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Domingo, 26 de enero de 2014

CIUDAD › EL BARRIO LAS FLORES SERá EL PRIMERO DE LA CIUDAD EN CONTAR CON LA NUEVA POLICíA COMUNITARIA

El desembarco deberá vencer la desconfianza

Vecinos e instituciones de la barriada del sur marcaron sus prevenciones ante los anuncios del gobierno provincial.

 Por Evelyn Arach

El Barrio Las Flores, ubicado en el extremo sur de la ciudad, ha sido el elegido por el Ejecutivo Provincial para el desembarco, en marzo de este año, de la Policía Comunitaria, conformada en su inicio por unos 45 agentes que prestarán un servicio de proximidad, poniéndose en contacto con las necesidades de los vecinos y -según esgrimieron las autoridades- hasta "dejándoles su celular" para cualquier consulta en materia de seguridad.

El anuncio es vivido con cierto escepticismo por los vecinos. Una reacción que se condice con la mirada que tienen de la actual fuerza policial. "Si depende de la misma policía que tenemos no se puede esperar nada. Si cuando vas a la comisaría ni te quieren tomar la denuncia o se quejan de que no tienen chalecos ni móviles, o peor: le avisan a los delincuentes...", expresó a Rosario/12 S., una vecina que desde hace 38 años vive en el barrio.

A su lado, otro vecino relata que hace dos semanas robaron por cuarta vez la Huerta Comunitaria Rosarina Linda, que funciona en San Martín al 7200, con acciones para incluir socialmente a los sectores más vulnerables. "Antes nos habían robado 80 mil pesos en herramientas y estuvimos dos horas para que nos tomen la denuncia. En este último robo el comisario se quejó porque tiene 14 presos en la comisaría y nos dijo que no quiere más presos en la dependencia", contó indignado quien es uno de los responsables de la huerta. Y añadió que desde que se llevaron las máquinas desmalezadoras deben trabajar "a pala".

La posibilidad de contar con un cuerpo de 45 policías al servicio de los vecinos, tratando de ganarse su confianza y brindar un servicio público aparece como una postal difícil de imaginar para quienes transitan a diario esa barriada.

"Acá los pibes se drogan en la calle, la droga se vende en todas partes. No podés descuidar a tus hijos porque enseguida caen... y la policía sabe todo", opinó S. graficando la situación.

Por su parte, el presidente del Centro Vecinal Las Flores Este, Felipe Schreyer se quejó porque a la hora de pensar en una intervención específica para el barrio "nadie nos llamó ni consultó nada".

Y también esgrimió una mirada escéptica. "Quieren que se recupere la relación con la policía... ¿Qué relación? Si acá la gente no confía en la policía. Cuando roban un celular o una cartera, ni siquiera hacen la denuncia porque saben que no pasa nada, que es una pérdida de tiempo", sostuvo y opinó que el sector de mayor conflictividad social está ubicado en la zona sur del barrio, cruzando la Circunvalación, en sectores conocidos como La Granada o 17 de agosto.

"Todos los días, después de las 19, aparece una multitud de chicos subidos a carritos rumbo al centro para juntar cartones. Son pibes que provienen de esa zona, que han dejado la escuela y no tienen trabajo, muchas veces se drogan... ¿ese es el futuro? Y eso no resuelve con más policías, sino con asistentes sociales que trabajen en serio y vengan los fines de semana a ver qué pasa acá", disparó Schreyer con preocupación.

En esa misma línea, expresaron su opinión los distintos referentes en materia educativa, de salud y religiosa consultados por este diario. Apuntan a que el problema de seguridad en Barrio Las Flores no se relaciona con nuevos uniformados, porque obedece a una complejidad social más profunda.

"Frecuentemente tenemos casos de chicos que dejan la escuela y caen en las drogas y terminan limpiando vidrios en la rotonda de Oroño y Batlle y Ordoñez. Pese a las intervenciones sociales de provincia y municipio no hay quien logre contenerlos... ese es uno de los problemas más arraigados que debe resolverse no con cosmética o maquillaje como han hecho hasta ahora", opino Miguel Osuna, docente de la Escuela Especial Nº 2097 que funciona en Las Flores.

Y añadió: "Desde hace un par de años no solo han aumentado las muertes violentas que son la expresión más extrema de la conflictividad social, sino que en un año perdimos seis alumnos porque las familias estaban amenazadas de muerte por las bandas narcos enfrentadas entre sí y se tuvieron que ir del barrio".

"Es muy difícil que la gente confíe en la policía comunitaria o como se llame, porque la sociedad tiene la percepción de que las fuerzas de seguridad conviven con el delito", reflexionó con dureza.

En eso coincidió también el sacerdote a cargo de parroquia que funciona en el Barrio, Walter Curi, que desde agosto del año pasado se desempeña allí. "Como experiencia creo que va a encontrar reparos porque existe cierto prejuicio hacia la policía. Pero además la solución no es traer más uniformados sino recuperar al vecino, recuperar la convivencia pacífica y el tejido social que se ha desmembrado", opinó.

Igual, destacó que la creación de la Policía Comunitaria es "un gran intento por recuperar la confianza en el otro y una oportunidad para que los vecinos también hagan su parte en ese sentido".

Pero, según este sacerdote, lo que ocurre en Las Flores no difiere de lo que pasa en otros barrios. "La inseguridad, los ajustes de cuentas entre bandas, la droga... también existe en otros sectores de la ciudad. Pero hay una especie de leyenda urbana que dice que Las Flores es 'el' lugar donde pasa esto. Y no. En Saladillo, donde también presto servicio, se vive la misma realidad", describió.

Lo cierto es que lejos de la mirada optimista del gobierno provincial que esgrime los buenos resultados que este tipo de fuerzas han logrado en otros países, la postal en Las Flores es de desazón e indiferencia, ante una fuerza que ha permanecido demasiado distante de su realidad cotidiana sumida en la marginalidad y a quien ven más ligada al delito que a la seguridad propiamente dicha. Será solo cuestión de esperar a ver si la flamante Policía Comunitaria logra transformar esa percepción.

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En el barrio sostienen que ni siquiera se denuncian los arrebatos, por la inacción policial.
Imagen: Andrés Macera.
 
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