Los gatos no tienen miedo

Una gata ronda la escalera de incendios de hierro

es amarilla como el sol

y nunca ha visto un perro por esta zona

de la ciudad y, joder, está gorda,

llena de ratas y restos de Harvey’s Bar

y he estado subiendo por la escalera de incendios

para ver a una mujer en el hotel,

y ella me enseña cartas de su hijo

que está en Francia, y es una habitación pequeña

repleta de botellas de vino y tristeza,

y a veces le dejo algo de dinero,

y cuando bajo por la escalera de incendios

veo a la gata de nuevo,

se restriega contra mis piernas y

me sigue

mientras camino hacia el coche,

y cuando arranco tengo cuidado

Aunque tampoco mucho:

es lista, sabe

que el coche no es su amigo,

y un día fui  a ver a la mujer

y había muerto. No estaba allí,

la habitación estaba vacía, me dijeron

que había sido por una hemorragia,

la habitación estaba en alquiler.

estar triste no sirve de nada, bajé por

los escalones de hierro y allí estaba la gata.

la cogí y la acaricié, pero

no era la misma gata, tenía el pelaje áspero,

y la mirada furtiva, la arrojé al suelo

y se fue corriendo y me fulminó con la mirada

subí al coche

y me marché.


Te perdiste una pelea de gatos el gris estaba

cansado agitando la cola sin parar e hizo el tonto

con el negro que quería que le dejaran

en paz y entonces el negro

persiguió al gris le dio un zarpazo el

gris maulló dolorido

se marchó corriendo se paró se rascó la oreja

jugueteó con una hoja que colgaba huyó

derrotado y urdiendo planes mientras

uno blanco (otro gato) corría al

otro lado de la valla persiguiendo un

saltamontes justo cuando alguien disparaba a

Kennedy


Los árabes admiran a los gatos, desdeñan a las mujeres y a los perros porque son afectuosos y hay quienes piensan que el afecto es un indicio de debilidad. Tal vez lo sea. No soy muy cariñoso que digamos. Mis mujeres y novias se quejan de que no comparto el alma y entrego el cuerpo como un puritano... pero volvamos a los malditos gatos. Los gatos no tienen nada en cuenta, por eso cuando atrapan un pájaro, no lo sueltan. Son un claro ejemplo de que cuando los elementos de la naturaleza entran en juego no hay nada que hacer. El gato es un diablo hermoso, nunca mejor dicho. Algunas mujeres y algunos perros acaban cediendo, pero los gatos, joder, seguirán ronroneando y bebiendo leche mientras las paredes de su casa se desmoronan a su alrededor. Son capaces de devorarte una vez muerto aunque hayan pasado toda la vida contigo. Una vez un anciano murió solo, no tenía mujer, pero sí gato. Al cabo de varios días el pobre empezó a apestar, no era culpa suya, claro, eran los restos que tendría que haber enterrado algún alma caritativa, y al gato le gustó aquel olor a carne muerta, y cuando los encontraron el gato estaba debajo del colchón, pegado como una lapa,  y lo había atravesado con las garras para alimentarse, y no pudieron arrancarlo de allí de ninguna de las maneras, así que tuvieron que tirarlo junto con el maldito colchón. Supongo que una noche de luna llena el rocío y las hojas disimularon aquel olor a muerte y el gato por fin cedió.

No busques espíritus ni dioses en los gatos, Shed. Un gato representa la maquinaria eterna, como el mar. No se acaricia el mar aunque sea bonito, si acariciamos lo gatos es porque se dejan. Los gatos no tienen miedo, acaban entre el oleaje y las rocas e incluso durante una lucha mortal no piensan en nada salvo en la majestuosidad de la oscuridad. 

Gatos es una colección de poemas y prosas breves de Charles Bukowski que acaba de aparecer en la Colección Visor de Poesía (ediciones Continente). Estos textos y poemas muestran una admiración nada almibarada por los gatos (hoy tan prestigiados literariamente) y los presenta como verdaderas fuerzas de la naturaleza.

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