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Domingo, 11 de enero de 2009

SANTA FE › SON ESPOSAS, HIJAS, MADRES Y HERMANAS DE LOS OBREROS DE LA METALúRGICA PARANá METAL.

Mujeres de hierro ante la crisis

Formaron un colectivo de mujeres ante la crítica situación que se planteó en sus familias con las suspensiones en la empresa de Villa Constitución. Una vez más, la fuerza y determinación femeninas ante la adversidad.

 Por Alicia Simeoni

Sin ninguna aspiración en cuanto a constituirse como movimiento que avance en las cuestiones de género ni en los derechos de las mujeres en general, la experiencia que desarrollan las esposas, hijas, madres y hermanas de los obreros de Paraná Metal -la empresa de Villa Constitución que suspendió a sus obreros en diciembre y puja por lograr una rebaja salarial-; demuestra una vez más la capacidad de movilización, y sobre todo de organización, de los colectivos femeninos. La predisposición de quienes participan en este colectivo es del ciento por ciento porque están convencidas de ser parte de la resistencia de sus familiares, hombres, en la que fue la antigua metalúrgica Metcom, ubicada a unos 40 kilómetros al sur de Rosario. Muchísimas amas de casa -pocas con experiencia participativa-, respondieron a la convocatoria de una de ellas, tomaron la decisión de dejar el exclusivo reparo que brinda el hogar y ganar el espacio público con la suma a la resistencia activa. Aquí no abunda la trayectoria militante, pero sí algunas mantienen vivo los recuerdos de los días de plomo con la represión a los obreros y al pueblo villense en 1975 y están convencidas de que los más poderosos "no pueden hacer lo que quieran con los más humildes", dicen. Por eso, rodear el conflicto y ser protagonistas las enriquece en los valores de la solidaridad, la participación y hasta el desenvolvimiento personal, ya que el conflicto pasará pero quedará la marca del 'se puede', por sobre los tabiques de lo doméstico. Carina Caminos (39), Ramona Chávez (50), Matilde Godoy (41) y Silvana Flores (41) contaron a Rosario/12 cómo decidieron acciones conjuntas para apropiarse de un lugar en ese afuera que no habían transitado.

Carina Caminos tiene 39 años y a su esposo, hermano y cuñados en Paraná Metal. También dos hijos y se ocupa de los quehaceres domésticos. Ella es una de las mujeres que se incorporó al movimiento luego del llamado de Ramona. De todos modos un antecedente familiar la marcó en la cuestión de la participación, ya que vivió la represión de 1975 cuando su padre trabajaba en Acindar. A Carina se le entrecorta la voz muy seguido, mientras está con sus compañeras en la sede de la CTA Rosario, en San Lorenzo 1879, hasta donde llegaron para hacer más visible el conflicto pero también este movimiento que aparece con fuerza. Dice que está tan angustiada por "el aprovechamiento que siempre hacen los empresarios....Mi papá nos enseñó a participar, a luchar por lo justo y con la frente bien en alto, a no tomar el camino de las coimas o de la indiferencia. El decía que había que poder caminar por la ciudad bien tranquilo y que sus hijos lo iban a representar". Carina cuenta que su padre se salvó en el '75 porque alguien le aviso, 'Caminos, rajate porque sos boleta", y el hombre, un militante peronista, se escondió en las islas. En Villa quedaron su mujer y sus 8 hijos, entre ellas Carina que por esas vueltas de la vida continuó la tradición familiar de pertenencia al gremio metalúrgico. "Viejo, la historia se vuelve a repetir', dijo el viernes a su padre que ahora está jubilado y enfermo. "Yo iba a la carpa, a las ollas populares con mi vieja, y en estos días él me recordó que hay que estar siempre con la frente en alto y que la dignidad del trabajador no se compra y no se vende". Tal vez por toda esa vivencia no le costó estar desde el comienzo en la carpa y trabajar junto a su marido en el armado de la olla popular. "La satisfacción que siento cocinando con otras mujeres y hombres no me la quita nadie...No queremos migajas, queremos lo justo, que no se rebajen los salarios, que paguen y se comience a trabajar. Nuestros maridos van dejando la vida un poco cada día en esta fábrica, tragan mugre, vienen enfermos y qué le importa a la patronal si lo único que quieren es la producción. Esa fábrica es lo que es por el recurso humano".

Después de que la empresa suspendió a sus operarios, en diciembre, las mujeres entraron a ver el estado de Paraná Metal. "Los agujeros en el techo son muy grandes y cuando llueve todo se transforma en un peligro, a veces hay que cortar con la producción por el riesgo eléctrico, cualquiera puede perder la vida. El olor a gas torna el aire irrespirable y las máquinas están, en partes, atadas con alambres. Sólo los operarios saben cómo pueden funcionar", dicen cada a una a su turno. El nombre del actual presidente del directorio, José Cenoz, surge en los distintos testimonios.

Ramona Chávez, tiene 50 años, pelo corto claro, está casada con Luis, operario de Paraná Metal al igual que uno de sus hijos de 25. Llegó a la etapa de suspensión con una experiencia de militancia en el terreno social, ya que fue presidenta de la vecinal del barrio Santa Mónica. Por supuesto, ella también recuerda la feroz represión del '75 en Villa Constitución. Su marido trabajaba en la entonces Metcom. Estaba embarazada de su hija mayor y fue a la sede de la UOM a sacar una orden médica cuando se encontró con el sindicato militarizado. "Me dijeron que me vaya y me asusté mucho, tenía quince años y lo hice sin decir nada. Hubo una huelga de 62 días y la represión fue feroz. Mi marido empezó a hacer changas porque no teníamos para comer, un día estaba haciendo una vereda, tenía puesta la camisa que decía Metcom. Cuando terminó se bajaron unos tipos de un auto y lo golpearon brutalmente mientras le decían 'por qué no vas a trabajar a la fábrica'. Yo era muy jovencita y ahora me pregunto si fui una tonta al no darme cuenta que se podía luchar por los ideales de cada uno". Luis, el marido de Ramona, fue despedido y luego retomado en lo que ahora es Paraná Metal. Ramona se sintió deprimida en los primeros días de las suspensiones, hasta que se llegó al sindicato a buscar explicaciones de lo que pasaba. Entonces, según cuenta, el histórico secretario general Alberto Piccinini le planteó que se sumara a la causa y le brindó el espacio del sindicato hacia donde convocó a las mujeres para ser partícipes del proceso. Lo hizo por una radio local y el resultado fue la concurrencia de 70 en el primer día, un número que luego creció a 200. "Creo que las que todavía no vienen lo hacen por miedo a la represalia... Los hombres se caen más rápido que las mujeres". Ella está convencida que el respaldo que se traduce en organización es fundamental para ganar el conflicto, así como parte de una estrategia que no puede ignorarse."Dicen que las mujeres somos el sexo débil pero no es así, somos más fuertes que los hombres y las que no dejamos que nunca se caigan -asegura-...Veo que algunas de las chicas tienen miedo y que también miran todo esto como si fuera un espectáculo de otros....A muchos nos les cayó todavía la ficha de lo que les está pasando, pero son 1200 trabajadores". Varias integrantes del Movimiento de Mujeres de Paraná Metal cuentan que optaron por dejar de llorar, deprimirse o sólo quejarse, para pasar a tareas múltiples, tal la de sensibilizar a la comunidad villense y lograr la adhesión y el respaldo a la postura de los trabajadores.

Matilde Godoy y Silvana Flores son otras dos esposas de obreros de Paraná Metal. La primera es la hacedora de tortas, quien tuvo a su cargo, justamente la obra de repostería para el Día de Reyes. Sostiene que si hay algo que le queda claro es que aprendió a ser más solidaria, a hablar con la gente de la ciudad para que los apoye y lo hizo cuando no estaba acostumbrada a ninguna gestión. "No sé por qué exactamente pero me parece que hay más fortaleza entre las mujeres y Ramona nos alienta para seguir adelante. Si hay que cortar la ruta, pedir, hablar, ahí estamos todas". Silvana Flores es docente y estuvo en jardines a los que concurrían niños de familias de escasos recursos. "Siempre sentí sensibilidad por los problemas sociales, pero cuando había este tipo de conflictos los miraba por televisión, nunca me sumé a ninguna acción. Ahora sé lo que pasa cuando no se cobra, cuando no hay salario".

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Carina, Ramona, Matilde y Silvana; algunas de las mujeres e hijas de los obreros metalúrgicos de la metalúrgica villense.
Imagen: Sebastián Granata
 
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