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El hombre fue claro y firme con su esposa: “Nunca más vamos a volar. Nunca. Es una cuestión de seguridad”. Lo llamativo es que la decisión fue tomada por un experimentado trabajador de la fábrica de Boeing en Carolina del Sur, donde se fabrica el nuevo modelo 787 Dreamliner. El gobierno ya recibió doce denuncias de trabajadores del lugar por graves fallas de seguridad y cuatro empleados le están haciendo juicio a Boeing porque los amenazaron para que se callaran. Dos aerolíneas internacionales ya no aceptan aviones de la firma si fueron construidos en esa planta en particular.

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