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Martes, 21 de agosto de 2012

CULTURA / ESPECTáCULOS › CONVERSACIONES SOBRE ARTE Y PROVOCACIóN POLíTICA EN EL MUSEO DE LA MEMORIA

Las imágenes como campo de batalla

Convocados por la institución que dirige Rubén Chababo; Pablo Montini, Nancy Rojas, Roberto Echen y Carlos Herrera volvieron sobre la inclusión de una polémica obra de Mónica Castagnotto en la colección del Castagnino+macro.

 Por Beatriz Vignoli

Como adelantó Rosario/12, el 9 de julio de este año un grupo de artistas, funcionarios, ex funcionarios y coleccionistas adquirió y donó al Museo Castagnino+Macro una obra gráfica de Mónica Castagnotto que es emblemática en la historia del Museo. Durante su exhibición en 1999 en la muestra colectiva 34 Artistas Rosarinos Contemporáneos, un fotomontaje en blanco y negro, que efectúa una apropiación estética tipo ready﷓made de cuatro imágenes de la Virgen María puestas en analogía con un lugar del cuerpo de la mujer donde no da el sol, fue motivo de violentas discusiones públicas, entre ellas la de si lo representado en la zona más irritante de su superficie debía ser denominado vaginas o vulvas. Como parte de la reacción impulsada por ciertos sectores de la Iglesia, la autora de la obra sufrió amenazas de todo tipo que la llevaron al mutismo artístico.

El jueves 9 de agosto, ante un nutrido público que incluía a pocos artistas, el Museo de la Memoria reunió en su auditorio a varios de estos donantes: presentados por Rubén Chababo, director del Museo e iniciador del ciclo, compartieron un panel como oradores Nancy Rojas, Roberto Echen y Carlos Herrera, mientras que Ricardo Torres, Mauro Guzmán, la directora del Museo Castagnino, Marcela Römer, y la misma Castagnotto escuchaban desde las butacas. Abrió la mesa redonda el único de los cuatro oradores convocados que no guarda ninguna vinculación institucional con el Museo y sus políticas: el historiador del coleccionismo de arte, editor y curador Pablo Montini. "Política y provocación en el arte" se tituló la charla, la segunda del ciclo Conversaciones, coordinado por el área de producciones artísticas del Museo de la Memoria junto al Centro de Expresiones Contemporáneas.

Chababo calificó a la donación como "un acto reparatorio ante un gesto de censura" y resumió el tema: las relaciones entre arte y política, entre ética y estética en cuanto a los límites de la representación. "¿El escándalo? --preguntó Echen, hoy funcionario del CEC--, ¿es constitutivo de la obra de Castagnotto? Hay dos obras, una antes del efecto 34ARC, y otra después. El escándalo, ¿dónde se sitúa? ¿En el otro, en el autor, en una convergencia?".

Carlos Herrera testimonió su experiencia como director del Museo Castagnino cuando tuvo lugar un "caos" similar en 2008, aunque no fue hecho público, en torno a una obra de Mauro Guzmán que representaba un beso entre Jesús y Superman y fue adquirida por Torres, quien renunció a la Fundación Castagnino: "Como acción directa ante lo sucedido con Ricardo, decido ir por la incorporación de la obra de Mónica a la Fundación Castagnino", recuerda Herrera, quien inició las gestiones con Castagnotto. Ante el silencio de la Fundación frente a su sugerencia por escrito de comprar la obra, Herrera impulsó la formación del pool de donantes e inició las gestiones con la autora, quien se había rehusado a donarla en 2003 percibiendo un precio simbólico. "De la censura no se conversa, la censura se denuncia", le reprochó Montini a la hora del micrófono abierto para las preguntas.

Montini presentó allí un trabajo, centrado en la vulnerabilidad de la autonomía del campo artístico local: "La batalla entre la novedad y la tradición. 34 Artistas Rosarinos Contemporáneos en la modernización del campo artístico rosarino". Su intervención se basó rigurosamente en documentos. "Era el momento de transición entre la presidencia de Menem y la de De la Rúa", evocó Montini para poner en contexto a esta exposición que logró la ansiada modernización y expresó el apoyo municipal a obras de 34 artistas rosarinos reconocidos en Buenos Aires pero no en su ciudad. "Fue inaugurada en noviembre de 1999, cuando se reabre el Museo luego de estar cerrado por refacciones. Para la inversión en el acondicionamiento del edificio, la Municipalidad se asocia con la Fundación Camino, que sale a buscar patrocinantes para estos aportes. Se organizan dos exposiciones para la inauguración: una, Presencias reales, curada por Fernando Farina, intentaba reflejar el pasado memorable del arte rosarino. 34ARC intentaba reflejar el promisorio futuro y señaló el ingreso del arte local a las reglas del arte contemporáneo. Los curadores, Andrés Duprat (director del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca) y Sonia Becce (curadora del espacio de arte de la Alianza Francesa de Buenos Aires), legitimaban aún más el arte que se estaba exhibiendo y buscaron establecer un estado de situación, excluyendo toda pretensión antológica. Se expusieron una amplia gama de planteos estéticos y muchos eran realmente una novedad. Sin embargo no se incluyeron obras de los artistas de lo que se llamaba la generación intermedia, quienes antes de la inauguración cuestionaron frente al secretario de Cultura, Marcelo Romeu, una convocatoria que percibían como poco transparente y apresurada. Se planteó una confusión entre los mecanismos de selección de la práctica curatorial con los de un salón o un concurso. Esta exposición dio el puntapié inicial a una continuidad institucional de exposiciones de arte contemporáneo", recapituló Montini, quien subtitula como "la tradición contraataca" al pedido del arzobispado realizado a través de la presidenta de la Fundación Camino para que la obra fuese retirada de la exposición. Esto disparó un conflicto legal y social, con fuertes repercusiones mediáticas, que dejó como secuela un temor a la censura. Montini lo comparó con el escándalo que tuvo lugar ese mismo verano en torno a una muestra de León Ferrari en el ICI y que le costó la renuncia a su director, José Tono Martínez.

"A diferencia del arte del pasado, pensar una obra de arte contemporáneo dentro de una colección abre un universo de debates que tienen que ver con qué es hoy en día una colección pública", sostuvo Nancy Rojas. "Una imagen que tiene un poder increíble, al ser incorporada nos lleva a que estemos hoy preguntándonos por el poder de esta imagen, por la censura y por las políticas culturales. La sociedad debería asumirse como responsable de todas estas ideas".

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La obra de Mónica Castagnotto formó parte, en 1999, de la muestra colectiva 34 Artistas Rosarinos Contemporáneos.
 
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