Un análisis del modo de nombrar el agujero en lo real de la desaparición forzada de personas
“Me faltan 30.000 palabras”
La expresión “los treintamil” deviene, además de cuantificar la pérdida respecto de su dimensión y alcance, un modo de nombrar eso que fue despojado de su nombre. Al cumplirse un nuevo aniversario del golpe, el interrogante sobre el mal cobra renovada vigencia, de cara a la experiencia vivida por esta sociedad.
Imagen: Comisión Vesubio y Puente 12

Una amiga me dedicó una frase en Facebook. Contaba que le habían preguntado cuántas páginas le faltaban para terminar de escribir su tesis. Ella empezó a explicar que, en realidad, las especificaciones respecto de la extensión no se medían en páginas sino en palabras. Y descontando del total requerido lo que ya tenía escrito, agregó: “me faltan 30.000 palabras”. Apenas terminó de decirlo, quedó sobrecogida por un profundo silencio, el mismo que alcanzó a sus interlocutores. 

Todos escucharon lo mismo. Faltan 30.000 palabras.

Analizando el estatuto de la verdad y la imposibilidad de decirlo todo, Lacan afirma: “las palabras faltan para ello. Incluso por ese imposible, la  verdad es solidaria de lo real”.


Jaques Lacan, Televisión

 

De lo real en la desaparición 

La figura de la desaparición, como práctica represiva implementada en los años de terrorismo de Estado en la Argentina, en los 70 y principios de los 80, dejó un saldo de 30.000 desaparecidos. Se cumplen este mes 42 años del golpe del 24 de marzo de 1976 y los efectos e implicancias que esta práctica generó, tanto en torno a las llamadas “familias afectadas” como con relación a la sociedad, respecto de su simbolización y modos de nombrarla, cobran renovada vigencia. En su Seminario De lo Real, Guy-Félix Duportail propone algunas intersecciones partiendo de lo real y su articulación con lo simbólico y lo imaginario, y su enlace con el uso de las matemáticas en Lacan. Analizamos, desde esta perspectiva, situando el número y la expresión de “treintamil”, este modo de nombrar el agujero en lo real de la desaparición forzada de personas.

Miller toma a Lacan para diferenciar la realidad de lo real, situando esto último como lo que no se puede negar, eventualmente lo que no se logra soportar1.

Lo real de la desaparición y su expresión en lo simbólico y lo imaginario

Guy-Félix Duportail toma en cuenta la “realidad psíquica”, desde Lacan, como “la manera en la que un pensamiento mantiene juntos lo simbólico, lo imaginario y lo real” (RSI), en torno a la cuestión del retorno a la realidad. 

El autor hace referencia al “tiempo colectivo del que pendemos todos hoy en día”, introduciendo la dimensión política y la supervivencia de la especie humana. Y plantea que nos confrontamos con algo mucho más del orden de lo real, “lo real como lo otro del sentido”, que del sentido de la historia. En esta línea sostiene también, en referencia a RSI, que la triplicidad categorial es solidaria del diagnóstico freudiano del malestar en la cultura. 

Una respuesta proporcional a su magnitud

La desaparición forzada de personas como práctica aberrante aplicada por el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” tuvo un alcance que implicó –por los objetivos de su implementación–, efectos en diversos planos, que dejaron secuelas políticas, económicas, sociales y culturales, y también a nivel de la subjetividad. El alcance y magnitud de la represión, que puso todo el aparato del Estado a su servicio –hubo entre 500 y 600 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio–, y que tuvo como metodología el secuestro, el crimen masivo, los “vuelos de la muerte”, la apropiación de niños y la desaparición de miles de exponentes de una joven generación comprometida con la realidad de su tiempo generó a su vez una respuesta social directamente proporcional a esa alcance y esa magnitud. Una de las expresiones más emblemáticas de esta respuesta, y cuyo ejemplo y significación histórica recorrieron el mundo, fueron las Madres de Plaza de Mayo que se nombraron “paridas por sus hijos” (desaparecidos) y que instalaron –junto a otros organismos de derechos humanos y actores sociales–, un modo de nombrar esa falta evocándolos: “30.000 detenidos-desaparecidos, presentes”.

Por la metodología del accionar represivo en los años de plomo, el secuestro en forma clandestina en las llamadas “zonas liberadas”, en donde las fuerzas armadas y de seguridad actuaban en absoluta impunidad sacando a la gente de sus domicilios, lugares de trabajo o de la vía pública y llevándola a sitios ilegales de reclusión, donde permanecían maniatados, con los ojos vendados y aislados, los familiares llevaron adelante una búsqueda que se tornó infructuosa, siendo rechazados todos los hábeas corpus presentados para averiguar su paradero y generando así una incertidumbre sin límite respecto de la suerte corrida por sus seres queridos.

Lo que vulnera la desaparición

Tomando lo simbólico como aquello que designa el campo de la palabra y del lenguaje, pero también las relaciones de parentesco y los lazos sociales organizados en forma de discurso, este pacto fundante es el que se ve vulnerado con la desaparición. Arboles genealógicos interrumpidos con la apropiación de bebés, niños que fueron des-nombrados de su identidad, personas arrancadas de su universo simbólico, des-partidos de sus partidas de nacimiento y de defunción, de aquello que lo nombra y que hace de un cuerpo vivo un sujeto y de un cuerpo muerto un cadáver, y no “un desecho sin nombre”, al decir de Osvaldo Delgado. En esta línea, no se podía ir resignando pieza por pieza la ligazón con el otro, según el examen de realidad, tal como lo plantea Freud en torno al trabajo de duelo, en una operación extraordinariamente dolorosa, puesto que los familiares continuaban esperando el regreso de sus hijos, de los que no tenían ninguna información. “Me despierto todos los días esperando que vuelva”, dijo recientemente una madre al declarar en uno de los procesos que juzgan delitos de lesa humanidad. Así, la realidad en juego en la desaparición imposibilita que su examen permita resignar la pérdida, en la medida en que el objeto mismo no se puede resignar.

La parte in-munda de lo real del mundo

“Los desaparecidos no están, no existen, no tienen entidad”, decían sus desaparecedores y el familiar no podía historizar la pérdida, ni llevar adelante el duelo porque no sabía si la persona que había sido arrancada de su familia estaba viva o muerta. De este modo se fueron generando diversas respuestas para dar cuenta de este real imposible de simbolizar.

Los desaparecidos, que habían sido privados de su identidad, que estaban recluidos en condiciones infrahumanas y sometidos a todo tipo de torturas y tratos inhumanos y degradantes, despojados de su nombre y de sus biografías fueron empezados a nombrarse en calles, plazas, escuelas, baldosas y otras expresiones simbólicas como un intento de restitución frente a aquello que retornaba en lo real.

Así, lo real como imposible traumático es subjetivado por cada una de las personas afectadas por ese flagelo, y del mismo modo se construye a nivel colectivo un modo singular de dar respuesta “a la parte in-munda de lo real del mundo”, como afirma Duportail.

En el nombre de cada uno

El nombre del desaparecido fue repuesto asimismo en el orden simbólico a través de evocarlo a viva voz en diversos actos de homenaje y conmemoración. De esta manera, el acto de nombrarlos era seguido al cierre de esa ceremonia por el grito de “¡30.000 detenidos-desaparecidos, Presentes! ¡Ahora y siempre!”, como si en ese acto se incluyera también a los sin nombre, a los NN.

La costumbre de evocar a aquellos a quienes se despedía en las ceremonias fúnebres tiene su origen en civilizaciones antiguas que, frente a lo traumático de la muerte planteaban la inmortalidad del alma y la costumbre requería que los miembros de la familia siguieran el último suspiro de su familiar llamándolo en voz alta por su nombre.

A la práctica de recubrir con palabras la desaparición, dando cuenta al mismo tiempo de lo imposible, se agregarían también las fotos, películas e historias que sumaban al registro simbólico, la imagen del cuerpo, del rostro, devolvían la vida, en el recuerdo de la persona ausente, al registro imaginario. Así, representaciones y significaciones ponían de manifiesto la presencia permanente de una ausencia.

Matematizar la desaparición

Si lo real es lo imposible de simbolizar y tomando la escritura de Lacan como una invención, “los treintamil” deviene también, además de matematizar la pérdida, de cuantificarla respecto de su dimensión y alcance, un modo de nombrar eso que fue despojado de su nombre. 

Pero si lo real es lo imposible, ¿dónde se encuentra lo imposible?, se pregunta Duportail. Y una de las respuestas que propone es lo enunciado por Freud en El malestar en la cultura, como real de la pulsión de muerte –un significante que, al decir, dice más que una cifra, lo cualitativo trasciende a lo cuantitativo. 

Las bases de construcción histórica de esta cifra han sido largamente expuestas (en una carta escrita en el año 2009, el entonces secretario de Derechos Humanos E. L. Duhalde, da cuenta de la conformación de esta cifra explicando que el número de desaparecidos no es igual al registro de los nombres, sino que se calcula también considerando la cantidad de centros clandestinos de detención, las personas que se estima pasaron por éstos durante su funcionamiento, la proporción de hábeas corpus presentados por los familiares, los propios dichos de los represores, entre otras razones). Pero hay algo que trasciende su condición de tal, en tanto lo real que excede a lo simbólico. Lacan interpela la lógica matemática planteando al número como imposible de representar en términos de verdad o falsedad, sino en tanto imposible de escribir. Entonces, “no se trata de ubicar, a través de variaciones, el momento crítico en el que la verdad de una proposición sería comprometida, sino de captar la emergencia de un punto en el que un elemento no puede escribirse o inscribirse...” 2. He ahí el efecto de este significante.

Desde el psicoanálisis, tomando la incompletud de un sistema simbólico, podemos explicar este modo de nombrar la desaparición desde esa lógica. La lógica de la cual se construyó esta cifra implicó también “razonar matemáticamente y enfrentar una situación para resolverla”. La necesariedad estaba dada, frente a ese agujero insondable, por cuantificar algo incontable –en tanto las personas desaparecían de la faz de la tierra–, dando cuenta al mismo tiempo de su alcance y magnitud. Por eso sostiene Duportail: “escribir lo imposible de escribir equivale a una contradicción performativa: nombrar lo innombrable” 3.

En tal sentido, todo el recorrido y fundamentación de construcción de esta cifra podemos situarlo, con relación a lo planteado por el autor –que toma a su vez la evocación de Wittgenstein por Lacan–, como una mostración “donde lo que no puede ser dicho en el lenguaje de la lógica se muestra en la forma lógica invisible en el lenguaje corriente”. La falta del nombre y apellido no contradice la cifra, por el contrario, la refuerza.

Si lo real se da entonces en el modo de traumatismo, en tanto encuentro fallido. ¿Qué decir de la desaparición? El autor toma de Lacan en el Seminario 11 la pareja aristotélica tyché y automaton, como lo real imposible de simbolizar, “la tyché”, en nuestro desarrollo lo traumático de la desaparición; y lo que compete a lo simbólico, “automaton”, en nuestro ejemplo lo que retorna como repetición: “los treintamil”.

Si lo real deja lugar a la invención, el autor pone de manifiesto una paradoja filosófica mediante la cual plantea que el sujeto se exilia en lo real “como trascendencia constituyente de la subjetividad”. ¿Qué otra cosa pueden hacer “Las Madres” que exiliarse en lo real de la desaparición de sus hijos para hacer con eso otra cosa que la repetición permanente de no poder nombrarlos?

La falta de ser que implica la desaparición “descompleta la cadena significante” e “impacta en la realidad matematizada, así como altera lo simbólico matemático”, lo que pone de manifiesto que “lo real significa que la realidad no es toda”.

Partiendo de los interrogantes que se plantea el autor respecto de la implicancia, posibilidades y modalidad de la utilización de la estructura matemática desde una perspectiva psicoanalítica, tomamos la figura de la desaparición forzada de personas, aplicada en nuestro país durante los llamados “años de plomo” en su relación con la posibilidad de nombrar lo innombrable. El nombrar lo podemos imbricar con el numerar en torno a la cifra de 30.000, un número, como intento de nombrar lo innombrable. En tal sentido se trata de un “saber hacer” con lo traumático de este delito de lesa humanidad, como una respuesta innovadora para decir acerca de lo indecible, introduciendo otro modo de contar. 

La presencia permanente de una ausencia

Lacan va a decir que “si hay algo que fundamenta al ser es, ciertamente, el cuerpo” 4. Los desaparecidos faltan, no están sus cuerpos, “no existen, no tienen entidad” (Videla dixit), frente a esto, la respuesta construida a la presencia permanente de la ausencia, más allá de la cifra, nos compete a todos como sociedad y ese significante tiene efectos: “son treintamil”.

“Me faltan treintamil palabras”, dijo alguien que estaba hablando, conscientemente, de su tesis. E inmediatamente ese decir resonó en su cuerpo y en el de los que escuchaban. El silencio habla.

Para Lacan, las determinaciones del inconsciente se fundan “en el ser hablante que somos, la alianza y el parentesco, en esas leyes de la palabra donde los linajes fundan sus derechos, en ese universo de discurso donde ellas mezclan sus tradiciones”, para agregar que “los conceptos del psicoanálisis se captan en un campo de lenguaje, y su dominio se extiende tan lejos (...) como un espejismo de la conciencia, como un segmento de un cuerpo o de su imagen, un fenómeno social, una metamorfosis de los símbolos mismos, pueden servir de material significante para lo que el sujeto inconsciente tiene para significar”, en alusión al orden simbólico 5. La implicación del sujeto en un universo matemático es demostrada en su realidad simbólica.

Si lo real es lo imposible de simbolizar, en la metodología represiva de la desaparición se buscó precisamente eso, con la desaparición y los procedimientos clandestinos, al tiempo que sembrar el terror, se trataba de lo incontable, como lo que no se puede referir.

Lacan afirma en El Atolondradicho, que tomando la relación del dicho y el decir, en la práctica, con lo imposible de decir se mide lo real 6.

Freud fundó el psicoanálisis sobre el descubrimiento del fenómeno del inconsciente. Lacan se pregunta ¿dónde situar las determinaciones del inconsciente sino en el ser hablante que somos, en esas leyes de la palabra donde los linajes fundan su derecho? Y es ése un orden simbólico. Así, no se tratará entonces de un pasaje de lo inconsciente a la conciencia sino de un pasaje a la palabra y es preciso, sostiene Lacan, que esa palabra “sea escuchada por alguien allí donde ni siquiera podía ser leída por nadie: mensaje cuya cifra está perdida”7. Así, lo importante va a ser aquí la letra del mensaje que, para captarlo, es necesario detenerse en el carácter equívoco de la palabra: “me faltan treintamil...”. Y en la resonancia que ese significante tiene para el sujeto y para quienes lo escuchen se introduce la dimensión de lo social. La magnitud de esa cifra y lo que connota en torno a los efectos subjetivos del terrorismo de Estado. 

Lacan nos va a hablar, en relación con la ambigüedad del lenguaje, de la multiplicidad de los accesos posibles al secreto de la palabra: “no hay sino un texto en el que se pueda leer a la vez lo que ella dice y lo que ella no dice”, dando cuenta así de “la penetración de lo real por lo simbólico” 8.

Reponer un texto en el contexto de la historia

Estas cuestiones no son ajenas respecto de estos significantes que, a lo largo de la historia de lucha por Memoria, Verdad y Justicia, han repuesto un texto en el contexto de la historia. Y eso incluye la secuela de los 30.000 detenidos-desaparecidos y el efecto en la sociedad y en el discurso de “los treintamil”. En este escenario hay un patrimonio cultural, de memoria, tangible e intangible. Su preservación no es automática, una y otra vez, frente a los intentos, entre otras ofensivas del discurso hegemónico, de instaurar la teoría de los dos demonios y beneficiar a los autores de crímenes cometidos desde el Estado, es necesario estar alertas. Así como también frente a los planes de “reciclar” lugares que funcionaron como campos de concentración o estuvieron ligados al accionar represivo, acerca de cuyo funcionamiento y espacio físico aún se está investigando.

La posibilidad de interpelar conceptos que, desde el psicoanálisis, puedan hacer aportes respecto de lo in-mundo del mundo, nos sitúa en una posición ética frente al llamado de Lacan a renunciar, a los psicoanalistas que no puedan unir a su horizonte la subjetividad de su época. 

Los “treintamil” dicen más que una cifra, hablan de una generación diezmada, con ideales emancipatorios. Y hablan del mal.

Acerca del mal

La cuestión del mal ha sido abordada desde diversas disciplinas y ha sido interpelado este concepto en torno a experiencias históricas que pusieron en juego la crueldad sin límite. Y muchos filósofos y estudiosos del tema han tomado esta noción desarrollada por Kant con relación a esas trágicas experiencias vividas en la historia de la humanidad.

El propio derecho surge como institución venida a normativizar las relaciones entre los seres humanos precisamente de cara a establecer reglas que las regulen. Así surgen los derechos humanos.

Al cumplirse un nuevo aniversario del golpe del 24 de marzo de 1976, el interrogante sobre el mal, cobra, de cara a nuestra propia experiencia como sociedad, renovada vigencia.

No sólo porque nos confronta con el análisis de nuestro pasado reciente, sino porque sus efectos y los objetivos que entonces se perseguían, tienen resonancias en el presente, y su interpelación nos compete de cara al futuro.  

El mal acecha siempre a las sociedades. Porque el poder no renuncia a la defensa de sus intereses ni el capital a la optimización de sus ganancias y porque, y ésa es precisamente la esencia del mal, en nombre del bien, y de la libertad se pueden cometer las peores atrocidades.

Y ahí es donde surge el interrogante ¿qué es el mal en política? Y por eso, si el mal está siempre latente, la pregunta por ¿cuál es la forma política del mal?, es pertinente y necesaria. Sostiene Roberto Espósito que el mal no es meramente ausencia de libertad, sino aquello que activamente se opone a ella, para afirmar que el efecto verdaderamente radical del mal es su esencia espiritual. Es decir, la cuestión esencial en relación con el mal no es en tanto su oposición al bien, sino cuando se erige en nombre de éste, desde un carácter totalitario9. Y eso es político. Y es frente a eso que tenemos que estar advertidos. 

Hemos tenido en nuestro país experiencias de desaparición, tortura y exterminio devastadoras ejercidas desde el Estado en nombre del bien, el terrorismo de Estado. Y hemos avanzado ejemplarmente en el juicio y castigo a los autores de delitos de lesa humanidad y genocidio. Pero no resulta de eso una garantía para siempre. 

Es necesario reflexionar, profundizar acerca del mal intrínseco a la condición humana que, presente a lo largo de la historia de la humanidad, puede llevar a las sociedades a lo peor. 

Buscar las claves de la relación entre el mal y sus configuraciones políticas y la subjetividad, es lo que nos puede brindar las herramientas para la necesaria alerta, para escuchar con atención cuando se nos habla acerca del bien y de la libertad. Porque si la libertad termina siendo la libertad del mal es entonces y en primer lugar negación de la libertad. 

* Psicoanalista. Docente en la UBA. Ex detenida-desaparecida, testigo en los juicios.
1 Miller, J. A., “Filosofía-Psicoanálisis”, Revista Virtualia.
2. Duportail, G.-F., Seminario De lo Real.
3 Duportail, G.-F., Op. cit.
4 Lacan, J., Seminario 20, Aun.
5 Lacan, J., Discurso de Roma.
6 Lacan, J., El Atolondradicho.
7 Lacan, J., Discurso de Roma.
8 Lacan, J., Op. cit.
9 Espósito, R., Diez pensamientos acerca de la política.