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Domingo, 6 de mayo de 2012

CONTRATAPA › FOTOGRAFIANDO LA ZONA

No envidies mi progreso

 Por Adrián Abonizio

* El carrito tirado a sangre de caballo de morocho está pintado de azul, orgulloso y señero. Lleva una máscara de diablo atrás y una foto de San Francisco. La Virgen va oronda en su carruaje astral; Maradona, la cabecita de un muñeco de goma, ositos de peluche rasposos, una bandera argentina deshilachada. Y abajo colgando como una advertencia un cartelito pintado a mano, rojo sobre fondo negro: "No envidies mi progreso si no valorás mi esfuerzo".

* Cuando discute sobre política, ante la mesa de intelectuales sombríos y fracasados siempre se siente en derrota: Le esgrimen argumentos, cifras y lo terminan acallando. Es un acumulador a punto de explotar. Atacan a Cristina. Los motes son ofensivos. Diario en mano, se levanta y le da un sopapazo de papel al que tiene delante. Sólo eso le basta. -Ni para una trompada, servís. Y cierra: -Aprendé de Perón que se cogía a todas las putas como a tu señora!.Y si no es Perón será cualquier otro!. La ofensa es peor que la volcada a la investidura presidencial, pero tristemente cierta, confirmada en el silencio que desciende como un yunque sobre la mesa. Todo es tan nítidamente obvio que el agresor pide disculpas y cándidamente exclama. ﷓No...no sabía nada, empeorando más la situación.Una cosa es segura, en ese lugar nunca más se le habrá de faltar el respeto a dama alguna.

* -Mirá ese calco -señala un auto&- que ahora llevan todos los cándidos detrás: Una familia con sus hijitos. Es igual a la que muestran ciertas señoras en el cuello. Una cadena que las jerarquizara como entes reproductoras. ﷓Pobres, cierra ella. Y el que maneja el coche no deja de asombrarse y felicitar la agudeza de su novia. Por las dudas, pensará el momento exacto de pedirle que se casen.

* Ve en un video a Gary Burton haciendo un solo de marimba que suena impresionante. Lo dice sin ironía, creyendo que es así, con su pasado de intérprete de distintos instrumentos que nunca fue: "La música sólo es una cuestión de puntería".

* -"La felicidad también se compra", escucha en una propaladora zonal camino a Córdoba. Y debe ser así: Adquieren autos, departamentos, amantes y títulos para sus retoños. ¿Cómo no se va a poner al aire una propaganda de esa dimensión tan certera?

* Cuando eran novios ella acostumbraba llamarle a su madre desde el departamento de él mintiéndole. -Mamá, estoy atrasada con un exámen. Luego de siglos casado él recibe de ella un mensaje de texto similar, sólo que encabezado por un "querido". Intuye que lo escribió sin advertirlo, distraída como es. Pero él, atento a los detalles que regala la historia adivina el contexto y se imagina absolutamente el resto. La obra le concede un bis perturbador, la repetición que suele condenar a las olvidadizas.

* La propaganda suena sedosa, invitante. Luego, las advertencias legales se dicen como una ametralladora: Hay que cumplir con la ley. Le parece una estupidez que lo desgracia. Cambia de dial y encuentra lo mismo. El mundo está perdido, que duda cabe.

* La abuela tiene por toda la casa anotaciones que su nieto le deja, perdida en su limbo de cerebro añoso con Alzheimer. Por ejemplo: Abuela, cierre bien la llave del gas. O Abuela, no deje la puerta de la heladera abierta. Eso siempre y cuando la anciana encuentre los papeles o la encuentren a ella misma, perdida a veces en otras habitaciones del barrio, en otras casas desde donde la suelen devolver cada vez que se convence que el mundo es ancho y le pertenece.

* Ella es bellísima, legítima, no usa pintura y sonríe con generosidad. Está en la oficina de informes -mostrador rasposo- de una oficina pública a merced de una lamparita exangüe. Pero el tiempo transcurrido, la costumbre de su hermosura, hacen que se empiece a mimetizar con los muebles, con los empleados apáticos, con la servidumbre de una vida idiota y a fuerza de verla, uno tome a esa lindura hechizante por una estampa vulgar. No es conciente de su irradiar y por ello se encuentra castigada en este mundo: Condenada a perecer de a poco por no amarse ni un poquito, ni tan siquiera un algo al menos que le permita escaparse del sortilegio macabro en los confines de su encierro. De su torre horizontal vigilada por dos gordos de la agencia de seguridad que la custodian tanto como la adoran.

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