– “¿Qué hace Ale ahí? Recién estamos en el km 18.”

– “¡Pasale, dale pasale mi dorsal y que siga él que ya no doy más!”.

 

El diálogo, que se pudo reconstruir con uno de los protagonistas, ocurrió el domingo 12 de abril de 2015. El que preguntaba era Matías Candel. El que respondía y daba una orden irrestricta era José Luis Santero. El lugar, el maratón de Rotterdam, Holanda. Uno es el guía y el otro el atleta paralímpico que competía, en ese entonces, en la categoría disminuidos visuales. Ale era Alejandro Luchik (fallecido en mayo de 2016), el otro guía que debía correr junto con Santero el segundo tramo de la carrera para completar los 42,195km en la ciudad holandesa. El objetivo, lograr la marca que lo clasificara para los Juegos Paralímpicos de Río 2016; meta que a priori consiguió pero que luego no pudo revalidar durante 2016. Por ello, la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (Fadec) decidió no otorgarle el cupo al atleta de Lomas de Zamora. Sólo por ello.

Así era la historia oficial que el maratonista, de 42 años, se encargó de promocionar en cuanta entrevista concedió. Hasta que Enganche descubrió que detrás de aquella maratón en Rotterdam hubo una trampa, un atajo que Santero se encargó de ocultar durante tres años: el atleta corrió sólo 22 de los 42km y nadie, absolutamente nadie, se dio cuenta. En rigor, fotos y videos que son de acceso público permiten ilustrar el fraude que pergeñó y que le dio buenos dividendos deportivos y económicos. Además de un índice que le daba la hipotética clasificación para lo que hubieran sido sus segundos Juegos Paralímpicos, Santero cobró becas del Estado nacional hasta marzo de 2017, además del subsidio que recibe del Municipio de Lomas de Zamora desde hace varios años. En sí, se trata de la ayuda económica que tanto la Secretaría de Deporte como el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) les otorgan a los atletas argentinos por su excelencia deportiva. Y que Santero, merced a marcas puras y no tanto (como la de Rotterdam), aprovechó para sentirse parte del cada vez más selecto grupo de deportistas argentinos que reciben apoyo por su desempeño.

 

Marathon Photos/Global Pix
Luchik, otra vez solo, corre con el mismo dorsal con el que Santero inició la prueba.

 

Y como en toda historia que encierra una trama oscura siempre queda un hilo suelto del que poder tirar para desenmarañar semejante engaño.

Un arrepentido que habla

“Estoy arrepentido. Quiero aclarar que no sabía nada de su idea. Me enteré cuando pasó todo, es decir en la misma carrera”, se apresuró a decir Matías Candel.

La noche es fría y una confitería en avenida Santa Fe y Scalabrini Ortiz sirve como refugio para mitigar lo que luego vendrá: una confesión descarnada. Un descargo en el que un guía asume la responsabilidad de lo que hizo y de lo que, tal vez, vendrá.

“Sé que esto no va a ser gratuito, pero no doy más, no puedo más. Ustedes (por Enganche) hicieron una nota con Santero (NdR: fue publicada el sábado 5 de mayo pasado) y después de leer las cosas que él declaró me sentí lleno de impotencia, porque todo lo que dijo es una farsa, un cuentito y yo estuve con él durante ocho años”, contó Candel mientras daba un largo sorbo a una taza de café. Candel no miraba a los ojos, tan sólo observaba la mesa y movía las manos. Estaba nervioso, inquieto. “Me cansé de ser parte de toda esta mentira. ¿Querés saber la verdad? Empecé la carrera con él y en el kilómetro 18 apareció Ale [Luchik]. Ahí José me pidió que le diera su dorsal (el Nº 20.190) porque yo tenía otro número de corredor (20.193) porque me había anotado como cualquier corredor. El motivo, según me dijo José, era que no daba más físicamente, que estaba agotado”, inició su relato, su verdad sobre lo que habría ocurrido aquella mañana primaveral en Rotterdam. “Cuando le di el dorsal de José, Ale siguió solo y nosotros, sin un centavo, nos tomamos un subte. En ese momento le dije a José que podía ser peligroso porque Rotterdam es una de las carreras en la que los atletas de elite van a buscar marcas olímpicas. Y eso hace que haya controles más estrictos. Por eso me pidió que fuésemos hasta antes de la llegada así él (por José) volvía a sumarse a la carrera y la completaba”, confesó Candel. Es un océano de palabras el arrepentido en cuestión, la culpa lo estaba matando y era evidente que necesitaba encontrar un interlocutor que lo ayudara a ordenar ese mar de sensaciones… Tiene una angustia enorme, repite una y otra vez. “Esto es muy doloroso porque me siento parte de una mentira porque, en definitiva, lo terminé avalando. Yo también terminé siendo responsable de todo esto”.

–¿Por qué hablás ahora y no antes?, ¿cuál es tu móvil? No parece tratarse de un tema económico.

–Y, para Rotterdam, me pagué casi todo: la inscripción, el hotel. El viaje lo conseguimos por un subsidio de la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires. Incluso, dos años después, en el maratón de Chicago (octubre de 2017), hice lo mismo, lo acompañé 15 kilómetros y después corrí mi carrera.

–¿Volviste a hablar con Santero después de lo que hicieron aquel día?

–No, José lo dio por terminado. Ni él ni Alejandro dijeron nada de nada. Y yo me quedé con algo adentro, con una angustia que guardé por mucho tiempo. Si me preguntás si lo volvería a hacer, hoy no lo haría. Lo hice y me hago cargo, pero juro que no sabía nada previamente. Estoy arrepentido. Si lo tengo que pensar fríamente es todo una locura.

 

Marathon Photos/Global Pix
José Santero con Matías Candel, km iniciales del Maratón de Rotterdam 2015.

 

–¿Esta fue la única carrera en la que hizo trampa?

–Conmigo sí, pero tengo entendido que en los 21k Sudamericano 2016, en donde supuestamente hizo la reválida para los Juegos, también cortó camino.

¿Segunda trampa?

En realidad, en los 21k Sudamericano 2016, Santero vomitó y caminó varios km, pero cruzó la meta, de nuevo, junto con Luchik en lo que fue la anteúltima carrera en la que ambos atletas corrieron juntos. Por ello, tras cruzar la meta en 1h16m44s, Santero declaró: “Estoy feliz, los Paralímpicos son la frutilla del postre. Cualquier deportista quiere estar. Y tendré la suerte de poder hacerlo por segunda vez”. Lo llamativo allí fue que Santero no se subió al podio, pero sí confirmó en varias entrevistas que no sólo había ganado la categoría sino que dicho resultado lo clasificaba para Río. Tras la siguiente carrera, en el Medio Maratón de Rosario 2016, Luchik, su fiel ladero, falleció dos días después como consecuencia de un ACV. Con la muerte del atleta de Escobar, Santero se quedó sin un partenaire que al parecer era el mejor compañero para hacer trampa.

Pruebas que hablan

Las fotografías y los videos del Maratón de Rotterdam no mienten. No dejan lugar a las dudas. La secuencia es muy evidente porque hay imágenes en las que Santero va junto con Candel (en el kilómetros 15 según un video de la página oficial de la prueba), luego en el kilómetro 20 se puede observar claramente a Luchik corriendo en soledad al igual que en el video que fue registrado en el kilómetro 37. Santero, tal como explicó Candel, se sumó recién en el kilómetro 38 y retomó la competencia para arribar a la meta con Luchik. Además, las fotografías en alta calidad y sin logos ni marcas de agua a las que tuvo acceso Enganche, muestran una evidencia más: Santero inició la carrera con un dorsal en su pecho que decía su nombre completo (José Luis) y el número de corredor 20.190. Luego, tal como detalló Candel, ese mismo dorsal es el que utilizó Luchik para seguir adelante con la puesta en escena. Y aquí pueden sumarse dos pruebas aún más contundentes: hay una imagen de Luchik, a la altura del kilómetro 28, en la que atraviesa el tradicional puente Erasmo, otra vez, solo. Y, por último, en todas, en absolutamente todas las fotos en las que Santero aparece corriendo con Luchik, el atleta hoy no vidente luce un dorsal distinto con una inscripción en la que se advierten las letras NN [por las siglas del sponsor de la carrera] y el número del corredor en cuestión (el 20.190). “Es el dorsal que José tenía en la espalda –clarificó Candel– y que después termina usando en el pecho y que yo mismo lo ayudé a ponérselo”.

Otro guía que habla

Hernán Granja también se decidió a hablar. Guía de Santero durante casi dos años, corrieron juntos el Medio Maratón de Barcelona 2016. El resultado no fue el esperado pero Granja, hoy con los hechos develados, afirmó: “En Barcelona no nos fue bien. Corrimos muy bien la primera parte pero nos caímos mucho en la segunda mitad. Hasta ahí es lo típico, lo que puede pasar en cualquier carrera. Pero cuando estábamos en el hotel, José me comentó algo que me quedó picando y que ahora entiendo mejor: ‘tendría que haberte dejado correr solo así conseguía la marca que necesitaba’. Lo tomé como un chiste, pero ahora me doy cuenta que me probó para ver qué le respondía yo”.

–¿Cuál fue tu respuesta?

–Ninguna, tan sólo me reí. Hoy creo que su intención fue otra: probarme para saber si yo haría lo mismo que hacía con Luchik.

Santero, finalmente habla

Ante la confesión de Candel y las evidencias, Enganche decidió darle a Santero y a su entorno la oportunidad de hacer un descargo por semejante acusación. En una charla cara a cara, en la puerta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), el maratonista se mantuvo firme en su versión hasta que, con las pruebas, se quebró y admitió que había hecho trampa. “Uno, a veces, en la desesperación hace estas cosas”, intentó justificarse. Y continuó: “Me equivoqué, ni más ni menos”.

–Recibiste becas del Estado hasta marzo de 2017 y no te correspondían…

–No, las becas que cobré me las dieron porque en la Federación (por Fadec) me dijeron que eran por los Juegos de Londres y eran por un proceso de cuatro años.

–No es así, las becas son anuales y deben revalidarse cada año.

–Me renovaron la beca en diciembre de 2015 y me la sacaron en marzo de 2017.

–¿Te das cuenta que si te hubieran dado el cupo para los Juegos Paralímpicos le hubieras sacado el lugar a otro atleta que, seguramente, se había clasificado de manera honesta?

–….. (Hace un largo silencio). Yo siempre que gané los lugares en los Mundiales o los Panamericanos nunca viajé.

Pasaron tres años y algunas heridas continúan abiertas. Las palabras de Candel son el ejemplo más claro. Las pruebas y las evidencias categóricas permiten comprender que hacer trampa o buscar un atajo, afortunadamente, no es para siempre.

 

Marathon Photos/Global Pix
José Santero, luce otro dorsal (el que tenía en la espalda) junto con Luchik, en los km finales de Rotterdam.