rosario

Viernes, 24 de agosto de 2012

CONTRATAPA

Historias de metalúrgicos

 Por Victorio Paulón *

El 20 de marzo de 1975 el ministro del interior Alberto Rocamora denunció un "complot subversivo destinado a paralizar el cordón industrial del Paraná". La consecuencia inmediata fue la invasión armada sobre esta ciudad del sur santafesino para mandar a la cárcel a cuanto directivo, comisión interna o delegado de base cayera en la redada. En un aspecto lo de Villa fue una especie de ensayo de lo que sobrevendría un año después a escala nacional.

La complicidad de la empresa Acindar era indiscutible. Tras la expulsión de los doce delegados en marzo de 1974 la Comisión Interna se reúne con el gerente de Personal, el Caballo Aznárez, para pedirle que la empresa no interviniera en el conflicto interno de la organización y como respuesta el tipo dice que a todos los que la UOM expulsara serían despedidos. Quedaba en claro que se cumplía el viejo apotegma del Lobo Vandor "el que molesta en la fábrica, molesta en el sindicato". Acindar tenía su propia versión de la consigna: "El que molesta en el sindicato molesta en la fábrica."

La Planta Integral, un proyecto de una acería eléctrica con una planta auxiliar de tratamiento del mineral de hierro que se conoce como Reducción Directa, reemplazaría el sistema de Altos Hornos como tenía SOMISA en la vecina ciudad de San Nicolás. Por esos días el crédito para la obra estaba bastante avanzado. Leída la historia de atrás hacia delante el verdadero protagonista de tanta represión resulta ser Acindar, que jugó con las contradicciones internas del sindicalismo para posicionarse en el esquema de poder que ya se estaba pergeñando y se plasmaría a partir del 24 de marzo de 1976.

Es menester reconocer que en aquel momento no comprendíamos la complejidad de esta trama, lo existente era lo visible, presionados por las urgencias cotidianas y nuestro propio atraso político. Ni siquiera nos daba para explicar por qué tanto despliegue para sofocar una joven vanguardia obrera que se proponía cambiar algunas cosas en el viejo sindicalismo. Esta clave encierra el punto histórico en que se toma la decisión de reprimir de esa manera. Los antecedentes hasta ese momento eran de otro tipo de intervención. Tanto en Luz y Fuerza de Córdoba, el SMATA, o la Federación Gráfica Bonaerense, las intervenciones que se produjeron eran menos aparatosas, sin el despliegue infernal de la noche del 19 de marzo de 1975 en Villa Constitución y todo el cordón industrial que va de San Lorenzo a San Nicolás.

El Comité de Lucha era en realidad una especie de coordinación política de los grupos y tendencias que se disputaban la conducción de la huelga. Habíamos creado un espacio de discusión al que llamamos entonces jocosamente el "Consejo de Ancianos". Quienes lo integraban tenían unos diez años más que el promedio de los miembros del Comité. El Tío Retamar por Montoneros, el Viejo Baquela por el PRT, El Rabino Rabinovich por el PST, el Cabezón Sobrero por Poder Obrero, Eduardo Duhalde por el Frente Revolucionario Peronista (cuyo referente era Armando Jaime de la CGT de Salta), más el Viejo Chávez y Luis Tomasevich por el PC, mantenían semanalmente una reunión con el Comité de Lucha donde acordábamos distintas tareas de las que se ocupaban cada uno de los partidos.

Por ejemplo, el PST, que tenía legalidad como partido, se encargaba semanalmente de organizar una visita a la cárcel de Coronda, fuera de los días de visita, en donde discutíamos con los dirigentes presos la marcha de la huelga.

Era evidente que la diferencia fundamental pasaba por la cuestión de la lucha armada. En ese debate tanto el PRT como Poder Obrero y Montoneros tenían coincidencias que el PST, el PC y Política Obrera repudiaban. Claro está que las bandas parapoliciales y las patotas sindicales no hacían demasiadas diferencias a la hora de actuar contra el "zurdaje". Por esos días el PRT había ofrecido una tregua a su accionar armado en la búsqueda de articular un frente político que compitiera en las elecciones que se avecinaban. La huelga de Villa era un escenario donde se entremezclaban todas estas cuestiones.

Con el correr de las semanas el clima se fue enrareciendo. Las patotas armadas recorrían los barrios cada vez más asiduamente. Hubo un tiroteo a un local de un barrio, donde se suponía funcionaba el Comité de Lucha, que cobró la vida de Viribay y Ponce de León, dos vecinos ajenos a la huelga, y esto incrementó el miedo en la población.

Los miembros del Comité de Lucha nos movilizábamos cada vez con más cuidado. Las organizaciones empezaron a custodiar a sus militantes. Zenón Sánchez y Luis Segovia por parte del PRT y Raulito por los Montoneros se instalaron en Rosario y ahí el Comité funcionaba en la sede de la Lista Azul de los metalúrgicos locales, la oposición a la burocracia metalúrgica rosarina, o eventualmente en el local del Encuentro Nacional de los Argentinos, una alianza partidaria de centroizquierda con el PC y los radicales intransigentes que se preparaba para las elecciones del año siguiente. El debate político al interior también se endureció. Cuando el ERP copa el batallón de Arsenales en Fray Luis Beltrán la crisis se profundiza y los compañeros ligados al PST y al PC, acentúan sus críticas y empezaban a plantear la necesidad de negociar una salida a la huelga.

Las diferencias se hacen públicas cuando lanzamos una convocatoria a una asamblea en la plaza central de Villa Constitución para el día 16 de abril. Los compañeros Pacho y Pepe dan una dura discusión oponiéndose al llamamiento porque insistían en que iba a terminar en una dura represión y salen públicamente a desautorizar la convocatoria. El Negro Segovia firmó personalmente un comunicado como Comité de Lucha acusándolos de traidores y reiterando la convocatoria. Tal vez esta pelea pública desconcertara al gobierno, y por eso logramos hacer una asamblea en la plaza con la presencia de unos 1500 compañeros, con la policía ausente. Allí reiteramos la continuidad de la lucha y convocamos a una marcha esa misma noche sobre la Casa Radical, donde se realizaría una reunión de la multipartidaria. La asamblea en la plaza nos oxigenó. Ahí mismo nos convocamos esa misma noche en el local de la Unión Ferroviaria y marchamos al local de la UCR a la reunión de la multipartidaria. En la puerta de la Casa Radical se realizó una asamblea multitudinaria, donde habló el Negro Segovia, que era un gran orador que sabía llegar al corazón de los trabajadores, convocando a una marcha y asamblea general para el día 22 de abril.

* Fragmento del libro Una larga huelga, que se presenta hoy, a las 18, en La Toma (Tucumán 1349)

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