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Miércoles, 14 de octubre de 2015

CULTURA / ESPECTáCULOS › LITERATURA. ESTE SáBADO SE PRESENTA EN ROSARIO APARECIDA, DE MARTA DILLON

Cuerpo, muerte, amor y militancia

"Es lo más cercano a la literatura pura que he escrito", reconoce Dillon sobre su nuevo libro, donde el tono autobiográfico atraviesa a una obra inspirada en lecturas de Roland Barthes, León Rozitchner, Jorge Semprún y W. G. Sebald.

 Por Beatriz Vignoli

"Me llegan muchos mensajes de gente que me escribe; todos los días recibo gestos de amor", responde Marta Dillon, muy contenta con la recepción que viene teniendo su libro Aparecida, que Editorial Sudamericana publicó en junio de este año y que en julio ya tuvo una segunda edición. "La otra vez estaba andando en bicicleta y alguien me dijo: '¡Me encantó tu libro!'. Un día salí a comer con mi hijo y la moza nos vio y se puso a llorar; justo lo estaba leyendo", recuerda. Este sábado 17 de octubre, a las 19.30, en el Petit Salón de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza), Aparecida se presenta en la ciudad de Rosario.

La autora vendrá desde Buenos Aires, donde dirige Las 12, suplemento de mujeres de Página/12. Fundadora además del suplemento Soy, Dillon viene aportando al periodismo (además de su claridad política en cuestiones de género y diversidad sexual) una escritura de calidad literaria. "Aparecida es lo más cercano a la literatura pura que he escrito. Igual yo creo que todo mi trabajo está cruzado por la búsqueda de una voz propia", dice en relación con su libro anterior, Corazones cautivos, una crónica sobre gente que vive en las cárceles. Esta voz ya sonaba en Vivir con virus (2004), libro tan autobiográfico como Aparecida, y que combina de otro modo los mismos temas: el cuerpo, la muerte, el amor, la militancia.

Inspirado en lecturas literarias y filosóficas de Roland Barthes (Diario de un duelo), León Rozitchner (Materialismo enseñado), Jorge Semprún y W. G. Sebald, como también en la poesía de Miguel Hernández y la lectura de epitafios, Aparecida se propuso ser "una reflexión sobre la muerte y sobre el cuerpo, sobre qué amamos de lo que amamos y dónde está eso cuando no está". El libro cabe con holgura en la tradición de obras literarias de no ficción, como las de Primo Levi, que atestiguan la condición humana en los límites: "(los cuerpos NN) no eran nada, eran cosas, los que habían sido seguían ligados a la vida aun muertos porque no estaban en ningún lado", escribe Dillon.

Esta memoir empieza en 2010 con la noticia de la identificación cierta de unos huesos de su madre, Marta Taboada, abogada, militante, desaparecida por la última dictadura el 28 de octubre de 1976 y asesinada en un "enfrentamiento" fraguado el 2 de febrero de 1977, tras cuatro meses de cautiverio. Este crimen atroz formó parte de una serie que Rodolfo Walsh llamó "la masacre de Ciudadela". La noticia de 2010 le llega a la hija a través del océano, en medio de un viaje compartido con su pareja, la cineasta Albertina Carri, y el hijo de ambas.

Néstor Kirchner ha aprobado la ley de matrimonio igualitario y morirá en vísperas del casamiento entre Dillon y Carri, que coincidirá con sus exequias y con el aniversario del secuestro de Marta Taboada. Una primavera resuena en la otra. Lo privado y las luchas colectivas (la de HIJOS, las del amor igualitario) se entraman con hilos singulares. El amor y la muerte, el pasado y el presente se enfrentan e interrogan en un juego de espejos infinito, una imaginería proliferante de preguntas, una imaginación desbordada que sólo se detendrá cuando venga lo real (abrochado a lo simbólico del discurso burocrático y científico, al trabajo preciso y minucioso del Equipo de Antropología Forense) a ponerle un borde. Y esto que pone borde a la fantasía infantil desbordada (Dillon tenía diez años cuando se llevaron a su madre) son unos huesos y su nominación.

Encontrar la materialidad cierta y certificada del cuerpo de su madre es también una forma de perder lo que la imaginación tejió. Por eso, el anhelado encuentro con esa materia también es temido. Pero una vez producido, "permite descansar; hay un alivio", dice Marta Dillon. Hay un alivio en encontrar sus restos, en escribir la historia de ese encuentro y en saber esto: "ella está en algún lado. Al escribir este libro comprendí el valor del materialismo, la importancia de lo material para la vida humana", afirma. Pero agrega: "hay que seguir la lucha política y el juicio, más allá de que lo subjetivo descanse".

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Marta Dillon es editora del suplemento Las 12 de Página/12, donde además fundó el suple Soy.
 
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