Termas, gulash y rock and roll en los ruin pubs de la capital húngara
Budapest y las noches más baratas
Fue patio chico de un imperio y cobijó un enorme gueto en el nazismo; hoy ofrece piletas a 40 grados y bares psicodélicos.
Imagen: Juan Pablo Cambariere

Budapest es una ciudad rara, una experiencia. La capital de Hungría es interesante de mañana, de tarde y de noche, y expresa su magia en cada momento. Y eso aunque a nivel edilicio se vea algo descuidada, lo que es lógico ya que fue una ciudad signada por guerras y dictaduras. Sus edificios lucen entre gastados y sucios, las tiendas de ropa y los locales en general tienen un extraño tufillo antiguo y hay cantidad de tiendas con vestidos de novia que parecen salidos de películas de terror.

Junto con Praga y Viena, la capital húngara conocida como “la perla del Danubio” forma la ruta de las ciudades imperiales. Está dividida en dos regiones principales, Buda y Pest. No, no es una joda: las zonas están separadas por el río Danubio, y hay una tercera región llamada Óbuda o “Antigua Buda”, famosa por ser sede del Sziget Festival. En eslovaco, Buda significa “agua” y Pest “horno”.

Buda es la zona más antigua y elegante, donde estaba la sede real. Aloja el Castillo de Buda (donde están la Biblioteca, la Galería Nacional y el Museo de Historia) y el Bastión de los Pescadores, desde donde se aprecia una de las vistas más lindas de la ciudad e incluso se divisa una panorámica de Pest, que incluye el impactante y monstruoso Parlamento. Pest, por su parte, es la zona comercial y moderna, con la avenida Andrássy, la Plaza de los Héroes, el barrio judío y grandes puntos turísticos.

Mañana

A primera hora, la ciudad invita a ser conocida. Y un modo son los famosos free tours europeos, donde se recorren a pie los principales recovecos a cambio de una propina o pago a voluntad a los guías. La Basílica de San Esteban es uno de los monumentos más importantes de Budapest, aunque posiblemente el edificio no sea lo más trascendental. Primero, no es una basílica sino una catedral. Allí, Madonna filmó la escena del casamiento con Perón (Jonathan Pryce) de la película Evita. Pero eso no es lo más curioso: su nombre está relacionado al de Esteban I, primer rey de Hungría; y de hecho el edificio alberga la mano derecha momificada del mismísimo fundador del Estado húngaro.

También hay un link directo entre este lugar y el fútbol. Uno de los grandes cracks del Real Madrid, que incluso jugó con Di Stéfano, fue un tal Ferenc Purczeld Bíró, el mismísimo Puskás, en cuyo nombre se entrega el premio al mejor gol (profesional) del año. La leyenda del fútbol húngaro es recordada, entre otras cosas, por haber ganado en Wembley un partido contra Inglaterra por 6 a 3, siendo el primer equipo fuera del Reino Unido en ganar en ese estadio. Por eso y mucho más, el delantero está enterrado allí. Es decir, están la diestra de San Esteban y la zurda de Puskás.

Budapest está plagada de leyendas. Otra de ellas hace referencia al Puente de las Cadenas, que atraviesa el Danubio y conecta Buda con Pest. Tiene estatuas de leones que adornan su entrada, pero parecen no tener lengua. Se comenta que un chico señaló el detalle y fue tal la vergüenza del arquitecto que se tiró al río y murió. Y hay otra curiosidad local relacionada con Michael Jackson, quien tiene un homenaje bizarro en un árbol lleno de fotos y textos cerca de donde solía hospedarse cuando visitaba la ciudad, en torno del cual sus fans se juntan en la fecha de su natalicio, para rendirle culto.

La historia también tiene un lugar predominante y oscuro en la ciudad. La capital húngara tiene una de las sinagogas más grandes del mundo, emplazada en el barrio judío, que ocupa la zona donde se ubicó el gueto de Budapest. Hay diversos monumentos a judíos asesinados por los nazis, como el de los zapatos, a orillas del Danubio, y homenajes a Justos entre las Naciones, que salvaron la vida de judíos en pleno régimen sin obtener nada a cambio. Aunque ahora el barrio judío se transformó en la zona de salidas nocturnas por excelencia en Budapest, en claro contraste con aquel terror.

Mediodía

Tras las largas caminatas, el Mercado Central se presenta como paso obligado para saciar el hambre. Además de lo pintoresco, allí se pueden probar muchos platos típicos de la región que tienen a la páprika entre sus ingredientes predilectos y al buen vino entre sus elíxires. Están los embutidos, los sánguches enormes, los platos típicos con repollo, las salchichas tan grandes que parecen el falo erecto de un equino en celo, o la famosa y gustosa sopa de gulash (ideal para soportar el crudo invierno), que también aparece en forma de guiso acompañada por spaetzle.

Entre los postres, los kürtőskalács son unos tentadores y riquísimos pasteles de canela con forma de chimenea, que pueden ser acompañados de almendras, nueces y azúcar, y se consiguen en casi todas las calles de la ciudad.

Tarde

Luego del almuerzo y otra caminata, Budapest llama a relajarse. El Balneario Széchenyi es uno de los baños termales más famosos de Hungría y del continente, con más de 18 piletas que oscilan entre los 18 y los 40 grados celsius. Además de su gran cantidad de piletas cubiertas, cuenta con tres en el exterior del complejo: una profesional de natación, otra entre 30 y 34 grados con una especie de círculo interior donde se forman divertidos remolinos, y la última termal a 38 grados.

El flash es múltiple, sobre todo si se visita en invierno. Eso sí, la aventura de pasar mojado de una a otra con temperaturas bajo cero se puede convertir casi en una pesadilla que implica corridas de más de 30 metros con pisos helados, sólo subsanables con el enorme y extremo placer de sumergirse en aguas aún más calientes. Una vez allí, fuertes cascadas y fuentes proporcionan masajes acuíferos capaces de eliminar cualquier nudo dorsal.

Noche

Budapest tiene posiblemente una de las noches más divertidas de toda Europa, y seguramente una de las más baratas. Y en gran parte se debe a los Ruin Pubs. El concepto nace de viejos edificios soviéticos restaurados, casi en ruinas, que fueron convertidos en bares. Están bastante cascoteados pero tienen una onda increíble. Instant y Szimpla Kert, dos de los más famosos, invitan a encaramarse a una noche distinta, fuera de lo común.

Lo curioso no reside sólo en lo edilicio, sino que los Ruin Pubs también funcionan como comunidades culturales, ya que suelen proyectar cine y alojar presentaciones teatrales, recitales y talleres. Están decorados con grafitis, exposiciones, computadoras colgantes, espejos, antiguos muñecos, plantas, variadas luces y ambientes surrealistas que incluyen bañaderas y autos abandonados donde sentarse a tomar birra.

En Szimpla Kert, por ejemplo, se respira una atmósfera similar a la de Alicia en el País de las Maravillas, ya que cada puerta que se abre es un misterio que conduce a un bar distinto y único: se puede tomar cerveza en probetas de laboratorio, ver un recital trash metal o a djs o batallas de hip-hop, comer hamburguesas, jugar un metegol de ocho personas, recaer en un gigante patio al aire libre o simplemente relajarse en un sillón de la terraza. Los estilos y ambientes son tan heterogéneos como espectaculares. Y, como si fuera poco, muchos Ruin Pubs funcionan como buffet para el desayuno y se convierten en mercados turísticos durante el día, y en ellos se puede probar algunos platos típicos, quesos y especias.

Sea de día, de tarde o de noche; en Buda, en Pest o sobre el Danubio; en el barrio judío, la Avenida Andrássy o el Mercado Central; en el Balneario Széchenyi, en Insta o con la zurda de Puskás, Budapest es un gran lugar para conocer y perderse.

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