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Domingo, 20 de mayo de 2007

LEYENDAS > PROYECTOS PERDIDOS, IMPOSIBLES Y ETERNOS

Las grandes peliculas que nunca veremos

El Napoleón de Kubrick

Stanley Kubrick llegó a leer 500 libros sobre el emperador francés y nunca se dio por vencido con este proyecto, que planeaba filmar justo después de 2001. Llegó a escribir varias versiones del guión, y para el protagónico lo quería a Jack Nicholson, quien lo había sorprendido en Easy Rider. Pero tras diseñar un catálogo de los lugares reales por los que pasó Bonaparte con la intención de rodar en escenarios reales, el presupuesto de la película había crecido a niveles siderales. Esa fue una de las razones por las que nunca llegó a hacerse realidad; pero también fueron determinantes el estreno de La guerra y la paz de Sergei Bondarchuk en 1968 y el fracaso comercial de la épica Waterloo, también de Bondarchuk, en 1970. Kubrick debió conformarse con volcar sus investigaciones históricas en Barry Lyndon (1975). A principios de los ’90 debió abandonar otro proyecto largamente acariciado: el de Aryan Papers, basado en el libro Wartime Lies, de Louis Begley. Lo desalentaron el estreno de La lista de Schindler y la idea final de que una película “precisa” sobre el Holocausto estaba más allá de las capacidades del cine.

El Cazador Oculto

Mencionarla como uno de los libros que jamás veremos convertidos en películas puede parecer una obviedad, pero no lo es tanto: se ha dicho que hasta el propio J. D. Salinger dijo alguna vez que le gustaría ver cómo llevan su libro a la pantalla; solo que se sigue negando a vender los derechos. El mayor problema quizá sea la contradicción insalvable que entrañaría su transposición al cine, ya que su protagonista, Holden Caufield, desdeña a Hollywood y toda su “falsedad”. “Me gustaría ver la película, pero Holden no la aprobaría”, habría dicho Salinger con una sonrisa. Mientras se sigue esperando esa película que nunca será, cada tanto aparece algún film que desde su guión intenta, por así decirlo, “capturar su espíritu”, como fue el caso de Las locuras de Igby, de Burr Steers, seis años atrás.

Mein Kampf: el Hitler de Hollywood

Hay quienes se resisten a creer esta historia, pero aparentemente es toda verdad: cuatro días antes de que Estados Unidos ingresara a la Segunda Guerra, David O. Selznick, el megalómano productor de la MGM que llevó al cine Lo que el viento se llevó, le envió a la editora de guiones Katherine Brown un memo en el que le ordenaba dirigirse al departamento de Will Hays (cuyo código regía la censura cinematográfica de la época) para registrar los derechos de adaptación de Mein Kampf, de Adolf Hitler, y todo aquello que estuviera vagamente relacionado con el libro. Selznick quería que lo dirigiera Alfred Hitchcock, sobre guión de Ben Hecht, y su objetivo declarado era “exponer la vileza del Führer ante el mundo”, de manera directa, sin parodias ni vueltas. Washington finalmente disuadió al productor.

The White Hotel

Desde su publicación original en 1981, siempre hubo quien quisiera convertir la novela del escritor inglés Donald Michael Thomas en una película. El libro empieza con las fantasías eróticas de una paciente de Sigmund Freud, una joven cantante de ópera que tiene oscuras visiones sobre el futuro, y termina por transformarse en un comentario sobre el Holocausto. El primer proyecto para llevarla al cine iba a protagonizarlo Barbra Streisand, pero los problemas empezaron cuando el director propuso insertar fibra óptica de vidrio en la vagina de la protagonista para filmar las escenas de sexo. En las sucesivas resurrecciones de la propuesta se habló de Meryl Streep, Dustin Hoffman, Nicole Kidman y Cate Blanchett, y de los directores Bernardo Bertolucci, David Lynch, Héctor Babenco, Terrence Malick, Almodóvar, Cronenberg y Kusturica. Actualmente se anuncia la preproducción del film bajo dirección de Simon Monjack, con la actriz Brittany Murphy, pero los derechos de adaptación de la novela están en litigio.

Nostromo: Conrad por David Lean

Seguramente alguien ya volverá a intentar filmar esta novela de Joseph Conrad publicada en 1904; lo que definitivamente nos perdimos es de ver la potencial obra maestra de David Lean, el director de El puente sobre el río Kwai y Lawrence de Arabia. Lean ya había elegido a los actores con los que filmaría la historia del marinero italiano que se involucra en un plan para contrabandear plata desde Sudamérica: Marlon Brando, Anthony Quinn y Christopher Lambert. Pero la muerte le ganó de mano, en 1991, en plenos preparativos para este film, el primero que hubiese dirigido desde Pasaje a la India. Conrad no tuvo suerte: Nostromo fue adaptada como miniserie europea algunos años después, y lo más cerca que quedó hasta ahora de brillar en el cine fue con el homenaje que le hace Ridley Scott (que ya había filmado Los duelistas) en Alien, el octavo pasajero, al bautizar con ese nombre la fatídica nave-carguero donde transcurre.

Megalópolis

Otro Coppola frustrado: hace tres años, pareció que finalmente haría realidad su anunciado proyecto de filmar “una historia épica y a la vez humana y pasional sobre la Nueva York actual, que abarca la vida de un hombre arrancando después de la Segunda Guerra, con un segundo acto contemporáneo y un tercero en un futuro cercano”. Una obra ambiciosa, dijo además, concebida “desde una enorme fe en la raza humana y en su capacidad de crear un mundo justo y hermoso”. Se barajaron los nombres de Nicolas Cage, Russell Crowe, Robert de Niro, Paul Newman y Kevin Spacey y un presupuesto de 80 millones de dólares. Pero ya se sabe que el próximo estreno de Coppola será un film de bajo presupuesto: Youth Without Youth, basado en una novela de Mircea Eliade. Y ni noticias por ahora del proyecto más faraónico de su carrera.

El Tobino de Fellini

Federico Fellini tuvo varios proyectos inconclusos: uno de ellos fue El viaje de Giuseppe Mastorna, del que al menos se conoció la versión en viñetas de Milo Manara. Eso fue en los ’60, pero ya en 1955 debió dejar por el camino el que consideraba uno de sus proyectos más personales. Las mujeres libres de Magliano estaba inspirada en un libro del escritor y médico Mario Tobino, que contenía, según lo contó el propio Fellini, “una serie de impresiones líricas y de retratos de hombres y mujeres dementes del psiquiátrico de la ciudad medieval de Magliano: lo que atrapó mi imaginación fue el hecho de que esos desgraciados fueran retratados con tanto amor”. Para escribir su guión, el director se internó entre los pacientes vestido como uno más, llegando a ganarse la confianza de algunos de ellos y recolectando anécdotas. Pero nunca consiguió productor. Dino De Laurentiis le dijo: “Hiciste un film sobre homosexuales (I Vitelloni); otro sobre estafadores (Il Bidone). ¿Por qué no haces, para variar, uno sobre gente normal?”.

En el camino

Hace una década se habló de una road movie basada en el libro más conocido de Jack Keroauc, con dirección de Francis Ford Coppola y Johnny Depp como Sal Paradise. El director de El Padrino tiene los derechos del libro “a perpetuidad” hace ya casi 40 años, tiene al menos cinco versiones del guión (una del escritor Russell Banks) y el proyecto sigue en la nada. Hace poco, Joel Schumacher quiso tomar la posta con Colin Farell como protagonista, pero actualmente imdb.com cita como “anunciada para el 2009” una versión de On the Road en blanco y negro, con producción de American Zoetrope (la compañía de Coppola), dirección del brasileño Walter Salles (Estación Central), y guión de José Rivera, su colaborador en Diarios de motocicleta.

La metamorfosis: Kafka por David Lynch

Alguna vez David Lynch dijo que para él Franz Kafka era menos el escritor oscuro y retorcido que todos veían en él que un comediante genial. Sin embargo, como tantos otros proyectos cuyos guiones llegó a escribir junto a Mark Frost (el otro autor de Twin Peaks), el director de El hombre elefante se resignó ya hace años a que su adaptación de la historia del hombre que un día se despierta convertido en insecto jamás verá la luz. Existe alguna versión televisiva, y varios cortometrajes y dibujos animados experimentales. Pero no hay que perder las esperanzas: después de todo, David Cronenberg sí consiguió filmar un libro aún más infilmable: El almuerzo desnudo, de William Burroughs.

El debut de Kurosawa

A mediados de los años ’30, con 26 años, Akira Kurosawa consiguió un trabajo como asistente de dirección en un importante estudio de cine de Tokio. Paralelamente, se hacía tiempo para escribir sus propios guiones, a una velocidad asombrosa. En 1941 terminó uno titulado Nieve, sobre un pueblo de campesinos y un joven “e insensible” profesor de la capital que les acerca sus conocimientos técnicos. Concebido como un drama sin intenciones políticas ni didácticas, Nieve estuvo a punto de ser la ópera prima de Kurosawa en el ’43, pero la aparición de un nuevo tipo de cultivo de arroz más resistente a las inclemencias del clima (uno de los elementos principales del relato) invalidó de pronto y sin aviso toda su premisa argumental.

El fin de la infancia

Publicada en 1953, esta novela de Arthur C. Clarke es una oscurísima historia sobre una invasión extraterrestre. Fue candidata a superproducción hollywoodense durante décadas, incluso desde antes de que Stanley Kubrick filmara otro libro de Clarke, 2001: Odisea del espacio. Llegaron a circular varias versiones del guión y ha inspirado varios films y canciones (se cree que las letras más marcianas de David Bowie están directamente influidas por este libro), pero jamás entró en producción. Sin embargo, su comienzo, con las naves nodrizas descendiendo sobre las ciudades más importantes del mundo, fue descaradamente usado en varias ocasiones, como la miniserie de culto V, invasión extraterrestre, y la película Día de la independencia. Unos años atrás se anunció que Universal había contratado a la directora Kimberly Peirce (Los muchachos no lloran) para llevar finalmente a la pantalla una versión oficial de la novela de Clarke. Pero todo parece seguir flotando en la nada.

El Eternauta

Siempre fue la gran esperanza blanca del cine de ciencia ficción nacional: una historieta del género prestigiosa, con resonancias políticas (acentuadas muchos años después de su publicación original por la desaparición de su guionista, Héctor Germán Oesterheld) y una historia de invasión marciana, resistencia colectiva y guerra en escenarios porteños reconocibles, con escenas clave ambientadas en la General Paz y en el estadio de River. Muchos directores declararon su interés en filmarla –Pino Solanas y Gustavo Mosquera, el director de Moebius, entre otros– pero durante años fue considerado fundamentalmente como el gran sueño de Adolfo Aristarain. Para unos y otros terminó volviéndose inviable por una cuestión de costos. Llegó a considerarse hacerla como coproducción internacional, hablada en inglés, lo cual hubiera pulverizado buena parte del atractivo que tenía para todos aquellos que se habían obsesionado con este proyecto.

Las flores carnívoras: Semprún y Resnais

En los ’50, el novelista y guionista Jorge Semprún militaba clandestinamente en el Partido Comunista español, y por esos años ensayó una crítica que le valió su expulsión. Alain Resnais lo invitó a trabajar con él, interesado en esas experiencias personales y en su libro Le grand voyage. Colaboraron en la película La guerra ha terminado en el ’66; y en el verano del ’68 empezaron a trabajar en un segundo proyecto conjunto, una oscura distopía de control social. El título lo tomaron de una pintada callejera que decía “La sociedad es una flor carnívora”, y la idea era narrar una aventura ambientada en una sociedad que practica un sistema de control demográfico mediante muertes “voluntarias” asistidas, y la aparición de un grupo de “refractarios”. Las películas anteriores de Resnais no habían sido comercialmente exitosas, así que no encontraron productor.

La conjura de los necios

¿Quién no quiere ver a Ignatius Reilly en el cine? La última propuesta de casting más o menos firme proponía a Will Ferrell como el inefable antihéroe y a Lili Tomlyn como mamá. Pero todo indica que no se va a hacer jamás, e incluso circula el rumor de que pesa una “maldición” sobre la adaptación del libro póstumo de John Kennedy Toole: John Belushi, John Candy y Chris Farley, tres gordos célebres muertos, fueron considerados alguna vez para el protagónico. Y lo cierto es que la idea de hacer una película con la novela existe desde antes de su primera publicación: Scott Kramer, un ejecutivo de la Fox, recibió las galeras del libro en enero de 1980. El proyecto más reciente está basado en un guión escrito por él mismo en colaboración con Steve Soderbergh, quien llegó a contratar al director sureño David Gordon Green. Ya veremos. O no, una vez más.

El Capital de Eisenstein

Sergei Mijailovich Eisenstein, el director de El acorazado Potemkin y Octubre, apiló una larga lista de proyectos no realizados. Entre ellos, un film sobre el libertador de Haití titulado Napoleón negro, y una adaptación del libro Le chemin de Buenos Aires, de Albert Londres. Pero probablemente el más monumental de sus planes frustrados fue el de filmar El Capital, de Karl Marx. En 1929 dio una conferencia en la Sorbona en el que lo anunció como algo que haría un par de años más tarde, después de realizar un viaje a EE.UU. Para él encarnaba a la perfección su idea de que “un film intelectual es lo único capaz de superar la discordia entre el lenguaje de la lógica y el de la imaginación” y de que “a la fórmula científica se le puede dar la calidad emocional de un poema: intentaré filmar El Capital para que el obrero humilde o el campesino puedan comprenderlo en forma dialéctica”.

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