Aúlla, experiencias de un feminismo artístico
La presencia de los cuerpos
Este colectivo de mujeres se vale del arte para generar consciencia, provocar debates y denunciar. Hoy acompañarán la lucha de Madres Víctimas de Trata durante la marcha de mujeres en la ciudad.
Imagen: Cecilia Salas

"Este año decidimos articular y pensar juntas, componer una propuesta de marcha. Iremos haciendo acciones performáticas y denunciando junto a Madres Víctimas de Trata”, dice Carolina Villa, miembro activa de Aúlla, un colectivo artístico de mujeres feministas, lesbianas, transgénero, travestis y cisgénero, independientes, autoconvocadas y apartidarias. Ella es bailarina, intérprete y docente, y participa de estas acciones que desde 2016 congregan el arte y la denuncia. Este 8 de marzo, Aúlla y Las Mariposas A.U.Ge–otro colectivo artístico que hace intervenciones urbanas para “generar consciencia, provocar, denunciar el sistema prostituyente y presionar a los gobiernos a erradicarlos”– apoyarán la lucha de las Madres Víctimas de Trata durante la marcha de mujeres en la Ciudad de Buenos Aires, corolario del paro nacional.

Aúlla comenzó como una iniciativa de mujeres de las artes escénicas, al darse cuenta de las desigualdades de jerarquía en el medio teatral. Primero hizo falta verlo, luego vino la acción. Un grupo de Facebook nucleó a estas mujeres ávidas de expresar la desigualdad, y comenzaron los debates. Un relevamiento evidenció el nulo acceso de mujeres a lugares jerárquicos. “Empezamos a ver que los premios eran mayormente otorgados a hombres; miembros del jurado de premios que se entregan en instituciones teatrales son hombres; mismo en Argentores, donde hay plaquitas en una pared en la que están los nombres de autores nacionales, y son todos hombres”, reseña Carolina. Así que empezaron a hacer placas en internet evidenciando esta diferencia, mientras mujeres de otras artes, como la música, el cine, la escritura, la pintura o la danza, se plegaban al colectivo.

Estos espacios de encuentro, de los que Aúlla no es el único, funcionan como un centro en el que la sororidad es una palabra que cobró sentido. La solidaridad y la concordia entre mujeres involucran un reconocimiento mutuo, plural y colectivo. De esta manera, se accede a un enriquecimiento a través de las diferencias. “Cada vez que nos juntamos y nos ponemos a crear, a debatir cosas que nos interpelan, sanamos un montón porque aprendemos sobre el hacer. No es que tenemos un preconcepto sobre las cuestiones; en la práctica una va aprendiendo”, ilustra la bailarina. Y compara lo que es el hecho de leer y buscar información con el acto de estar en contacto y aprender unas de otras para sanar a través de, en este caso, el arte. “Vamos construyendo una manera de hacer y de ser que siempre es colectiva; y en ese vincularnos con otras sanamos, porque inconscientemente cargamos esta historia.”

Si bien las cifras de femicidios son alarmantes y el asunto es prioritario, Carolina rescata como un avance del feminismo que la discusión por la legalización del aborto llegue al Congreso. Lo mismo que la magnitud de las asambleas de mujeres, lesbianas y trans que se están organizando en virtud de justicia e igualdad de derechos y accesos a recursos y posibilidades.

En abril del año pasado, Aúlla participó de la movilización por Micaela García, con fotos impresas de su cara colocadas en la nuca. Al cumplirse dos meses de la desaparición de Santiago Maldonado, se plegaron a la marcha por su aparición con vida. Y en septiembre del año pasado hicieron una acción performática en la puerta del Teatro San Martín, en la semana de No más Trata. En el video que documenta esa acción se las ve vestidas de negro, siendo marcadas como ganado para su comercialización. Bailan y luego una lee un documento: “No están muertas, están desaparecidas para ser prostituidas”, espeta el texto.

“Tratamos de no estar solamente en los femicidios o en cuestiones relacionadas con la mujer, sino también en otras causas”, dice Carolina. La dinámica es hablar para acordar a qué temática darán prioridad. “Vivimos en este país, y siempre pasan cosas terribles, y una quiere estar todo el tiempo poniendo el cuerpo y la voz, denunciando”, dice la bailarina, y recata el hecho de poner el cuerpo, porque es lo que prima. Dice que el cuerpo es lo más silenciado, maltratado, abusado y, finalmente, asesinado: “El cuerpo en presencia en un espacio es significativo y emblemático”.