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Lunes, 31 de diciembre de 2007

CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE "MACKIE NAVAJA", FILM HECHO EN ROSARIO POR CRISTIAN CABRUJA

Fragmentos de una película y su rodaje

 Por Leandro Arteaga

Mackie Navaja 6

Argentina, 2007

Dirección: Cristian Cabruja.

Guión: Cristian Marchesi, Guillermo Calluso, Cristian Cabruja.

Fotografía: Diego J. Martínez.

Cámara: Alfonso Gastiaburro.

Montaje: Cristian Cabruja.

Intérpretes: Cristian Cabruja, Fernando Calluso, Gachi Roldán, Eleonora Arias, Miguel Bosco, Alvaro Flores, Federico Fernández, Martín Fumiato, Matías Tamburri, Matías Martínez.

Sala: Monumental (único horario: 19.40)

Es propicio volver a señalar lo escrito la semana pasada: qué bueno que la cartelera comparta sus títulos junto con producciones locales. Y si esto es posible, lo es gracias a la tarea del Centro Audiovisual Rosario y a la gentileza de Daniel Grecco, gerente del Complejo de Cines Monumental. Y también porque son numerosas las películas rosarinas que buscan lugar para su exhibición, para su presentación pública.

Podemos decir que Mackie Navaja toma el relevo en cartel de Terminal, film de Claudio Perrin que ya reseñáramos oportunamente. Ahora es el turno de Cristian Cabruja, actor y realizador que nos propone una traslación fílmica de la obra teatral de mismo título, que fuera guionada por Cristian Marchesi. Mackie Navaja es esto, pero también es desprendimiento de aquella otra obra que la contiene: La ópera de tres centavos, de Bertolt Brecht, que ha conocido versiones fílmicas, tales como la que realizara G. W. Pabst en Alemania, en 1931, o el reconocimiento que hacia su espíritu inspirador profesara el mismo Lars Von Trier a través de Dogville (2003).

De modo tal que Mackie Navaja se reconoce desde esta matriz para, a su vez, adquirir rumbos propios. Lo que prevalece es su desenfado y enrevesamiento narrativo, desde el cual asistimos a la película y a su detrás de cámara. En otras palabras, el film de Cabruja nos propone el riesgo que significa saltar la línea divisoria entre la ficción de la cámara y su proceder fáctico. De manera tal que Mackie Navaja es el personaje criminal y mafioso, pero también es el rol que el actor (el mismo Cabruja) debe sostener desde las distintas tomas, desde las imposiciones financieras o, todavía mejor dicho, desde los problemas que la producción del film progresivamente plantea. Como si la película nos estuviese diciendo que asistimos a un rodaje que, por local -por rosarino-, se encuentra lleno de incidentes tanto imprevistos como inevitables.

Podemos también decir que Mackie Navaja es una experiencia lúdica. Pero en este juego, convengamos, el distanciamiento que para el espectador significaría la "revelación" del proceder narrativo, no tarda en asimilarse como parte de la misma película. En el film no hay un quiebre evidente que nos distancie de la ficción como tal, sino que -digamos así- el "backstage" de lo filmado se revela inmediatamente desde un guión igual de previsto y cuidado.

Vale decir, lo que queda por fuera de Mackie Navaja es el verdadero "atrás de cámara del atrás de cámara". Secreto de manufactura fílmica que, finalmente, nunca termina por revelarse en película alguna. Puede ser éste el propósito del film de Cabruja, puede también que no; lo que nos importa aquí, en todo caso, es su reflexión.

Desde su puesta escenográfica, desde su teatralidad demasiado evidente, rota sólo cuando miramos junto con la cámara que "espía", Mackie Navaja es kitsch, sobrecargada, pastiche. Puede recordarnos la estética de la reciente ¿De quién es el portaligas?, de Fito Páez. Se sitúa, contextualmente, en un no-lugar, en un fuera de época que pudo haber ocurrido como todavía suceder, con diálogos que se generan, a veces, desde detalles insignificantes.

Queda para el final el enroque más brusco, aquél desde el cual ni siquiera el actor principal será necesario para la continuidad del rodaje. Conclusión también retórica, de declamación, con una cárcel que es rejas para el personaje pero también para muchas cosas más, denunciadas desde la palabra. Es en ese momento cuando el juego se termina, cuando la diversión desaparece y cuando el rodaje -el de verdad, el de mentira- también concluye.

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Lo que prevalece en el film es su desenfado.
 
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