UNIVERSIDAD › EL CRECIMIENTO DE LA CARRERA DE CIENCIAS AMBIENTALES EN LA UBA

Cambio de perfil en Agronomía

Creada en 2003, Ciencias Ambientales ya recibe cada año tantos estudiantes nuevos como la carrera de Agronomía. El alumnado de la facultad se está modificando con el ingreso de jóvenes con preocupaciones sociales y una mirada crítica sobre la producción agropecuaria.

Fundada hace una década en la Facultad de Agronomía (UBA), la carrera de Ciencias Ambientales creció hasta equiparar la cantidad de nuevos alumnos inscriptos en Agronomía, la carrera más tradicional de la facultad: ambas reciben unos 300 estudiantes cada año. Este crecimiento comenzó a producir también un cambio en el perfil del alumnado de la facultad. Mientras Agronomía atrajo históricamente a muchos jóvenes provenientes de familias de origen rural, ligadas a la producción agropecuaria, Ciencias Ambientales comenzó a atraer a estudiantes de origen urbano, con preocupaciones sociales y una mirada crítica sobre procesos como la expansión del monocultivo de soja.

“La licenciatura de Ciencias Ambientales (UBA) surgió por la necesidad de dar respuestas a las problemáticas ambientales, que son cada vez más importantes y que muchas veces están vinculadas con la producción agropecuaria”, le explica a Página/12 el ingeniero agrónomo José Paruelo, director de la carrera creada en 2003. El plan de estudios busca darles un enfoque crítico y científico a las cuestiones ambientales, para formar profesionales que puedan identificar los factores que impactan negativamente en los ecosistemas, aportándole a la problemática una perspectiva social.

“Había una necesidad de generar una biología aplicada que se ocupara de los problemas ambientales, pero que combinara la formación biológica centrada en los ecosistemas con el componente económico y social”, señala Paruelo, investigador del Conicet. La carrera también se ocupa, por ejemplo, de la contaminación de los cursos de agua, los residuos urbanos, los problemas asociados a la expansión de la soja y los desmontes rurales.

“El profesional en Ciencias Ambientales debe solucionar problemas que no cubren ni el ingeniero agrónomo –porque allí el sesgo se da a partir de la implementación de herramientas para trabajar sobre la producción– ni carreras como Biología u otras de las Ciencias Naturales.” Esos problemas ambientales, explica, se abordan a partir de la combinación de elementos y enfoques biológicos, físico-químicos, sociales, económicos y tecnológicos, es decir, desde una mirada transdisciplinar. “Venimos de distintas áreas del conocimiento, desde la ecología, la economía o las ciencias sociales.”

A diferencia de Agronomía, cuyos alumnos provienen en gran proporción de familias de origen rural, Ciencias Ambientales recibe a otro tipo de estudiantes: “No hay tanto estudiante del interior con un vínculo directo con la producción agropecuaria. Nuestros jóvenes tienen un perfil en donde aparece una preocupación social muy fuerte. En general vienen con una posición en donde la dimensión social de los problemas que generan las intervenciones humanas es muy relevante y eso no se ve en los estudiantes de Agronomía, donde hay una preocupación más relacionada con lo productivo y lo económico”.

Sin embargo, el especialista aclara que la tensión que se da en las dos carreras es “positiva”. “Las dos carreras tienen cosas en común, aunque con enfoques de problemas diferentes. Una está enfocada en problemas productivos agropecuarios y otra en problemas ambientales. Más que contrastes o diferencias, encontramos complementariedades que generan tensiones saludables, porque permiten llegar a síntesis que son mejores que si las miramos desde un solo lado.”

Patricio Straccia, estudiante de 23 años, le dice a este diario que optó por estudiar Ciencias Ambientales porque “desde chico me interesó el tema de los recursos naturales y su relación con los problemas ambientales”. “Los primeros años –agrega– son bastante parecidos a la carrera de Agronomía y para los que vivimos toda la vida en Capital Federal implica algo totalmente diferente por el enfoque más rural, pero en los últimos años vemos cosas específicas de la carrera desde una perspectiva más crítica”, agrega Straccia, que está cursando el último año de la licenciatura.

Otra estudiante, Josefina Uijt den Bogaard, de 25 años, considera que “Ciencias Ambientales te da las herramientas necesarias para tratar las problemáticas ambientales y no sólo las específicas del suelo”. La estudiante, que está realizando su tesis sobre la optimización del uso de la energía y de la gestión de los residuos urbanos, señala que, como en su mayoría los profesores de la carrera provienen del campo de la investigación científica, “te enseñan desde la base de los problemas ambientales”.

La cantidad de egresados de Ciencias Ambientales creció mucho, sobre todo en los últimos tres años, y ya son setenta los profesionales que se desempeñan en diferentes áreas laborales. En este sentido se destaca el vínculo fuerte que tienen los especialistas con problemáticas como la calidad del agua en la cuenca Matanza-Riachuelo, y sobre cómo impactan en el suelo de allí los residuos urbanos. Además, la Facultad de Agronomía, a través de Ciencias Ambientales, se presentó como amicus curiae (amigo del tribunal) para frenar los desmontes en zonas prohibidas que sucedieron en los últimos años en Salta. “La expansión de la soja es uno de los problemas sobre los que más se trabajó –concluye Paruelo–, para demostrar cómo la producción de ese bien afecta la biodiversidad, el clima y los suelos.”

Informe: Federico Funes.

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