones innovadoras, pero con un sonido rústico, despojado y personal, Resistencia Suburbana acaba de editar su tercer disco, Resistencia + IVA. Valiéndose de ciertos recursos del dub y del ragga, esta banda surgida de los suburbios de San Martín compone un testimonio de alerta social a partir de conceptos esenciales de la tradición musical jamaiquina. La convicción espiritual le permite describir un mundo en el que el Bien y el Mal están claramente definidos. De un lado está la OTAN, la policía, los gobiernos; del otro los trabajadores honestos, los ancianos luchadores, los mártires. Resistencia prescinde de las disquisiciones religiosas y elige las denuncias más concretas, trazando el panorama de la ciudad con una contundencia que no reniega de cierto áspero sentido del humor. En “Represión brava”, el cantante Luis Alfa pone el ojo sobre los palos de la policía sin olvidar de dónde provienen las órdenes. Allí se rescata “la hidalguía de Norma Plá, que desde el cielo muy fuerte grita: si no hay justicia, nunca habrá paz”. También hay una intención manifiesta de adherir al movimiento de resistencia global, pero siempre desde el lugar de un grupo de pibes del conurbano. “Y pensar que a todas esas larvas/ nosotros las votamos/ y les dimos el poder que ahora tienen/ para maltratarnos”, dice la letra de “Reforma laboral”.
Distinto es el caso de Aztecas Tupro, una banda con seis años de existencia que celebra la salida de su primer disco, Retumba. Con un sonido más internacionalista, ecléctico y a la vez estándar, el sexteto habla de alienación urbana (“Skabaires”), le rinde tributo al “alma rebelde del gueto” Bob Marley, advierte sobre la sinuosidad del “camino” de la vida. Hay lugar para una versión ska de “Nowhere man”, de Lennon/McCartney, y también para invitados como Fernando de Catupecu y Pity de Viejas Locas. Pablo Wehbe, cantante y guitarrista del grupo, reconoce como máximas influencias a Sublime (“la gente que agarró el reggae y el ska y empezó a transformarlos en otra cosa”) y Mano Negra. Predominan las guitarras fuertes y la mixtura latina. “Si bien tocamos con muchas bandas reggae, nunca terminamos de entrar en el circuito. Estamos medio afuera de eso, por una cuestión de que el ambiente es muy cerrado: te salís del reggae tradicional y ya mucho no les cabe. Nos preocupamos por que salga una buena canción, no un buen reggae.”

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