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Jueves, 12 de enero de 2012

GERARDO WEIS, EL PELUQUERO BEATLE

El señor de los flequillos

La primera peluquería beatle de Sudamérica es propiedad de este coleccionista enfermo de los cuatro de Liverpool, que se endeudó a través de quince tarjetas de crédito para pagar objetos y fotos de sus ídolos, se codeó con vedettes y modelos de pasarela y le cortó el pelo a Spinetta.

 Por José Totah

“¿Me acompañás a buscar a Lennon al Colegio? Queda acá a la vuelta.” Es curioso cómo algunas preguntas suenan delirantes si no se precisan ciertas coordenadas, muy específicas, de tiempo y lugar. No estamos en Liverpool, a mediados del siglo pasado, sino en la puerta de un colegio del Bajo Flores, y el que está saliendo de clase no es John sino un muchachito de ocho años que, efectivamente, se llama Lennon. Se lo puso Gerardo Weis, su padre, dueño de la primera peluquería beatle de Sudamérica y coleccionista enfermo de los Fabulosos Cuatro.

Con Weis de acompañante y Lennon en el asiento de atrás, nos dirigimos en auto a la peluquería, sobre la avenida Perito Moreno al 1800, a pocas cuadras de la Autopista 25 de Mayo. En el camino, Gerardo avisa que le va a contar al suple NO cosas que no le dijo a nadie: ni a la BBC, ni a la televisión japonesa, ni a los periodistas de Indonesia, que citaron el suyo en un programa de tevé como “el insólito caso del peluquero beatle argentino”. “Me siento como los lobos de Mar del Plata: vienen todos a sacarse fotos al local”, afirma este hombre de 51 años, casado con Graciela, que revela al oído un pasado de playboy. “Hubo un tiempo en que mi locura era coleccionar mujeres”, suspira, con los ojos vidriosos, y se acomoda el pañuelo hippón que tiene amarrado al cuello. Se parece bastante al conductor Sergio Lapegüe, pero con onda.

La peluquería es un local pequeño, que en dos ambientes concentra la mayor cantidad posible de fotos y objetos beatle por metro cuadrado. Hay imágenes y rarezas varias, como un muñeco de John Lennon que habla (tiene un sensor especial en el cinturón que detecta el movimiento), del que sólo se fabricaron 600, o una copia del boletín escolar del mismísimo John. “El único que puede tener esto es (Juan Alberto) Badía”, supone. Dice haberse endeudado con 15 tarjetas de crédito por gastar su dinero en memorabilia de Los Beatles. Y que jura haber vendido dos autos para seguir comprando recuerdos, ediciones especiales, DVDs, fragmentos de sus ídolos. “Me fundí mil veces. Ahora la plata la administra mi mujer”, se cubre.

Weis adora a Lennon por sobre McCartney, e incluso no está del todo seguro de que Paul sea quien realmente dice ser. “Hay quienes sostienen que McCartney murió en 1966 y fue reemplazado por un doble muy parecido a él y con la misma voz, llamado William Campbell, un policía de Canadá.”

Gerardo tuvo un sueño en el que Los Beatles entraban a su peluquería y le pedían que les cortara el pelo. Fue en 2004 y, al día siguiente, como si hubiese sido un decreto divino, el peluquero descolgó todos los cuadros de cortes y los reemplazó por fotografías de los chicos de Liverpool. Sólo dejó una camiseta de Juan Sebastián Verón con la que Estudiantes salió campeón en 2006, que hasta hace poco conservaba su olor a chivo original; y varias tapas de revistas en las que aparece Nicole Neumann. En la mente soñadora de Weis, Nicole es un amor platónico al que, gracias a su oficio, pudo meterle mano. “La conocí y le corté el pelo varias veces en su casa; nos distanciamos un poco desde que está con Poroto Cubero”, lamenta.

El primer recuerdo que tiene de Los Beatles es escucharlos en los parlantes del Villa Lugano Club, cuando tenía 11 años. Su padre lo empezó a llevar al programa Música-Verdad, que tenía Badía en Radio Rivadavia. “Me dejaba entrar al estudio y me quedaba ahí anotando en mi cuaderno los temas que pasaban”, cuenta. A los 18 se recibió de peluquero en las antiguas Academias Oli y arrancó trabajando en Pino Leo Lina, donde barría y lavaba cabezas. “Ringo soñaba con ser peluquero y terminó baterista. Mi historia fue al revés”, acota. A los 24, se probó en el semillero de Roberto Giordano, en donde conoció el éxito. “Era un ambiente pesado y laburábamos hasta la una de la mañana todos los días. Venían las chicas de Olmedo a peinarse y una vez Beatriz Salomón me vino a mostrar las lolas cuando se las hizo. A la Rabolini la vi desnuda en un camarín”, rememora, y se jacta de haberle inventado el flequillo a Susana Romero.

Su peluquería funciona desde el 28 de abril de 1988, pero recién en 2004, después de aquel sueño, se transformó en el templo beatle que es hoy. “Este es un barrio de viejas gordas con ruleros; por eso cuando abrí no entendían nada, porque yo hacía cortes rocker y tinturas con aerosol”, explica. Actualmente, el local se llena de gente de entre 15 y 40 años que paga 55 pesos por el corte. Lo que más le piden es el estilo Sgt. Pepper, con flequillo y patillas largas. “Vienen muchos músicos y periodistas”, comenta, entre los que pasaron Luis Alberto Spinetta, Walter Giardino y Steffy Lennon, una jovencita de voz prodigiosa, que canta un tributo a Lennon y cuyas canciones llegaron a manos de la mismísima Yoko.

Suena contradictorio, pero Gerardo quiere dejar bien en claro que no es solamente un peluquero beatle. “Sé hacer mil peinados; el corte beatle es lo más fácil que hay”, repite para que no lo encasillen. Algo que, en semejante santuario flequillesco, parece una misión imposible. De fondo, su hijo Lennon toca Submarino amarillo en la guitarra. No, no es Liverpool; es el Bajo Flores, al lado de la 25 de Mayo.

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