Opinión
País en descomposición. Revertirlo es urgente
Imagen: Sandra Cartasso

Además del Titanic que será para nosotros la entrega al FMI, la cruda verdad es que ya la Argentina es un país no soberano, cuyo territorio está bajo control de potencias extranjeras. 

Y no son exageraciones, ni un mero problema económico como mienten los “grandes” diarios y la tele. Al horrible paisaje social que nos rodea, y que augura violencia (que es lo que parecen desear los irresponsables que hoy gobiernan) hay que sumarle ya una base norteamericana en Neuquén, dizque humanitaria pero de control militar, y otra en marcha, autorizada por la ministra Bullrich, en Misiones, en la llamada triple frontera. Hay también una base de exploración del universo en Neuquén, bajo control y soberanía chinos. Y en Ushuaia es conocida la decisión del gobierno provincial (PJ hoy macrista) de aceptar instalaciones extranjeras justo cuando la posición argentina en el Tratado Antártico es debilísima. Y las Malvinas convertidas en base misilística británica y de la OTAN apuntando a la Patagonia y más al norte, son un hecho tan conocido mundialmente como la indefensión argentina. 

La geopolítica existe y el acuífero guaraní, la extraordinaria riqueza minera cordillerana, el litio como elemento estratégico que tenemos en el norte, y la formidable capacidad granaria de nuestras pampas concentrada en latifundios de extranjeros y de nacidos aquí pero de corazón allá (si es que tienen corazón), más el territorio antártico y el extenso Mar Argentino que son fabulosos reservorios de petróleo, minerales y riqueza ictícola, resultan, y es recontraobvio, extremadamente codiciables para las potencias extranjeras que hoy someten a la Argentina gracias al macrismo, ideología cipaya hasta extremos escandalosos que nos ha atado de pies y manos.

Basta ver en Internet decenas de portales y todo lo que no transmite la telebasura: HispanTV, RT y otras señales muestran cómo la Argentina es invadida sigilosamente y sin pausa. Y acá el silencio de los medios y de periodistas que uno respetó alguna vez.

Así se explica que hoy somos una sociedad deprimida, sometida a golpes y ofensas diarias. En términos pugilísticos, no se diría noqueada pero sí grogui. Y se sabe que quien está grogui está paralizado.

La inmensa mayoría de nuestro pueblo jamás hubiera esperado esto, pero es lo que sucede. Y no lo oculta ni la disparatada presencia de 40 mil argentinos ricos en Rusia, el último mes.

No es democrático un país con la tierra más rica del mundo pero con un 50 por ciento de gente con hambre o subalimentada. Un país en el que hay trueque y rabia pero sobre todo resignación. Y ahora nostalgia por lo que la oligarquía sigue llamando “pesada herencia” pero en la vida de millones de compatriotas fue trabajo, seguridad social, educación y salud pública gratuitas, vacaciones, casas Procrear, universidades, satélites y tanto más que faltó hacer o incluso se hizo mal pero no había que destruir.

La política argentina necesita un cambio copernicano, y trae un interrogante: si hoy, como todas las encuestas dicen, la ex presidenta ganaría las elecciones, la pregunta es: ¿Y por qué no empezar a mover su candidatura? ¿No es ya oportuno, necesario y urgente que CFK abandone sus hasta ahora respetables discreción y mutismo? ¿Por qué la mayor parte de la ciudadanía tiene que seguir esperando a ver si pintan candidatos que no pintan? Porque las candidaturas que se conocen, más allá de méritos personales y/o trayectorias en algunos casos poco cuestionables, dicho con todo respeto, no ilusionan. Parecen estar todos esperando el guiño de la dama y eso no es bueno.

Alguien debe decir esto y esta columna asume la responsabilidad. Incluso, es posible que en El Manifiesto Argentino no se acuerde con esta opinión, que no es vinculante. Por eso mismo, decir más: en nuestro colectivo, y quien firma en lo particular, estamos dispuestos a acompañar, con ideas y empeño patriótico, como candidatos en cualquier posición. Como gente honrada que somos, de trabajo y sin prontuarios, que paga impuestos y no curra dineros del Estado. 

Parece hora de plantearlo: CFK debería ponerse al frente de la resistencia popular de una vez, convocar porque nadie convoca como ella, y no ser solamente líder sino además conductora de una nueva gesta popular con lo mejor del peronismo y del radicalismo popular, y del socialismo y la izquierda democrática no sectaria. 

Si quien lidera se pone al frente de la lucha para recuperar la soberanía y la integridad territorial, y convoca al pueblo a construir una nueva democracia, [email protected] que no nos reivindicamos kirchneristas y hemos sido críticos pero leales compañeros, estaremos en la fila. Por eso y como último servicio político pensamos que CFK debiera salir de su mutismo. Y convocar, liderar e incluso volver a ser presidenta si cuadrara.

Acaso no exista otro modo de resistir los embates feroces de la oligarquía cipaya. El país está al borde del abismo, con hambre y miseria generalizadas. Han retornado los chicos mendicantes y desescolarizados, y son legión los compatriotas sin techo que de noche se arraciman bajo marquesinas comerciales. Hay hambre en la Argentina, y es inadmisible. Y hay demasiado por hacer. En lo territorial, en la recuperación y mejora de las instituciones, en lo económico, en las relaciones exteriores. [email protected] estamos trabajando los grandes temas (como una nueva Constitución Nacional a largo plazo), y también los inmediatos y urgentes, como repudiar al FMI y decirle al mundo de una vez –como lo hacemos nosotros, solitarios pero sonoros– que no se va a pagar la deuda porque el pueblo argentino ni la contrajo ni autorizó a contraer. 

Y también, como lo hacemos todos los días, advertirle al país y al mundo que todos los decretos y decretos-leyes que estos infames traidores a la Patria firmaron para destruirla, serán, en plazo perentorio y de un solo saque, anulados por decreto.

Muchos sabíamos que iba a pasar lo que está pasando, y lo dijimos. En este mismo diario, el 10 de diciembre de 2015 quedó escrito. Por eso nos asiste el derecho, al menos, a este reclamo. Que no es enojo, que sería inconducente. Pero sí fastidio y decisión, que históricamente inducen a decisiones revolucionarias, en paz y en aras de recuperar la democracia perdida.

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