Las mismas redes que se tejieron para organizar la acción internacional del 8M se activaron de inmediato frente al asesinato de Marielle Franco. La novedad no es sólo el eco afectivo para calmar un dolor que ahora es común sino también que tergiversar la información o pretender quitarle su carácter político no es una acción posible en tiempos de feminismos organizados que no reconocen fronteras.