Nahuel tiene 30 años, vive en la villa desde que nació y conoce a la perfección la compleja situación que viven quienes necesitan alquilar un lugar para vivir porque la padece en carne propia. Según su propia experiencia y las de sus vecinos, la continuidad del alquiler, el precio, la cantidad de personas por habitación, “todo está a merced de los dueños”.

–¿Cómo es la situación de las personas que necesitan alquilar un lugar para vivir?

–El Estado está ausente. Los vecinos que alquilan en las villas están totalmente desamparados, quedan a merced de los dueños de la vivienda. No hay regulación de nada, los precios son según el parecer del dueño y si tenés hijos no te quieren alquilar. Sólo te dejan alquilar dos personas por habitación, una familia numerosa tiene que alquilar tres habitaciones y a veces más. Termina saliendo lo mismo que un alquiler fuera de la villa, la única diferencia es que en una villa no piden garantes, ni adelanto, pero vivís a merced de los dueños y si un día te quieren echar te echan porque no existe el contrato, es solamente de palabra.

–¿Los “dueños” ya no viven en el lugar pero administran el espacio donde alguna vez vivieron?

–En algunos casos vivieron los padres, los abuelos pero hay un montón de gente que ya no vive pero que son dueños de terrenos y han construido edificios enteros. Hay casos donde han llegado a tener diez habitaciones por piso, todos compartiendo un solo baño. Y el dueño solamente viene a cobrar porque no vive ahí. Es un negocio redondo, donde construyeron no pagan ningún servicio y a lo único que se dedican es a recaudar. Pasan una vez al mes a recaudar la plata de los alquileres.

–¿Cuánto sale el alquiler por mes?

–Las piezas en las que pueden vivir dos personas como máximo te cobran 3 mil pesos. Y si es una familia, en caso de tener nenes chiquitos y que te dejen ingresar, te los dejan tener hasta que crezcan y después tenés que alquilar otras habitaciones. Te exigen que alquiles otra o tenés que irte. Estás a merced de los dueños que ni siquiera son dueños porque son terrenos desocupados, terrenos fiscales. Y no hay ningún tipo de regulación. Nosotros en Villa 20 pudimos hacer que se cense por primera vez a los inquilinos de las villas. El IVC (Instituto de Vivienda de la Ciudad) cuando trajo el proyecto de urbanización de Villa 20 no planteaba hacer un censo ni siquiera de propietarios, entonces les propusimos que para avanzar con el programa de urbanización tenían que hacer sí o sí un censo porque si no era imposible hacer obras adentro del barrio, como cloacas u otras obras, sin saber cuánta gente vive. Les exigimos que hicieran el censo y que también se censen inquilinos, porque en las villas no se censan inquilinos porque los dueños no los dejan.

–¿Por qué?

–Porque los propietarios creen que si censan y se encuentran con inquilinos, creen que les pueden sacar la casa. Los dueños creen que si censan a los inquilinos van a adquirir algún tipo de derecho, entonces tienen miedo, por eso aíslan a los inquilinos. En la Villa 20 fue el primer censo que hicieron con el nuevo esquema del IVC y se los exigimos nosotros porque si querían traer un proyecto de urbanización debían discutirlo en el barrio para tener en cuenta las problemáticas y la opinión de toda la gente que vive.

–¿Qué resultados fueron los que más le llamaron la atención?

–La cantidad de alquileres que había y el miedo de los inquilinos porque como nunca vieron la presencia del Estado tenían miedo. Temían ser echados por el dueño si se censaban. Nos ha pasado en una manzana que cuando el dueño veía acercarse al censo hacía salir a los inquilinos por una puerta de atrás y decía que vivía solo en una casa gigante de tres pisos llena de habitaciones. Y cuando se iban los del censo dejaba entrar de nuevo a los inquilinos. La situación que se vive en el barrio es impresionante en cuanto al negocio de los inquilinatos. Vos ves la casa de afuera, la fachada, pero no ves lo que hay adentro, habitaciones de dos por dos, dos por tres, donde viven familias enteras, o familias alquilando varias habitaciones, compartiendo todos un baño para poder vivir. Sin servicios, sin presión de agua, porque si un dueño no puso una bomba de agua no tenés agua. Al entrar a las casas te das cuenta de que las situaciones son alarmantes, situaciones de hacinamiento increíbles.

–¿En el resto de las villas de la ciudad la situación con los alquileres es similar?

–Con respecto a los alquileres no sé si hay alguna que esté mejor que otra, pero sé que en la 31, que es mucho más grande y más vieja, la gente que ya no vive ahí se dedica a alquilar lo que antes eran sus casas, que ahora son prácticamente edificios y sé que la situación de los alquileres es zarpada porque es la que está más próxima al centro y la demanda que hay de alquileres es impresionante, viene gente de todos lados, gente de provincia o que no puede alquilar en otros barrios que antes sí podían pagar, gente que vivía en lugares como Flores, Floresta, más hacia el sur de la Ciudad, barrios a los que ya no pueden acceder porque no les alcanza la plata o porque les piden muchas garantías y terminan alquilando varias habitaciones dentro de una misma casa y viven compartiendo con gente que no conocen, compartiendo baño o cosas íntimas porque no les queda otra. Si no aceptan a vivir bajo esas reglas son expulsados. Al no haber regulación por parte del Estado en todas las villas se vive la misma situación. Nunca hubo ningún tipo de regulación, ni del Estado, ni de una junta vecinal, están totalmente desamparados.