Farina fue reconocido por tres ex presas políticas en el caso Silvia Suppo
La tortura y un aborto forzoso
Las ex detenidas políticas reconocieron al único imputado en libertad en el juicio por el martirio de Silvia Suppo. Dos ante el Tribunal Oral y otra por el nombre. Es el oficial Oscar Farina, que se hizo pasar por la pareja de Suppo, en el aborto forzoso que le practicaron.
Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa.Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa.Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa.Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa.Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa.
Farina (el último a la derecha en la foto) quedó seriamente imputado en la causa. 

Desde Santa Fe.

El único imputado en libertad en el juicio por el martirio de Silvia Suppo fue señalado por tres ex presas políticas que compartieron el cautiverio con ella, en 1977. En las audiencias de esta semana ante el Tribunal Oral de Santa Fe, Graciela Rabellino y Anatilde Bugna reconocieron al comisario Oscar Farina como el que se ubica en el extremo del banquillo, mientras que Cecilia Mazzetti ratificó que escuchó mencionar ese nombre cuando todas estaban detenidas en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), una prisión del Area 212 del  Ejército que estaba al mando del comisario Juan Calixto Perizzotti. Rabellino relató que Suppo fue violada por tres represores en un centro clandestino de detención al que llamaban “La Casita” y luego obligada a un aborto forzoso, que organizó Perizzotti, y en el que participaron dos de sus “colaboradores”, María Eva Aevi y Farina, quienes se hicieron pasar “por la hermana y la pareja de Silvia”. El cuarto acusado en el juicio es otro comisario, Ricardo Ferreyra, ex jefe de la comisaría 4ª, donde “la vida era una tortura”, contó Graciela.

En su trayecto por el circuito del terrorismo de estado, Silvia Suppo, Graciela Rabellino y Cecilia Mazzetti compartieron un año de cautiverio en la GIR, en la misma “pieza”, como llamaban a la celda, por que las tres eran menores de edad. Graciela tenía 18 años; Silvia y Cecilia, 17. “Jugábamos que era un internado, que en cualquier momento volveríamos a casa”, recordó Cecilia. Ese tiempo juntas forjó una relación “muy fuerte” entre ellas, de “muchas cosas habladas”, entre cantos en voz baja, lágrimas y pesadillas. Lo dijo primero Mazzetti y después lo repitió Rabellino, sin que una escuchara a la otra: “Éramos hermanas”.

Los traslados a la comisaría 4ª eran frecuentes. Perizzotti ya sabía del embarazo de Silvia y le dijo lo que ella denunció ante el mismo Tribunal, en el juicio de 2009. “Que había que reparar el error”. En una celda de la 4ª, Silvia le contó a Graciela que le iban a hacer un aborto. “Si no lo hago, no sé si vamos a aparecer”, se asustó. “A la mañana siguiente –contó Rabellino-, la vinieron a buscar Aebi y Farina que la llevaron” al consultorio de “un médico que Silvia decía que era parecido” al ex ministro de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz. Después, la volvieron a trasladar a “La Casita”, donde la custodiaban dos represores, a uno Suppo lo identificó por fotos: el ex suboficial del Ejército Eleodoro Jorge Hauque y al otro por su apodo: “el Monito”.

Ante una pregunta del fiscal Martín Suárez Faisal, Rabellino recordó que en el traslado a la clínica, Silvia le dijo que “Aebi se había hecho pasar por su hermana y Farina por su pareja”. Graciela ya había identificado a Farina por fotos en un reconocimiento judicial, en setiembre de 2013. Y lo volvió a señalar en el juicio, en el extremo del banquillo. “Es Farina. Antes, era más delgado y no tenía canas”. “María Eva y Farina eran colaboradores de Perizzotti”, completó.

Anatilde Bugna también señaló a Farina ante el Tribunal, lo ubicó en uno de los traslados y en la GIR. “Le decían oficial Farina. Es Farina y es Oscar”. “Trabajaba con Perizotti. Siempre que salíamos al recreo, nos controlaba”. Y recordó que después de un reconocimiento en la instrucción, “la llamó el abogado de Farina para decirle que había otros policías con el mismo apellido”. “Fue una situación rara”, contó.

-- Yo no fui –se atajó el defensor de Farina en el juicio, Alfonso Garrone.

Bugna siguió. “Hablé con mi abogado”, que le recomendó que dejara constancia de ese hecho ante el fiscal federal Walter Rodríguez y fue lo que hizo.

-- ¿Quién era ese abogado? –le preguntó la abogada querellante Lucila Puyol.

-- Romeo Díaz Duarte –respondió Bugna.

El otro abogado de la querella, Guillermo Munné, le preguntó si podía identificar a los imputados. Y Bugna señaló a Aebi, Perizzotti y Farina. Garrone protestó porque a su juicio el “reconocimiento” de Bugna a Farina había “vulnerado el derecho de defensa” de su cliente.

-- No hubo aquí ninguna violación de las garantías. Somos querellantes comprometidos con los derechos humanos. Es habitual que en una audiencia en un juicio, un testigo pueda señalar a un imputado –retrucó Munné.

El presidente del Tribunal, Luciano Lauría, cerró el incidente: “Vamos a dejar constancia en el acta del debate”.

Mazzetti coincidió que en aquella “pieza” de la GIR en 1977, Silvia le contó sobre las violaciones en “La Casita”. Y que en el aborto forzoso “estaban involucrados” Perizzotti, Aebi y otro oficial Farina. “Tenía mucho miedo” y “necesidad de contarlo”.

-- ¿Cuánto tiempo estuvo usted en la GIR? –le preguntó Garrone.

-- Dos años y cinco meses.

-- ¿Recuerda haber visto a Farina?

-- No digo que no lo ví, digo que no lo recuerdo.  Nos hacían caminar con la cabeza baja y las manos atrás.

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