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Miércoles, 26 de agosto de 2015

CULTURA / ESPECTáCULOS › LITERATURA. CARTAS DE CERA, NUEVA OBRA DE MARíA LANESE

El milagro de una voz

Publicado por Huesos de Jibia, el poemario de la poeta, cantante y psiconoalista es bilingüe: escritos en español, sus textos fueron traducidos al italiano por Antonio Pinto. En ellos Lanese vuelve a abordar a las paradojas del amor.

 Por Beatriz Vignoli

La cera es un material extremadamente dúctil y muy poco durable. Un cilindro de cera de fonógrafo puede registrar con fidelidad la huella de una voz pero la borrará por desgaste más allá de las cien reproducciones, en el mejor de los casos. En 1880 comenzaron a comercializarse estos soportes de archivo tan efímeros. Un anuncio de 1913 hallado en Wikipedia muestra a una dama leyendo una carta ante el fonógrafo, grabándola literalmente, con el texto: "Haz un registro de tu voz y envíaselo a él".

Poeta, psicoanalista y cantante, autora de Sonidos Graves (2006), Mariposas en la lengua (2008) y Ancora (2014), María Lanese (Ripalimosano, Italia, 1945; radicada en Rosario desde 1949) eligió ese material como metáfora de las paradojas del amor para titular su nuevo libro, Cartas de cera, que se presentó en Rosario el viernes pasado, con Emilio Bellón como orador y música de Alejandro Coria. Publicado en Buenos Aires por Huesos de Jibia, el poemario es bilingüe. Ni en una cosa ni en otra difiere del anterior, Ancora. Huesos de Jibia viene realizando una labor sostenida en la publicación de libros de autores rosarinos, que se mostrará en una lectura de poesía el próximo martes a las 19.30 en el Espacio Cultural Universitario de la UNR (ECU, San Martín 750), donde participarán Lanese, Gilda Di Crosta, María Cecilia Micetich y otros.

Volviendo a Lanese, si en Ancora escribía en italiano y se traducía al castellano, esta vez los poemas fueron escritos en castellano y los tradujo Antonio Pinto al italiano. Completan el arsenal de paratextos un prólogo de Elkin Restrepo, la contratapa por Raúl Zurita, un epígrafe clásico, un fresco pompeyano en la tapa y recurrentes citas de Pascal Quignard. En italiano, "cartas" se carga de un doble sentido ("lettere" significa también "letras"). Estos matices iridiscentes de la lengua los capta Lanese en el muaré de lo que cabe suponer su idioma materno (el italiano); ya en el otro libro se perdían en la traducción, pérdida que en el nuevo se compensará más que nada gracias a un íntimo saber. Salvo por algunos destellos de sabiduría que la psicoanalista le regala a la poeta (quien los expresa en versos de rotunda lucidez) o por algunas preciosas instancias de síntesis ("eras la danza/ eran líneas/ eras azor ente dos lunas") no hay mucho aquí de la majestad del libro anterior.

Formas correctas plasman ideas banales, excepto por el ocasional rayo de autoconciencia que desgarra los semblantes y revela el artificio. Lanese escribe también aquí sobre el amor desde el punto de vista femenino, es decir: desde la posición de quien sabe hacer con él una mística del infinito donde salir a perderse, en busca de un Amado ausente pero siempre disponible como espejismo refulgente en algún limbo secreto de la Una: "aquí/ donde no estás/ anochece/ te revela un resplandor".

De pronto esto tampoco está; entonces, ¿cuándo estuvo? ¿Cómo antes estaba y ahora no? Las preguntas quedan sin respuesta, mientras la ética poética labra una fenomenología del asombro: "Ya no estás/ antes/ ﷓no sé de qué﷓/ alguna estela se movía hacia algún color/ y aparecías". Hay una sola explicación para esta ilusión de presencia: se trata de "Prodigios/ que el amor procura". Por lo demás, "nada que reanudar/ ni una hendija que delate/ que somos dos los que hablamos".

Este nuevo saber sobre el amor se parece cada vez más al humor, a un humor elegante y desencantado. Aunque no haya destinatario a la vista y la carta de cera se derrita, el milagro del fonógrafo se ha logrado: el del registro de la propia voz.

Es todo lo que queda: "una voz y nada más", como dijera Ovidio de la menguante Eco, que no pudo arrancar a Narciso de su espejo. Al fin la presencia, propia o del otro, subsiste como trabajo de escritura: "Ya no te escribo/ y era/ una forma/ aquella/ de estar"; "Unión sin contacto/ aureola macerada/ en las aguas virtuosas del recuerdo/ Esto queda".

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María Lanese en la presentacion de su libro en Mal de Archivo (retratada por Adolfo Corts)
 
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