La semana que viene, tal vez, de Alberto Nessi
La revolución es un sueño eterno
El notable narrador suizo reescribe, a la manera de un diario, la vida de un joven compatriota que emigró a Lisboa, donde luchó para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas.Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas.Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas.Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas.Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas.
Nessi es poeta, cuentista y también autor de tres novelas. 

“Me llamo José, tengo treinta y un años, soy librero en Lisboa. Estoy enfermo de los pulmones y quiero cambiar el mundo”. Un diario puede ser la novela de una vida: el triunfo soberano de la ficción. “Todo pie querría ser ala”, se podría afirmar, reproduciendo una frase de un artículo de Eça de Queiroz que interpela a José. Las pequeñas victorias de la “realidad” –las comillas más que suspicacia indicaría que la palabra se mueve en el elástico que la asimila con la historia– y las batallas perdidas deberían amedrentar a quienes homologan ingenuamente ficción con mentira. El escritor suizo Alberto Nessi eleva la verdad de la ficción a su máxima expresión poética y consigue no excluir nada de su mirada: la melancolía y la alegría, las sombras y las luces; lo que parece contrapuesto fluye como una corriente narrativa que, lejos de los escepticismos del siglo XXI, cree en la belleza y en el arte de la verdad. En La semana que viene, tal vez (Bärenhaus), con notable traducción de Pablo Ingberg, Nessi reescribe, a la manera de un diario, la vida del narrador de esta novela: José Fontana (1840-1876), un suizo que emigró muy joven a Lisboa, donde trabajó en la librería Bertrand -que aún existe-; un hombre que luchó para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y fue cofundador del Partido Socialista.

   La novela-diario está estructurada en partes temporales: “Mayo de 1871”, “Agosto de 1871”, “1872”, “1873”, “1874”, “1875” y “1876”, cuando Fontana, aquejado por la tuberculosis, decidió suicidarse, el 2 de septiembre de 1876, a los 35 años. El estribillo del diario es el título, una frase que se va repitiendo, según pasan los años, con la esperanza de que la revolución permita la emancipación del hombre: “la semana que viene, tal vez…”. José, el narrador, se viste de negro “porque negra es la miseria del  mundo”, y se reúne para conspirar en el Café Central de rua Áurea, con Antero de Quental (1842-1891). Él le habla de Pierre-Joseph Proudhon y José le pasa un fascículo de El capital de Carlos Marx, traducido al francés. “Ese Marx es una gran cabeza, entendió qué es el capitalismo: un veneno que mata a los hombre. Los envenena por todas partes, no sólo en Portugal, también en mi patria suiza donde hay república. La tierra de Rousseau: en la librería tenemos su ensayo Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres y me copié una frase: ‘El primer hombre que tras cercar un terreno, tuvo la idea de decir: ‘esto es mío’ y encontró personas lo bastante ingenuas para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil’. La tierra no es de nadie. Hablé de eso con Antero y él me dijo que, si crees de veras en Rousseau, entonces debes dejar que los pobres les roben a los ricos. Pero en mi opinión el punto es que hace falta construir una sociedad en la que no haya nada que robar”, se lee en la novela de Nessi.

   Antero es uno de los personajes cruciales de la novela, un interlocutor y amigo de José, con quien intercambian libros, con quien discute, debate y polemiza. Antero le presta la Historia de la Revolución Francesa de Jules Michelet. “Empecé a leer ese libro y no puedo dejarlo. Incluso aquí en la librería saco el librote debajo del banco, cuando no hay gente. La parte más hermosa son las páginas donde se habla de gracia y justicia y de una religión tan dulce como el cristianismo que llenó de sangre el mundo: en una provincia de España la Inquisición quemó en dieciséis años a veinte mil personas. Sin contar los perseguidos, albigenses begardos husitas. Y luego, de repente, llega la Revolución y triunfa la justicia. Aquí el escritor francés agita la bandera y casi me hace llorar. Pero los revolucionarios también liquidan con la guillotina a miles de hombres; y entonces me pregunto si los hombres llegarán alguna vez a no matarse entre sí”. Otro personaje relevante en la novela es Paul Lafargue (1842-1911), teórico y político revolucionario que se casó con la Laura, la hija de Karl Marx, que toma contacto con José luego de huir de la masacre de la Comuna. Gracias a Lafargue, el narrador de la novela se convirtió en “internacionalsocialista”.

   Lo más conmovedor que produce la novela de Nessi es la convicción revolucionaria de José Fontana, fundada en un registro minucioso de los avances en torno a la organización de una nueva asociación Fraternidade Operaria. “Uno hace huelga no por el gusto del desorden sino para tener un salario que permita sobrevivir. Para que en las fábricas no trabajen ya más niños de cinco o seis años. Para que se acaben los malos tratos de los aprendices. Para que no haya más trabajadores que se enferman y mueren por emanaciones (…) Para que los trabajadores dejen de ser los bastardos de la sociedad”. Nessi –que nació en Chiasso en 1940, creció en Mendrisio y vive en Bruzella, tres pueblos del Tesino, cantón suizo de lengua italiana– es autor de nueve libros de poesía, tres libros de cuentos y tres novelas. La semana que viene, tal vez, su última novela ahora traducida al castellano, fue publicada como La prossima settimana, forse (2008), y ha sido traducida al francés, alemán y al portugués. En 2016 recibió el Gran Premio Suizo de Literatura por su trayectoria.

   El deterioro de la tuberculosis es un estigma que lacera al narrador. Se lamenta porque ya no podrá hablarle a los obreros. El insurrecto traiciona a su compañera, no le dirá que ha tomado una decisión: el suicidio. “Pero ¿la vida no es toda una traición? O tal vez es imaginación, nomás. Somos lo que imaginamos ser”, dice y escribe, entre las fiebres, la fatiga, los estertores y las toses. Al final, se intuye el destino de alguien que deja huella en el mundo: “una huella parecida a la estrella impresa en el fango por las zancas de un pájaro que se posa a beber en la orilla de un charco”.

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