Todas las vidas de Patricio Bisso
Antes de la mayoría de edad partió para Brasil, donde popularizó en la TV el personaje de la sexóloga Olga de Volga. Diseñó el vestuario de El beso de la mujer araña, film en el que colaboró con una performance aplaudida hasta por Madonna. Fue amigo de Keith Haring y compartió escenario con Elis Regina. De vuelta en estas tierras avivó el entretejido del under de la democracia naciente, de la mano de las Babyscuit y Batato Barea, entre otras gemas. “Estoy tranquilo porque no me quedó nada por hacer”, asegura Patricio Bisso mientras repasa junto a Soy su álbum personalísimo de la contracultura ochentosa, donde se gestó buena parte de lo que hoy muchos llaman queer.
Imagen: Darío Zalis

Patricio Bisso tenía 14 años cuando descubrió los dibujos de Daniel Melgarejo en el diario La Opinión. Lo buscó en la guía porque quería que el maestro le diera clases. Quedaron en encontrarnos en un bar. “Le pregunté cómo íbamos a hacer para reconocernos. Me dijo que era muy sencillo ya que él era idéntico a Babra Streisand. Imaginate. Le conté a mamá que había conocido a este dibujante que era bárbaro y que vivía con un hombre. Oh, mi madre se espantó, porque pensó que me iban a hacer algo. A este muchacho no lo vas a ver nunca más en tu vida, me dijo, y después terminó haciéndose amiga”. En el 74, con 17 años, se fue a decorar una boite al Brasil. Empezó trabajando como dibujante en un diario y al poco tiempo ya había estrenado su primera obra teatral que versaba sobre un barco con fantasmas que encuentra una desbordante fiesta al cruzar el Ecuador donde aparece el fantasma de Libertad Lamarque, caracterizada por el mismo Patricio Bisso. El espectáculo fue elegido como el mejor del año. Un año después viajó a Londres pero prefirió volver a Brasil. “Allá la gente quería algo raro, sofisticado. Yo aparecía vestido de mujer sin ser travesti. En Londres nunca iba a pasar nada”. Después se presentó en un concurso de teatro de revistas hecho por travestis en un club de San Pablo, donde Bisso ganó el primer puesto. “Era una revista como de Moria Casán pero de travestis. Después de un mes me dieron un show para mí solo en esta boite de mala muerte, la única gay que había en la época, en el 77. El lugar se llamaba Gay Club y yo estaba al lado de Elis Regina; pero plata no gané nunca, me las arreglaba con los dibujos y las publicidades”. 

¿Tuviste alguna formación en teatro?

-Mi inspiración principal fue ver a mi madre en el espejo del baño, maquillándose para ir a dar sus clases de inglés; ahí entendí lo que era crear un personaje... Después, Lolita Torres. Con siete u ocho años enloquecía por ella. Ayer vi La edad del amor y me confirmó que era encantadora como siempre.

¿Cómo trataste el tema gay con tu mamá?

-No se hablaba de eso. Yo no voy a andar contándole que chupé pija y esas cosas, pero ella se daba cuenta. Ella conoció gente maravillosa: gente educada, inteligente, que estaban juntos hacía 20 años; así fue cambiando. Esa cosa argentina de ver al gay como pecaminoso no existía más en su cabeza.

¿Nunca le presentaste novios? 

-Nunca tuve. Un chico del colegio, a los 15 años, me enloqueció pero nunca pasó nada. Coger, he cogido con todo el mundo, pero de la única persona que me enamoré fue de él. Hoy en día pienso que enamorarse es meterse alguien en la cabeza, obsesionarse. Los dos tipos de casamiento me parecen una estupidez. 

¿Tu papá?

-Ya estaban separados. Él era militar-marino. Pero no fue un gorila. Fue un playboy bien atorrante. Me mandó a dar el examen para entrar al Liceo Naval pero hice todo mal y terminé en el Carlos Pellegrini. A los 30 dejó la Marina y puso El cristal de roca, un local en la Avenida de Mayo. Antes de irme a Brasil descubrí unos vestidos bárbaros, de rumbera, en el Caritas. 

A LA BRASILERA

Olga de Volga fue el personaje más famoso de Bisso: una sexóloga que aparecía antes que la meteoróloga del noticiero de Brasil anunciara el pronóstico del tiempo. Olga de Volga contestaba cartas (algunas reales y otras inventadas por Bisso para que su columna resultara más atractiva).

¿Cómo vivías lo gay en esa época, en Brasil?

-La gente hoy en día siente una necesidad de aclarar esa cosa gay, de defender los puntos de vista o los derechos. Yo viví tantos años en Brasil. Allá es como que no me importaba nada. Cada cual hace lo que quiere. Allá es muy común que los chicos de 8 o 9 años, en el colegio, se hagan la paja uno con el otro. El troca troca. Es un pasaje de iniciación por donde se empieza. Yo tengo prueba de que en Brasil, nunca, nadie me ha dicho que no: electricistas, taxistas, todos, a los negros no les importa nada. Querer categorizar es muy de argentinos. Lo que había era activo y pasivo. Mientras sos activo, en Brasil, no sos puto.

LA BESTIA POP

Viajó a Estados Unidos donde hizo una temporada en Nueva York que resultó un fracaso; terminó tirando los baúles del vestuario a la calle. Los lugares donde hacía sus números eran underground, no iba público y de día trabajaba empapelando oficinas, de mozo, y vivía en un departamento compartido sin ventanas. Volvió a la Argentina, donde ayudó a entretejer la movida under de los 80 en los albores de la democracia. Conoció a Vivi Tellas y las Babyscuit. “Me parecían bárbaras porque no querían hacerse las modernas, eran transgresoras. La gente no se vestía así en esa época. Las vi cantando con pelucas que tenían cara de nada, entonces me dije, las tengo que ayudar. Pensé algo con un batido. En un ensayo faltó una integrante y yo hice el papel de ella. Fui muy discreto para que no dijeran que le quería robar el papel. Lía dijo, este chico es bárbaro, hay que ponerlo en el escenario. Pongan “Toddy y las Babyscuit”.

¿Cómo llegó Charly?

-Nos conocimos en el 77 cuando Zoca, la novia brasileña de Charly, abrió un teatro con su compañía de baile en Brasil, y yo inauguré el teatro con un show. En el 85 Federico Moura venía a verme todas las noches. Yo hacía de Evita y gritaba: “Devuelvan las manos, devuelvan las manos”. Federico me grabó hablando para un tema de Recrudece. 

¿Actuabas y escribías?

-Hacía todo yo. Había obras que tenían un tema. Una se llamaba Las cantantes negras. Me pintaba de negro. Era en el centenario de la abolición de la esclavitud y estaba toda de negro. Hoy no podría hacer eso porque sería insultante. 

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

El primer vestuario que hizo para películas fue El beso de la mujer araña, en el 85. Héctor Babenco, el director, iba a verlo a sus shows. “Buscaban un puto argentino que le gustaran las películas y que viviera en Brasil, un doble de Puig. Como él no entendía portugués me llevaban a ver las películas para que yo se las tradujera. En un momento estaba harto y le traducía cualquier cosa. Pasaban cosas en la película que no tenía nada que ver con lo que yo le había contado”. A finales de los 80 diseñó el vestuario para un número que hacían las bailarinas de Madonna en la película Dick Tracy. La escena transcurría en un cabaret y las bailarinas aparecían con polleritas cortas mientras Madonna cantaba “More, more” con una bolsa de dólares en la mano. El director y protagonista de la peli, Warren Beattly y Madonna fueron a ver El beso de la mujer araña. “Ella dijo que la problemática del gay en la cárcel no le interesó, pero que el muchacho con los globos fue lo que más le gustó”, haciendo alusión a la parte donde Bisso hace un show en un cabaret vestido con globos que va haciendo explotar con un cigarrillo, mientras baila y canta. “Cuando no sé qué hacer me pongo los globos, los reviento y ya está; lo hice acá, en Nueva York, en todos lados”.

Instalado en Buenos Aires, dejando sus huellas en el exterior y en el under argentino de los inicios de la democracia, ahora vive con su mamá, duerme de día y dibuja de noche, mira películas, lee, y casi no sale a la calle. “Estoy contento con lo que hice y no quiero hacer más nada”, sentencia. “Hago las compras. Estoy tranquilo porque no me quedó nada por hacer”. 

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