Un acampe de vecinos de la villa 21-24 por la muerte de Gilda Olmedo Cañetes, electrocutada
Reclamo por una muerte silenciada
La mujer, de 45 años y siete hijos, murió cuando el temporal del 7 de abril inundó el pasillo y mientras sacaba el agua recibió una descarga. Los vecinos reclaman frente al IVC.
Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda.Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda.Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda.Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda.Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda.
Los vecinos de la 21-24, en el acampe frente al Instituto para la Vivienda, en reclamo por Gilda. 

“Gilda no murió ayer electrocutada. A Gilda la mataron silenciada, sacando agua del pasillo inundado, con el foco amarillo apuntando para otro lado, aunque quieran culpar a un cable, inimputable”, dice el poema de la Corriente Villera Independiente y el MP La Dignidad escrito poco después de la muerte de Gilda Olmedo Cañetes, vecina de la Villa 21-24 en Barracas. Gilda tenía 45 años, era referente de esas organizaciones sociales, madre de siete niños y trabajaba en una de las cooperativas de recolección de residuos que pertenece a la CTEP. El 7 de abril falleció en su casa electrocutada, muerte que los vecinos denuncian como obra de la desidia estatal.

El viernes 7 de abril al regresar a su casa, Gilda encontró su barrio inundado. Llovía con fuerza y el agua había llegado a cubrir el pasillo. Mientras sacaba el agua con baldes, delante de sus hijos, recibió una descarga eléctrica que le provocó la muerte. “El agua estaba electrificada porque la instalación eléctrica es sumamente precaria en el barrio”, recuerda para este diario Laura Bitto, compañera de militancia de Gilda, desde el acampe en la puerta del Instituto de la Vivienda de la Ciudad que ya lleva una semana exigiendo repuestas al Gobierno de la Ciudad por la responsabilidad estatal de esta muerte. 

La vida cotidiana en el barrio es de alto riesgo, aseguran los vecinos como Laura Bitto, para quien “el tendido eléctrico en la villa totalmente está colapsado: hoy fue Gilda pero mañana puede ser cualquier otro”. Tampoco es Gilda la primera persona en morir electrocutada en el barrio como consecuencia del abandono. “Todos los años hay casos. El año pasado, por ejemplo, en el mismo sector donde se encuentra la casa de Gilda se prendió fuego una casa por un cortocircuito desatado por la misma razón”.

Desde el acampe apuntan contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Instituto de Vivienda de la Ciudad. “Para nosotros son responsables porque no sólo hay una orden judicial que los intima a realizar las obras que faltan en Barracas, sino que desde el Instituto de la Vivienda al día de hoy, en el octavo día de permanencia pacífica, todavía nos dicen que ellos no pueden comprometerse a ponerle fecha para realizar obras en Barracas. Un sinsentido: no entendemos qué negocios tienen, pero lo que sí entendemos es que como consecuencia de sus negocios hoy se fue Gilda”.

En 2016 la Justicia hizo lugar a una acción de amparo de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) en la que se le exigía al gobierno elaborar un “proyecto eléctrico adecuado”. El fallo de la Sala Primera de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario, integrada por los jueces Mariana Díaz, Fabiana Schafrik y Fernando Juan Lima ordenaba “la elaboración de un ‘Proyecto eléctrico adecuado’ (de acuerdo a pautas generales establecidas por el ENRE, y validado por éste) para ‘solucionar las falencias y peligros del deficiente servicio de electricidad en el Barrio 21-24 de Barracas’” y establecía un plazo (dos meses) para la elaboración del proyecto. “Seguimos esperando”, lamenta Laura al recordar la sentencia que en septiembre cumplirá dos años. “Seguimos exigiendo un plan integral de urbanización para la villa 21-24 en particular, para el barrio de Zabaleta y en general para todas las villas de la Ciudad y desde por lo menos 2011 tenemos el aval judicial. El gobierno ha puesto millones en la Villa 31 para un plan de urbanización muy pobre que va a dejar un montón de vecinos en la calle. Por eso nosotros hablamos de ‘urbanización con radicación’. Hasta ahora no tenemos respuesta favorable del Gobierno”.

“Además de justicia por Gilda pedimos que se concreten las obras en villas, barrios y complejos, que se provea de agua potable y se trace el tendido eléctrico. Las obras eléctricas en Barracas que pidió la justicia nunca se hicieron y estamos llegando a una situación límite. A la vez, hay obras mal hechas que generan más inundaciones que antes porque las casas quedan por debajo del pasillo y el agua ingresa sin límite. Como si esto fuera poco, los caños de agua están mezclados con las cloacas y eso genera un nivel de contaminación profundo”, concluye Laura.

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