“Ni todo lo ocurrido bajo el kirchnerismo fueron aciertos de líderes preclaros, ni fueron tampoco sus errores: fue una disputa entre sectores sociales, cuyo resultado es siempre contingente e incompleto”. Así se presenta Entre la década ganada y la década perdida. La Argentina Kirchnerista, ensayos de Economía Política (Ed. Batalla de Ideas), libro compilado por el investigador del Conicet y la Unsam Martín Schorr. Junto a otros cinco académicos buscan una lectura alejada de la habitual polarización sobre el anterior ciclo de gobierno. 

En diálogo con Cash, Schorr sostiene que “no tiene sentido plantear el proceso kirchnerista en términos de década ganada o perdida. Los primeros suelen hacer referencia sólo al primer momento del kirchnerismo, y soslayan cuestiones estructurales negativas no revertidas, mientras que los detractores solo se concentran en la última etapa y pierden de vista el crecimiento previo, pero nuestro objetivo es rescatar luces y sombras de un proceso que fue muy contradictorio y conflictivo”. 

En donde la visión de Schorr sí es tajante, es en relación a la actualidad, bajo una definición que tal vez sea el adelanto de su próximo libro, pues señala que “si bien el 2015 era complejo luego de dos años de congelamiento en materia salarial y distributiva, hoy estamos muy lejos de esa realidad, se agravó mucho la situación en estos dos aspectos que se tornaron claramente regresivos, y se amplió además enormemente la transferencia de ingresos a la clase dominante, fundamentalmente a exportadores y al sector financiero, además de consolidarse la restricción externa, pero en este caso ligada al endeudamiento internacional y a la fuga de capitales financieros. 

¿Hubo retroceso en estos dos años y medio de macrismo?

–No solo eso, cambió fuertemente la base social de ganadores y perdedores. Los grandes ganadores son hoy el sector financiero, los no transables como las empresas de servicios públicos o la medicina prepaga, y solo el sector productivo que cuenta con ventajas comparativas, es decir mayormente ligado al sector primario. El macrismo se sacó de encima rápidamente dos grandes dificultades para su proyecto, como lo es arbitrar claramente en contra de los trabajadores y hacia una transferencia ingresos a otros sectores del poder económico, ya que además del capital industrial concentrado, la delantera la tomaron las privatizadas, el sector financiero, y la oligarquía. En cambio, durante el kirchnerismo, los mayores actores eran los sectores de la producción primaria pero también industrial, debido al fuerte mercado interno, justamente por el otro protagonista principal, los trabajadores, que por lo menos hasta 2008 experimentaron una fuerte recomposición salarial, aunque luego esto se estancó porque la estructura productiva empezó a condicionar esta distribución. 

¿Esta falta de modificación de la estructura productiva es una de las principales objeciones al kirchnerismo?

–Existió un crecimiento industrial sin modificación de esa estructura productiva, debido a que no se corrigió el tipo de sectores productivos ni el mapa de los actores dominantes, por lo que concluimos que no se revirtió, sino que de hecho se profundizo, el proceso de extranjerización y predominio del capital extranjero. Esto se debió entre otras cuestiones a no haber corregido los legados normativos de los años noventa, es decir la legislación sobre inversiones extranjeras y tratados bilaterales, con lo que sin dudas existió un crecimiento industrial muy importante que motorizó la economía, pero no cambió su fisonomía, ya que los intentos por generar una burguesía nacional estuvieron muy asociados a la prebenda y en algunos casos a prácticas espurias con el aparato estatal. Y esto es lo que trajo finalmente el regreso de la restricción externa en 2011.

¿En ese año empieza otra etapa?

–Sí, en realidad hubo tres fases. La primera es la de Néstor, asociado al viento de cola, que no fue determinante pero tampoco neutro, y gracias también a la devaluación efectuada por Duhalde, que produjo un deterioro del salario real del 30 por ciento, con consolidación de los sectores vinculados a la producción industrial y de commodities y el retroceso de fracciones ligadas al sector financiero, con lo que los dólares de la exportación fueron los que sostuvieron el superávit y el virtuosismo del crecimiento. De hecho, recién en 2007 se iguala el año 2001 previo a la crisis. La segunda etapa esta acompañada por la crisis internacional de 2008 y por evidentes problemas estructurales vinculados a la fuga, la restricción externa, las dificultades energéticas, y el predominio extranjero, mientras que la última etapa comienza con el declive de los dólares comerciales por el deterioro en los términos de intercambio, que lleva a profundizar el control de las importaciones y al mal llamado “cepo”, que eran controles de cambios, donde a partir de 2013 se incorporan también los dólares financieros, aunque no como la actual deuda que genera el macrismo, sino por medio de acuerdos con China y Rusia. Ahí la fracción que sostiene el modelo económico si bien no es el actual JP Morgan, sí es financiero, lo cual tuvo implicancias en la estructura productiva, porque ese capital estaba atado a acuerdos de incorporación de tecnología de esos países.

Frente a la tradicional y actual recurrencia al FMI o a los mercados financieros globales, ¿no fue ésa una salida alternativa? 

–Bueno, el conflicto con los buitres dificultaba acceder al mercado financiero clásico, creo que esa era la única opción, frente a lo endeble de la estructura productiva a causa del deterioro en los términos de intercambio.

Sin ser una década ganada ni una década pérdida, ¿con cuál de esas opciones se sienta más cómodo?

–Creo que esas definiciones no ayudan. Existe una gran complejidad. Por un lado, aparecen dos elementos que no son menores, como la reestatización de las AFJP, otra discusión es cómo se usaron los fondos, y el otro la de YPF, que si bien no fue parte de una estrategia de renacionalización y se la puso al mando de un neoliberal como Miguel Galuccio, es cierto que legó a la principal empresa del país en manos del Estado, algo muy importante. También existió una apuesta interesante por mejorar la distribución del ingreso, pero al no discutir la estructura ni la especialización productiva, a partir de 2011 esa misma estructura le vetó al kirchnerismo su estrategia distributiva. Y eso fue porque se consolidó una industrialización deforme, que consume mas divisas de las que genera, y con un claro predominio del capital extranjero, donde además se mantuvieron 55 de 60 tratado bilaterales de inversión, y donde en el año previo al mal llamado “cepo” este capital remitió la mitad del superávit comercial. Si bien esta fuga de capitales no fue como en los noventa o como en la actualidad, que es a partir de la timba financiera, lo cierto es que la ganancia extraordinaria del capital concentrado agrario e industrial se fugó, con independencia de su origen extranjero o nacional. Y a esto hay que agregarle un problema nuevo como es la crisis energética, ya que hasta la estatización de YPF en 2012 se siguió con la política energética de los noventa, que consumió buena parte de las divisas.

En un contexto que incluyó una de las mayores crisis económicas mundiales, con cadenas de valor globalizadas y de predominio del capital financiero sobre el industrial que tuvo su capítulo local en los buitres, ¿países de la región podían desarrollar un capitalismo nacional sustentable? 

–A nivel regional no, eso es cierto. Pero nuestro país llegó a esos cambios con estos problemas estructurales muy avanzados. Yo no creo en lo del viento de cola pero tampoco en lo del viento de frente. No hubo casos de desarrollo de un capitalismo nacional, pero Bolivia, Ecuador o Venezuela buscaron romper con las normativas vinculadas a inversiones extranjeras. El proceso kirchnerista deja la enseñanza de que cualquier planteo progresista o que busca la distribución del ingreso, si no discute la estructura productiva, el tipo de inserción internacional y de poder económico, tarde o temprano allana el camino para planteos antipopulistas, que es lo que explotó el actual gobierno hablando sólo de los últimos años del kirchnerismo.

El macrismo se presentó a la sociedad postulando que no eran neoliberales, sino desarrollistas, ¿qué significa? 

–Claramente no son desarrollistas, por lo menos el desarrollismo pro-capital extranjero de Arturo Frondizi estaba vinculado al desarrollo industrial, pero acá eso nítidamente no se ve. El tipo de fomento al capital extranjero que han realizado está ligado al negocio financiero, o bien al sector primario, al cual, como señalaba Aldo Ferrer, le sobran dos tercios de la Población Económicamente Activa, y donde además su rentabilidad no se re-invierte productivamente, sino que tiene una lógica crecientemente financiera antes que productiva. Siendo generosos pueden ser desarrollistas por su búsqueda de seducir al capital extranjero, pero desde el punto de vista de la inserción productiva e industrial no tienen nada de eso. Lo que más le cabe es neoliberales, porque hoy no solo el sector industrial Pyme está condicionado, debido a la apertura importadora, a la suba de costos financieros, a los tarifazos, y a la caída del consumo interno por deterioro salarial, sino que ese combo incluso está afectando también al capital industrial concentrado.

Usted afirmó que la gestión macrista es un proyecto para un país agroexportador y de especulación financiera, es decir inviable para las mayorías.

–Me parece que era obvio, por lo menos para varios del 49 por ciento que no lo votaron. Aunque ellos lo negasen, su matriz ideológica es la de las ventajas comparativas con especialización, junto al clásico esquema de liberalización financiera, lo que daba como desenlace absolutamente previsible una política económica que buscó premiar el negocio financiero y especulativo antes que productivo. Hubo un boom de inversiones, sí, en timba financiera, y eso es lo que hoy les mina las bases de su modelo.

@jblejmar