Pasaron 40 años del primer mundial de fútbol que ganó Argentina y todavía no es claro si el evento se contó demasiado o, en verdad, bien poco. Por un lado la memorabilia es abundante y recurrida, pero al mismo tiempo está la sensación de que la profundidad es redundante: a medida que más se avanza en el asunto, más cerca se está de volver al punto de inicio. El 6 a 0 a Perú, Videla entregándole la copa a Passarella, las campañas europeas de boicot al Mundial, el mito de si el crack holandés Cruyff se abstuvo de venir en protesta contra la Dictadura. Un círculo vicioso que gira sobre sí mismo justamente para no correrse de ejes que se exhiben como indispensables.

El fabuloso trabajo de investigación Papelitos viene a reforzar la idea de que el único mundial organizado en Argentina (y el único también en Sudamérica en toda la segunda mitad del siglo XX) es en realidad un episodio sobrenarrado pero subanalizado. ¿Están debidamente claras las consecuencias sociales, culturales y hasta económicas que dejó el torneo en nuestro país? Después de leer todas las historias de este laburazo multimedia (78, justamente) uno se siente manija y desnudo: ni todo comenzó con Videla inaugurando el torneo como “la copa de la paz” ni todo terminó con el planchazo de Kempes al arquero holandés para empezar a perfilar el triunfo argentino en la final.

La idea surgió hace un año entre los miembros de NAN, un colectivo periodístico creado en 2006 por estudiantes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y que, en otro aspecto, también fue semillero de periodistas de Página/12. El interés inicial estribó en generar un contenido alternativo al que la web venía produciendo (al principio fue un blog, luego una revista, más adelante un portal de noticias sobre arte y sociedad). Ahí se desprendió la posibilidad de encarar una investigación en sociedad con Memoria Abierta, espacio que nuclea a organizaciones como Madres de Plaza de Mayo (línea fundadora), el Centro de Estudios Legales y Sociales o la Asamblea Permanente de Derechos Humanos.

El Mundial de Argentina ‘78 como objeto de estudio se reveló por un fetiche de la tarea periodística: aprovechar la potencia de las efemérides, pues 2018 arrojaría cuatro décadas del campeonato. “Primero pensamos cómo podíamos rescatarlo y qué tipo de historias convenía contar, porque es un hecho muy analizado”, explica Nicolás Sagaian, uno de los editores y redactores del trabajo. “Partimos con la idea de generar diez historias bien profundas para un libro, pero el formato luego fue mutando y creciendo a partir del intercambio de ideas entre todos.” ‘Todos’ vendrían a ser Ailín Bullentini, Nahuel Lag, Mariano Verrina, Esteban Vera, Luciana Bertoia, Marcelo Avecedo, Facundo Gari y Jonathan Soria. “Así pasamos a 40, hasta finalmente llegar a 78. Sabíamos que era un número ambicioso, pero nos gustaba cómo sonaba”, redondea Sagaian.

Mientras el colectivo de periodistas iba laburando y depurando las ideas a partir de un Excel, surgió una inquietud fundamental: el financiamiento. “Hablamos con mucha gente de clubes de fútbol, instituciones y organizaciones... hasta que aparec la Embajada de Holanda”, dice Sagaian. Los Países Bajos, además de acabar subcampeones, tuvieron en Argentina ‘78 una participación activa con el envío de periodistas y el registro de hechos políticos y sociales en torno al Mundial que los medios argentinos ignoraban. En cierto punto, Papelitos deja también asiento de la voz holandesa en el asunto.

El primer peine fino sobre los contenidos vino del repaso general de todo lo dicho, escrito, filmado y publicado sobre el Mundial: libros, textos, notas, documentales, videos. Para contar las cosas de una manera diferente es indispensable tomar verdadera noción de cómo fue contado originalmente. Y fue un gran recurso: “Las historias que narramos surgieron de lecturas transversales”, confirma Nicolás. “Leyendo diarios de la época vimos que el Ente Autárquico del Mundial, que organizó el torneo, reemplazó a los acomodadores de los estadios por cadetes de distintas fuerzas de seguridad y personal de Acción Católica. Estuvimos atrás de ese dato, sin poder conseguirlo, hasta que alguien recordó que un Gendarme había declarado ante la Conadep que había laburado como acomodador en la cancha de River. A través de ese testimonio pudimos corroborar la historia: los acomodadores además marcaban gente.”

Claro que al relevamiento de archivo le prosiguió el aporte genuino de Papelitos: el contacto con fuentes y testimonios. Como el ex Ministro de Hacienda Juan Alemann, a quien le hicieron detonar una bomba en la casa luego del cuarto gol de Argentina a Perú, como parte de una interna del gobierno militar, o el periodista neerlandés Frits Barend, que se hizo pasar por jugador holandés para participar de la cena agasajo que organizó Videla tras la final… y así logró sacarle una breve entrevista sobre los desaparecidos. Mismo Buscarita Roa, hoy Abuela de Plaza de Mayo, quien en esa época trabajaba con el personal de limpieza en un Ministerio y observaba las bolsas de consorcio llenas de botellas de licor y whisky que los militares bebían en los despachos mientras miraban los partidos por tele.

El material final fue ordenado en seis ejes o secciones: Derechos Humanos, Fútbol, Represión, Exilio y Boicot, Medios de Comunicación y Organización del Mundial. Textos intensos e imperdibles como el del Centro Piloto de París, los Fulbipibes que hacían jueguitos en medio de los partidos (uno hoy sigue haciendo lo mismo en las calles de Barcelona), la oscura figura del Amirante Lacoste (organizador del torneo), la agencia estadounidense que trabajó minuciosamente la comunicación del Mundial, los ataques y las filtraciones montoneras, la campaña compulsiva de River para nombrar como socios a Videla, Massera y Agosti, la banda oficial a cargo del italiano Ennio Morricone y el peeling que la Dictadura hizo con las villas porteñas para no darle una “mala imagen” al mundo.

También aparecen el testimonio de Graciela Daleo, secuestrada en la ESMA y sacada en compañía de sus torturadores para ir a “festejar” a una parrilla de Olivos después de que la Selección le ganó la final a Holanda. Y, por supuesto, la historia que da nombre al trabajo: la campaña del humorista gráfico Caloi, quien a través de su personaje Clemente arengaba a la sociedad a tirar papelitos en las canchas pese a que el deseo oficial era evitarlo para dar sensación de pulcritud en los estadios (o cómo un dibujito le mojó la oreja a los sórdidos militares). Y un dato tenebroso: durante 1978 hubo 3455 niños argentinos bautizados Mario Alberto en honor al goleador Kempes, pero también otros 511 recibieron el nombre de Jorge Rafael, el mismo que el genocida Videla.

Entre la verdad y la negación, el Mundial de Argentina ‘78 avanzó en nuestro imaginario como un evento mecido entre la gesta deportiva y el terror ocultado por la pelota. El material en torno de ese episodio se puede disfrutar en la web de Papelitos, pero también hay una muestra en el Parque de la Memoria y otra en la ex ESMA. “Seguimos buscándole la vuelta para que siga tomando forma en base a otras actividades, porque lo pensamos como un proyecto periodístico pero también educativo”, asegura Sagaian. “Sabemos cuándo empezó Papelitos, pero no cuando terminará.”

* Leé Papelitos en http://www.papelitos.com.ar