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Lunes, 2 de octubre de 2006

CULTURA / ESPECTáCULOS › RELATO SOBRE EL DESTINO TRAGICO DEL "VUELO 93"

Sin maniqueísmo ni paranoia

 Por Leandro Arteaga

VUELO 93 (United 93)Francia, Inglaterra, EEUU 7 puntos

Dirección y guión: Paul Greengrass.

Música: John Powell.

Fotografía: Barry Ackroyd.

Montaje: Clare Douglas, Richard Pearson, Christopher Rouse.

Intérpretes: J.J. Jonson, Gary Commock, David Alan Basche, Opal Alladin, Starla Benford, Trish Gates, Nancy McDoniel.

Dada la predisposición hacia la paranoia patriótica, que fomenta indudablemente el mismo cine norteamericano, Vuelo 93 se presenta, contrariamente a lo que puede suponerse, de un modo sobrio, respetuoso, y con virtudes cinematográficas.

Por ejemplo, no hay papeles reservados para ningún actor de renombre. Muchos de los partícipes del film fueron verdaderos testigos, desde su tarea, de la tragedia. Puede reprocharse la metahistoria que la CNN hizo de este hecho, catalogándolo de verdadero gesto heróico por parte de los pasajeros que enfrentaron a los terroristas de abordo. Pero el relato exitista televisivo aquí está ausente. Nada puede suponer certezas acerca de lo que verdaderamente ocurrió durante la terrible travesía del vuelo número 93, único en no alcanzar su objetivo durante el hoy bautizado 11﷓S. Sí queda el testimonio de los llamados telefónicos, los cuales tienen su lugar pertinente en este film, que no duda en dar una visión decidida de los hechos.

Hay que destacar, de todos modos, la progresiva acción dramática del film de Paul Greengrass (La supremacía de Bourne), que comienza desde el diario y cotidiano trajinar del servicio aéreo, con los pasajeros y trabajadores ignorantes de lo que sucederá, más los sucesivos impactos que suponen la posibilidad del secuestro, la confirmación sucesiva de éste y de otros más, y la visión en llamas del World Trade Center. Pero por sobre todo, no hay una exaltación maniquea de la situación, tal como la que parece prometer el slogan del film de Oliver Stone: Torres Gemelas ("Ese día el mundo conoció la maldad"). Es así que la elección narrativa del film se sostiene desde este hacer cotidiano, soportando con el espectador su extrañamiento imprevisto: la cámara se encierra con los personajes en el avión predestinado; y nosotros con ellos.

Desde luego que Vuelo 93 significa un costado sintomático para un hecho que será resemantizado por EE.UU., de acuerdo con sus necesidades. Pero hay que reconocerle virtudes que la alejan del prejuicio del espectador más desconfiado, como así también de un film pésimo como Terror a bordo (película que opera, si bien desde un lugar delirante, con mismos fines catárticos).

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La cámara se encierra en el avión junto a los pasajeros. Greengrass elude el patrioterismo y apela a los testimonios.
 
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